Estudio advierte que número de doctorados se duplicará al 2018

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Hasta 2012, 185 investigadores con grado de doctor -máximo grado académico al que puede optar un estudiante- se emplearon en empresas chilenas. Finlandia, que posee un tercio del total habitantes de nuestro país, tiene 23 mil doctores en la industria. El fenómeno tiene varias explicaciones. Una se relaciona con el “gusto por la ciencia” de los investigadores nacionales, y otra es que los esfuerzos públicos han estado enfocados en potenciar el sistema académico de investigación en desmedro del sector industrial, explica Horacio González, uno de los autores del estudio Inserción laboral de nuevos investigadores en Chile, publicado en el Journal of Technology Management & Innovation.

“En nuestra investigación detectamos que Chile duplicará su número de investigadores con grado de doctor, de 4.600 en la actualidad hasta más de 8.500 para el 2018, producto de las becas gubernamentales que se dieron con intensidad desde 2008 en adelante. Más del 60% de estos nuevos doctores se insertará en las universidades, corriendo el riesgo de saturar las plazas de investigación académica”, advierte González.

Agrega que las distintas becas de gobierno ofrecen dos puestos de inserción en las universidades por cada tres nuevos titulados de doctorado, lo cual escapa a los estándares internacionales de un postdoctorado por cada titulado de este grado. “En el mundo, el postdoctorado es un instrumento de excelencia que permite a los investigadores continuar con su carrera profesional dentro del ámbito universitario. No obstante, en Chile se ve como el único camino para insertar laboralmente al capital humano avanzado que tanta inversión pública costó formar”, detalla González.

Trabas para crecer

Alejandro Jiménez, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la U. Alberto Hurtado y coautor del estudio, plantea que una alternativa en materia de inserción laboral es el emprendimiento que los propios investigadores pueden realizar a partir de los resultados de su investigación, pero afirma que no existe en Chile una política pública que fomente un entorno emprendedor dentro de la academia, en especial en aquellas universidades estatales con capacidades científico-tecnológicas. “En Estados Unidos, la ley permite a las universidades registrar como propios los resultados de investigaciones financiadas con fondos federales”, explica.

Los investigadores estiman que en Chile aquello es muy difícil que ocurra, ya que hay “trabas” jurídicas, como el Estatuto Administrativo o la Ley de Probidad, que regulan el régimen del funcionario público y que impiden que los académicos de universidades estatales realicen emprendimientos basados en sus investigaciones. Por otra parte, las direcciones jurídicas, con respaldo de la Contraloría, han establecido un marco estricto para los académicos que deseen iniciar un emprendimiento tecnológico, como los spin off (proyecto que nace como extensión de otro anterior).

“Esto podría representar un conflicto de interés por la incompatibilidad legal que implica desarrollar actividades propias de un funcionario público, por una parte, y otras que buscan apropiarse y/o explotar comercialmente activos que surgen del financiamiento estatal”, señala Jiménez.

Marcela Angulo, gerenta de Desarrollo de Capacidades Tecnológicas de Corfo, plantea que las trabas que observan tienen que ver con lo poco que hace la gran masa de empresas para generar una cultura y economía del conocimiento. “Necesitamos propiciar la I+D (investigación y desarrollo) en las empresas, y aquí Corfo tiene una labor fundamental en la cual estamos trabajando fuertemente con diversos programas de apoyo a la innovación. Y si la empresa no tiene las capacidades de generar investigación, entonces tenemos que impulsar el diálogo con la academia para generar la transferencia tecnológica”, dice.

Además de la saturación de doctorados en la academia, otro problema es el área de especialización que ofrecen las universidades. Según un estudio evaluativo a los programa de doctorados del país (2013-2014), del Ministerio de Educación, de los 93 que existen en Chile, uno está dedicado a educación, 12 a humanidades y artes, seis a ciencias sociales negocios y derecho, 48 a ciencias, matemática y construcción, 13 a ingeniería, manufactura y construcción, ocho a agricultura y veterinaria, y cinco a salud y bienestar.

Para Marcela Angulo, el número de programas de doctorados en ingeniería es bajo, tomando en cuenta los desafíos del país. “Creemos que la investigación desarrollada por doctores en ingeniería es clave para lograr innovaciones de valor, y ojalá disruptivas para el país y el mundo. Es algo que ha sucedido en otros países, que hoy ya son desarrollados, y esperamos que también pase en Chile”, explica.

Pese a las reiteradas solicitudes, La Tercera no obtuvo respuesta de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt), organismo a cargo de la entrega de becas de doctorado.

 

Fuente:  La Tercera, 12 de Diciembre, 2014

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