¿Quién me explica lo de las semillas?

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Entre medio del movimiento de las últimas semanas hubo una noticia que “pasó piola”, la aprobación de la ley que reconoce en Chile el Convenio Internacional para la Protección de Obtenciones Vegetales , conocido como UPOV91 y que puede encontrar aquí. Si bien el convenio puede parecer justo, apenas se supo de esta aprobación, muchas comunidades y agrupaciones ciudadanas alzaron la voz sobre un posible conflicto. Pero para entender esto volvamos un poco atrás…

Corría el año 1985 cuando científicos de la Universidad de California, San Diego, lograron insertar el gen de la luciferasa (propio de las luciérnagas) en una planta de tabaco logrando una foto clásica en todo libro de genética.

Y fue así como empezó la carrera por lograr plantas genéticamente modificadas, pues la sola idea de repetir la experiencia en una planta de interés productivo estimulaba la investigación impetuosamente.

El futuro era promisorio: plantas resistentes a la sequía o a las heladas, que toleren suelos salinos, lograr frutas más lindas o jugosas ¿Quién no se imaginó el desierto plantado con estas nuevas variedades? Paulatinamente los laboratorios fueron perdiendo protagonismo para entregárselo a las empresas, las que financiaban ávidamente tales investigaciones. Y aquí es donde aparece Monsanto, antigua empresa de agroquímicos que en 1996 introduce sus variedades de soya y de algodón genéticamente modificados.

¿Por qué mencionar a Monsanto? Fácil, se estima que esta transnacional es poseedora del 90% de los organismos genéticamente modificados (OGM) que se comercializan hoy. Hablar de transgénicos es hablar de Monsanto.

Como decía, Monsanto se dedicaba antiguamente a los agroquímicos, como el herbicida glifosato (nombre comercial Roundup), que desde su salida al mercado en 1976 fue un notorio éxito de ventas. El problema es que era tan bueno matando malezas que muchas veces afectaba a la propia plantación, y este fue precisamente el aliciente de Monsanto para la transgenia: crearon una planta de soya resistente a su propio herbicida, la llamada Soya Roundup-Ready.

Alguien puede pensar que la idea original de los OGM era obtener plantas mejores que permitieran cultivar el desierto o acabar con el hambre en el mundo, bueno, los humanos a veces priorizamos otras cosas y resultó que la Soya Roundup-Ready solo servía a los intereses de privados. Aún así, el tema no parece demasiado controversial entendiendo que la empresa está en su pleno derecho de fabricar tal producto. Fue así como Monsanto impulsó una campaña de fomento del consumo de OGM y apoyó toda iniciativa que resguarde sus intereses, como los convenios establecidos por la Unión Internacional para la Protección de Nuevas Variedades de Plantas (UPOV) cuya última revisión data de 1991, conocida como convenio UPOV91.

 

El tema legal

 

En palabras simples, así como un músico tiene un derecho de autor sobre su canción, una empresa de transgénicos tiene un “derecho de obtentor” por la semilla transgénica que produce. Y para que Monsanto pueda realizar sus actividades en un país, primero este debe respetarle su derecho de obtentor. Esto es básicamente lo que indica el UPOV91, es decir una especie de pavimentación del camino para la empresa.

Los puntos centrales del convenio dicen que las semillas de OGM que estén patentadas NO pueden ser cultivadas por alguien que no haya pagado por ellas. Hasta acá parece lógico, pero resulta que los agricultores tienen la natural y obligatoria costumbre de guardar semillas después de la cosecha, pues estas servirán para plantar la próxima temporada. Sin embargo, la empresa proveedora de la semilla PROHIBE esta práctica (obvio, es malo para el negocio), por lo que el convenio exige que el agricultor compre semillas cada temporada, amarrándolo por todos lados, pues debe comprar tanto la semilla, como el herbicida.

Usted dirá “¡Ja!, en Chile eso no va a resultar, cualquiera se puede avivar y guardar las semillas”. Equivocado, pues la empresa se adjudica el derecho de vigilar que se siga la normativa mediante investigadores privados que recorren los campos tomando muestras (no se sabe cómo) de los cultivos para análisis genético. Si se llega a descubrir a alguna que posea el gen en cuestión, la empresa inicia acciones judiciales en contra del agricultor respectivo.

 

¿Y por qué se teme tanto a tal convenio?

 

Hay mucha desinformación dando vueltas en el ambiente, pero a mi juicio, persisten dos problemas centrales en este tema: el monopolio y la contaminación génica.

