¿Puede el periodismo jugar un rol importante en la comunicación de las ciencias?

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Actualmente existen dos axiomas ampliamente aceptados por la comunidad científica y el Estado en relación a la divulgación y la enseñanza de los conocimientos científicos. Uno de ellos plantea que la educación formal es la única herramienta que nos permitirá tener ciudadanos debidamente informados acerca de los conocimientos básicos en relación a los nuevos avances de la ciencia, su método y las implicancias de esta conspicua y respetada forma del conocer. El segundo punto que quiero señalar es el que plantea que la enseñanza de los conocimientos científicos a los jóvenes resulta relevante y necesaria porque permitirá que muchos estudiantes opten por seguir carreras asociadas a las ciencias y la tecnología, convirtiéndose así en las generaciones de recambio en el área. Creo que nadie puede negar que las cuestiones que acabo de plantear sean realmente necesarias e importantes. Sin embargo, creo que se hace ineludible pensar y reflexionar acerca de estos dos puntos, pues es posible ampliar un poco más el espectro. Creo que hay un asunto algo más complejo detrás de lo que planteo y debido a la amplitud de la cuestión es que en esta columna sólo abordaré el primero de los temas que menciono, dejando para un nuevo escrito el segundo punto.

Limitar la enseñanza y la comunicación de las ciencias y la tecnología exclusivamente al sistema educativo formal plantea un problema. ¿Cómo es que nos hacemos cargo de mantener informados sobre estos contenidos a esa importante cantidad de ciudadanos que por su avanzada edad, falta de recursos, falta de interés, etc. no se encuentra dentro del sistema educativo (colegio, escuela, liceo, etc.)? En este aspecto, plantear y defender la posibilidad de limitarnos exclusivamente a la educación formal como espacio de enseñanza y transmisión de los saberes científicos, implica dejar a una importante cantidad de adultos completamente fuera. Por cierto, los más afectados serían (nuevamente) los pobres, gente perteneciente a las clases D y E de nuestro país, que por diversas razones nunca recibieron una educación amplia y adecuada. El mundo cambia rápidamente y esto queda reflejado en un dato: en 1965 el ex Presidente de la República Eduardo Frei Montalva, a través del Decreto 27.952, determinó que la Educación Primaria Obligatoria consistía en 8 años. Sólo desde el año 2003, durante el gobierno del ex Presidente Ricardo Lagos, en Chile la escolaridad obligatoria es de 12 años de estudios. En relación a esto último, otro dato: en 1982 el promedio de escolaridad de los chilenos era de 6,3 años; en 1992 de 7,5 años y en el 2002 alcanzó a 8,5 años el promedio de estudio. La cobertura en la educación ha ido aumentando porque el mundo de hoy exige una mejor preparación para enfrentarlo.

No cabe duda, el mundo de ayer no es igual al mundo de hoy. Y es por eso mismo que considero que es necesario que las ciencias no sólo estén presentes en los currículos de las escuelas, colegios o universidades; también debieran tener una importante presencia en los medios de comunicación. Para mí no cabe duda: debidamente tratados y abordados por profesionales rigurosos y responsables, la comunicación de las ciencias a través de los medios sería un gran aporte a la sociedad. Les relato una situación que puede clarificar más aún la cuestión. Hace unos años asistí a una charla de un científico X, quien manifestaba la necesidad de repoblar una zona X con una especie X. Intervine y pregunté lo siguiente: ¿cómo es que le hacemos entender a los habitantes de esa zona X la necesidad e importancia de que esa especie X pueda estar ahí sin que el ser humano intervenga indebidamente ocasionando nuevamente su extinción? La respuesta fue algo así: iremos a las escuelas y colegios y enseñaremos a los niños la importancia de tal cuestión. Pero resulta que los menos responsables de que esa especie X se encuentre en peligro de extinción son los niños y jóvenes, esos mismos que asisten a los establecimientos educativos del país cada mañana. ¡Son los adultos, que en muchos casos no saben por qué es importante que esa especie X no se extinga! Los adultos somos quienes tomamos las decisiones en el mundo contemporáneo, no los niños. En el actual contexto del Cambio Climático, la situación es aún más grave. E insisto en este punto, para que quede bien claro: somos nosotros, los adultos, quienes más daños generamos a la biosfera, cuestión que nos tiene en una crisis ambiental de proporciones. Y quería llegar finalmente a esto: no sólo en las escuelas se entrega educación a los ciudadanos. También se hace en los museos, en los centros de investigación, en las revistas, en los periódicos, en los diarios, en la televisión, etc.