Monopolio. En los últimos años, como indica su sitio web, Monsanto ha venido comprando numerosas empresas productoras de semillas, no solo de soya, también otras de alto consumo, por lo que la expansión de esta compañía va cerrando las puertas de otras que podrían competir con ella. A parte de los problemas económicos propios de un monopolio, surge una inquietud razonable: si yo soy agricultor y quiero plantar soya nativa ¿a quién acudo? ¿no me quedará otra que comprarle a Monsanto? ¿y me venderá solo Soya Roundup-ready? ¿dependeré de sus agroquímicos?

Pero también es razonable preguntarse qué pasaría en el extremo en que se llegara a comercializar únicamente la semilla transgénica, ¿Qué pasará con todas las semillas nativas que existían previamente? ¿dejarán de existir por desuso? Es decir, eventualmente toda la producción agrícola de un país podría quedar sometida a los designios de una empresa, pues ya no existirían agricultores independientes que produzcan con sus semillas nativas originales. ¿Le suena apocalíptico? Le informo que en muchas regiones de la India el monopolio del algodón transgénico es tan grande que es casi imposible conseguir semillas nativas ¡Cuánto costará aquí una semilla!

Contaminación Génica. Cuando un cultivo transgénico se establece cerca de uno nativo, es altamente probable que ocurra fecundación entre ellos, dado que el polen es transportado por insectos y el viento de manera masiva y aleatoria. Esto produce un híbrido cuyas características son difíciles de predecir.

Al reproducirse estas plantas, el gen de resistencia va apareciendo en los cultivos de plantas nativas generando tres problemas:

1º Los agricultores tradicionales tendrán una semilla transgénica sin su consentimiento, pero aún pueden ser imputables por los detectives de las empresas, los que podrían presentar cargos contra gente inocente.

2º Pérdida de patrimonio biológico, como ocurrió en México, que es la cuna mundial del maíz, pero que hoy presenta alarmantes tasas de invasión de genes manipulados.

3º Pérdida de mercados, como el caso de Paraguay, que producía soya nativa hasta que se contaminó con Soya Roundup-ready proveniente de Argentina (no se sabe cómo). La Unión Europea detectó el gen de resistencia y detuvo las importaciones de soya, por lo que al estado paraguayo no le quedó otra opción que cambiar su legislación y transformarse en cliente de Monsanto.

 

La nueva legislación podría presentar una debilidad adicional, me refiero a la situación de indefensión en que estarían los agricultores que encuentren una nueva variedad mediante sus prácticas tradicionales y quieran protegerla: resulta que los protocolos del SAG que certifican nuevas variedades, plantean exigencias difíciles de cumplir para un simple agricultor (como contar con estaciones experimentales, realizar ensayos y pagar tarifas), a diferencia de una empresa de transgénicos que cuenta con el dinero y equipamiento necesario. En tal situación la empresa podría conseguir la semilla mejorada por el agricultor y adquirir el derecho de obtentor correspondiente, es decir, la normativa le otorga una posición privilegiada.

El cultivo de transgénicos puede revestir otros problemas, como desarrollo de alergias, plagas resistentes, aparición de “súper malezas”, daños a la salud, etc., sin embargo, tales riesgos aún no han alcanzado impactos importantes según la FAO. Por ahora baste con decir que se requiere más investigación.

 

Comentario final

Si revisamos cuidadosamente los puntos expuestos, veremos que los aspectos problemáticos del cultivo de OGM no son precisamente científicos, ¡sino sociales!, aquello que nosotros como comunidad hemos hecho o permitido con los transgénicos. ¿Cómo es posible que de un valioso descubrimiento científico hayamos generado un cuestionable proceso social?

Mi crítica a la reciente aprobación de esta ley es que se dio entre cuatro paredes, no se consultó a los principales afectados: agricultores (grandes y pequeños), organizaciones ambientalistas, comerciantes del agro, pueblos originarios y ciudadanía en general; cuando eso es precisamente lo que recomienda el comité de expertos de la FAO y otros documentos como el convenio 169 de la OIT. Por otro lado, la nueva normativa garantizaría la protección de las semillas transgénicas, pero por lo visto, lo que se necesita es proteger las semillas nativas, que estarían en riesgo de contaminación génica o de disminución de la biodiversidad.

A manera de propuesta, considero que una normativa adecuada es aquella que valore el derecho de obtentor sin comprometer los intereses legítimos de los agricultores tradicionales, que se forje con los aportes de todos los sectores de la sociedad implicados en el problema y que no constituya un marco de desprotección al patrimonio biológico de nuestro país.

Creo que la frase que mejor representa mi visión del problema es que la biotecnología no es ni buena ni mala, los hombres son buenos o son malos. Está en nuestras manos decidir qué hacer con esta fantástica herramienta científica.

Autor:

Carlos Salazar Morey
Bioquímico, PUC
Magíster Cs. Vegetales, PUC

Fuentes:

http://ase.tufts.edu/gdae/Pubs/rp/PolicySpaceMexicanMaizeSpanMay07.pdf

http://www.cbsnews.com/stories/2009/12/14/business/main5978152.shtml

http://www.fao.org/docrep/006/Y5160s/y5160s10.htm

http://www.fao.org/newsroom/es/news/2005/89259/

http://www.grain.org/btcotton

Home

http://www.oitchile.cl/pdf/Convenio%20169.pdf

http://www.sag.gob.cl/OpenDocs/asp/pagVerRegistro.asp?argInstanciaId=56&argRegistroId=6686

http://www.upov.int

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6 comentarios sobre «¿Quién me explica lo de las semillas?»

  1. en santa fe, argentina las personas que viven al lado de cultivos transgenicos han aumentado 300% sus casos de cancer y malformaciones, tal vez no por el consumo de transgenicos sino por su exposicion a los agrotoxicos, tambien hay experimentos en ratas que han desarrollado cancer y fetos deformes despues de comer trangenicos. tambien hay un caso de una persona grina que sufrio de una alergia severa y entro en shock por comer un producto de contenia maiz transgenico. pueden ser casos aislados, indirectos, insuficientes, etc. pero es quen ose han hecho estudios cientificamente aceptables para determinar sus efectos en la salud. y uno puede preguntarse por que. por que no se etiquetan tampoco?. sino estan etiquetadas no se puede rastrear si fue un trangenico el que causo eventualmente alguna alteracion de la salud. ademas creo que hay que tener siempre presente el principio de precaucio: no a los trangenicos hasta que se conoscan sus efectos a largo plazo tanto en lo ambiental, como en lo social y por supuesto en la salud. saludos.

  2. Soy Doctor en Ciencias Agrarias y valoro que se discuta este problema, sin embargo, el artículo requiere corregir varios aspectos fundamentales. El primero, la transgenia no es sinónimo de mejoramiento genético. La transgenia es uno de los métodos de mejoramiento más reciente, no obstante, el mejoramiento vegetal es una actividad que se remonta a inicios del siglo XX. La contribución más importante del mejoramiento genético a la humanidad se dio en contextos de la Revolución Verde en 1950’s, cuando mediante métodos que involucran la selección de progenitores, cruzamientos y selección en la descendencia se obtuvieron variedades de trigo con un alto índice de cosecha y productividad. Estos logros contribuyeron a desactivar uno de los temores más grandes de la humanidad, el hambre en masa por sobrepoblación e imposibilidad de los sistemas agrícolas de alimentarla. Hoy en día la agricultura industrial y competitiva se basa en el uso de variedades de alto rendimiento. Esas variedades, de las cuales una ínfima parte son transgénicas, toman 10 años o más en ser desarrolladas, con un gran gasto en recursos humanos y técnicos. Esa inversión es la que protegen las compañías semilleras. Actualmente, esa protección existe y lo que se consignaría en la UPOV 91 son regulaciones más estrictas en ciertos aspectos del proceso de protección. Para bien o para mal, hoy todo tiene un valor.

    Manuel Muñoz David
    Ingeniero Agrónomo M. Cs., Dr. Cs. Agr.

  3. Estimado Gabo:

    Gracias también por los aportes.
    Recojo tus palabras en cuanto al desarrollo de alergias y resistencia de malezas, que en el fondo sustentan mi postura: No es la transgenia el problema, sino las prácticas que nosotros hagamos con ella, es decir, debemos hacer los ensayos, practicar la rotación de cultivos, así como no generar condiciones de mercado que la desincentiven.

    Personalmente no creo que los OGM “per se” sean dañinos para la salud, pero mi rol como científico es ser escéptico y por lo tanto, cuando veo que la información publicada (realmente concluyente) sobre los efectos de ellos en la salud humana es escasa y que la mayoría termina con la frase “se requiere más investigación”, no me queda otra que mantener la postura cauta y no mostrar partidismo por alguna de las alternativas.

    En esta misma línea, también me pregunto SI PUEDE haber investigación independiente cuando se trata de transgénicos.
    Y si esta independencia existiera ¿puede llegarse a resultados estadísticamente válidos si los transgénicos no están etiquetados? Es decir, entiendo que no se pueden evaluar los efectos a nivel de salud pública, así como hacer seguimientos a productos que NO SE SABE si son transgénicos. Más aún cuando pueden aparecer efectos a largo plazo, con resultados que no se puedan cuantificar sino después de varios años.

    Tengo también una última reflexión, y que da para otro artículo: ¿Podemos patentar la vida?

    Saludos,
    Carlos.

  4. Cristián:
    Gracias por tus aportes. Permíteme acotar ciertos puntos:

    1)Como dices, muchos agricultores compran semillas cada año, pero hay que mencionar que es un comportamiento minoritario, aún con el abismante crecimiento de las plantaciones transgénicas. Se estima que el 75% de los cultivos mundiales se realizan con semillas guardadas de la cosecha anterior.