Eso sí, como periodista debo reconocer algunas cuestiones que considero problemáticas y que nos llevarían a interesantes y largas discusiones sobre el asunto. Y es que lamentablemente en Chile nuestra profesión parece ser poco seria, carente de rigurosidad y responsabilidad. Sin embargo, en otros países la prensa efectivamente juega un rol importante en la divulgación y la comunicación de los avances científicos y tecnológicos. De hecho, existe la “World Federation of Science Journalists”, postgrados para especializarse en periodismo y comunicación científica, y también hay importantes revistas indexadas sobre temas de divulgación y estudios sociales sobre la comunicación de la ciencia como son “Public Understanding of Science” o “Science Communication”. Y acá también se hacen esfuerzos. De hecho, en nuestro país existe una Asociación Chilena de Periodistas Científicos (ACHIPEC), fundada en 1976. Tenemos escuelas de periodismo, como por ejemplo en la UACh, en las que existen ramos de especialización en comunicación de las ciencias y el medioambiente. De hecho, el 5 de octubre pasado se llevó a cabo el “IV Seminario de Periodismo Científico” en la USACH. También hay una importante cantidad de comunicadores trabajando en estas áreas en diversas instituciones. Y ejemplos hay: CECS, FORECOS, INACH.

El problema está, entre otras cosas, en los grandes medios de comunicación, que básicamente no les interesa el tema porque no vende. Ya lo decía en un comentario que hice a una columna anterior en este mismo espacio. Según datos del CNTV (Consejo Nacional de Televisión)1 los temas que mayor cobertura de tiempo tienen en los noticieros son: “Deportes” con un 24,6%; “Policial” con un 12,7%; “Política” con un 11,4%. Mientras tanto, “Desastres naturales” logra un 13,4%. Esto se explica debido a la erupción del volcán Chaitén durante el período de estudio. La misma categoría había obtenido un 1,7% en el año 2005. Muy bien, ahora veamos algunos de los temas que menos cobertura tienen y que son especialmente importantes para este escrito. “Educación”, por ejemplo, logra el 4,2% en tiempo de cobertura; “Salud” recibe un 3,8%. Mientras tanto, “Ciencia y tecnología” figura con un 1,6% y “Medioambiente” un 1,2%. En términos simples: en un noticiero televisivo de una hora, se habla sobre “Deportes” casi 15 minutos, acerca de “Ciencia y tecnología” cerca de un minuto (57 segundos). Y sobre temas relacionados al “Medioambiente” ni siquiera se llega al minuto (43 segundos).

Cualquiera podría creer que efectivamente a las personas no les interesan estas cuestiones. ¡Mentira! La gente sí tiene interés en estos temas. Según la “Sexta Encuesta Nacional de Televisión, agosto 2008″2 y respecto de la cobertura que la televisión hace del tema “Ciencia y tecnología”, un 4,4% dijo que la cantidad de tiempo destinado a este tópico “es demasiado”; un 28,1% dice que “está bien”; un 62,2% responde que “es insuficiente”. El restante 5,3% “no sabe/no responde”. Respecto del tema “Medio ambiente”, un 2,7% estimó que la cobertura que se hace de este tópico en los noticieros de televisión “es demasiado”; el 24,3% contestó que “está bien”; un 69,3% manifiesta que la cobertura “es insuficiente”. El restante 3,7% de los encuestados “no sabe/no contesta”.

Podría llenar de datos para sustentar más aún los argumentos que he expuesto, pero creo que no es la idea en un espacio como éste. Quiero comentarles algo más. En Chile se está investigando sobre el asunto. Existe un proyecto FONDECYT que busca respuestas a un importante número de interrogantes que tratan sobre la problemática relación entre el público y las ciencias. Uno de los puntos que más interesa es lograr que los medios de comunicación lleguen a generar estrategias más efectivas para la comunicación de estos temas. Se espera que los resultados estén publicados durante el próximo año. Por último, les dejo algunas palabras del profesor de biología y química y periodista chileno, especializado en comunicación de la ciencia, Sergio Prenafeta Jenkin: “A través del ejercicio del periodismo científico nos proponemos sacar ese conocimiento acumulado desde las fuentes del saber (los propios investigadores, bibliotecas, gabinetes, observatorios, clínicas, herbarios, archivos, internet, etc.) para el conocimiento y dominio público. Nos agrada señalar que nuestra tarea consiste en sacar la ciencia a la calle y democratizar el conocimiento”3.

1. El estudio puede ser descargado aquí.
2. El estudio puede ser descargado aquí.
3. Prenafeta Jenkin, Sergio. (2002). “Teoría y práctica del periodismo científico. Para desacralizar y democratizar el conocimiento acumulado”. Editorial Andrés Bello. Santiago, Chile.

Autor:

Miguel Ángel Negrón Oyarzo
Periodista, Universidad Austral de Chile
Programa de Magíster en Comunicación, Universidad Austral de Chile

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