    2)En efecto, el monopolio que generaría Monsanto no impide que agricultores independientes cultiven sus propias semillas. Los defensores del libre mercado dirán que es una simple competencia y que el consumidor elegirá libremente. Bueno, para que esto sea realmente así, el consumidor debe elegir INFORMADO, es decir, con transgénicos etiquetados.

    3)Respecto a la contaminación génica, dices que “se pueden coordinar los productores o desde el gobierno generar métodos para evitar ese peligro”. Efectivamente se puede, pero… ¿lo estamos haciendo? Para poder aislar un cultivo transgénico se deben implementar una serie de barreras (no del todo confiables) que dejarían en evidencia dónde están situados geográficamente… ¡Gran problema! Porque hoy la ley permite que su ubicación NO sea revelada, por lo tanto, los mismos cultivadores de transgénicos se opondrían a tal medida.

    En resumen: Competencia, etiquetado, aislamiento, información, leyes… Coincidimos en que son problemas sociales.

    Saludos.
    Carlos.

  5. Estimado Carlos. Dices “El cultivo de transgénicos puede revestir otros problemas, como desarrollo de alergias, plagas resistentes, aparición de “súper malezas”, daños a la salud, etc.” Me permito aclarar que:
    1) El desarrollo de alergias se cubre con los protocolos de ensayos de la proteína recombinante en sistemas modelo: digestión e inocuidad. Han propuesto que deberían incorporarse voluntarios humanos pagados, como en el caso de los fármacos.
    2) Las malezas desarrollan resistencia por mecanismos independientes de si el cultivo es transgénico o no. Es cierto que el uso de UN tipo de cultivo GM induce al uso de UN tipo de herbicida. En ese sentido la propia Monsanto recomienda la rotación de cultivos, una práctica agrícola importantísima para evitar en este caso la inducci´ñon de resistencia. Los casos descritos de resistencia a Glifosato involucran no el traspaso del transgen, sino que mecanismos propios de las malezas, como la amplificación en el genoma del gen que codifica para la enzima inhibida por el glifosato.
    3) No se ha descrito un solo caso de daño a la salud humana asociado al consumo de cultivos GM. Me permito además recordar que sólo este año más de 40 personas han muerto por consumo de vegetales “orgánicos”, supuestamente más saludables que los convencionales. El CDC ha descrito en usa 40 brotes de enterobacteriosis asociada al consumo de vegetales orgánicos (principalmente brotes) desde 1990. Hoy por hoy, es más seguro para la salud comer un alimento GM que uno orgánico (uso de compost de origen animal para fertilizar y sulfato de cobre como plaguicida…)
    saludos
    Gabo

  6. Creo que es un buen esfuerzo el artículo pero hay cuestiones prácticas que no se tratan:

    1) Hoy en día muchos agricultores (esto lo señaló alguien que trabaja en el rubro) compran semillas igual aunque puedan guardarlas porque muchas veces esas semillas guardadas por razones de variabilidad no les dan seguridad de que sean homogeneas de manera de cumplír con los standares que el mercado les exige o que sus contratos les exigen. Por lo tanto el hecho de comprar semillas temporada por temporada no es nada nuevo.

    2) Estoy de acuerdo parcialmente con lo del monopolio y no por las razones del artículo. En el artículo se señala que Monsanto compra a las empresas semilleras competidoras. Nada obsta que se pueda mantener la producción de las semillas no protegidas por el convenio. El riesgo de desuso que argumenta se puede evitar simplemente si los agricultores pequeños usan sus propias semillas y si temen por ellas, pueden crear asociaciones de agricultores que mantengan las semillas para quienes no quieran entrar en el negocio (perdiendo competitividad eso es cierto, pero es el costo de no querer plantas este tipo de variedades, no exísten jamas alternativas sin costo). Mi temor con el monopolio es que son pocas las empresas que tienen la capacidad tecnológica para efectuar transgénesis y esas técnicas le pueden otorgar características muy buscadas a las variedades lo cuál generaría una alta demanda y una captación de ese mercado que se volvería más competitivo (cosa que por si sola no es mala) las empresas que crean variedades que no usen esas tecnicas empezarían a ser desplazadas del mercado.

    3) El riesgo de la contaminación genica es cierto, pero la experiencia comparada demuestra que se pueden coordinar los productores o desde el gobierno generar métodos para evitar ese peligro, ya se ha hecho.

    4) las Exigencias del SAG han sido las mismas hace tiempo y nada tiene que ver con el convenio, por lo demás esas exigencias deben ser vistas como un seguro para las semillas que han sido usadas libremente por años, pues justamente se debe certificar que la semillar que se quiere inscribír será nueva y distinta, además que no sea notoriamente conocida.

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