21 de mayo – Lo que la comunidad científica espera del mensaje presidencial

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A la espera de una nueva rendición de cuentas del presidente de la república, la Asociación Nacional de Investigadores en Postgrado hace un llamado a toda la comunidad científica a estar atentos a las directrices que tomarán la investigación y la innovación en nuestro país durante los próximos meses.

Desde diversos sectores se ha hecho patente la necesidad que nuestro país de un salto cualitativo en investigación y desarrollo, pues se hace evidente que, contrario al pregón histórico de algunas autoridades, jamás llegaremos a ser un país desarrollado vendiendo materias primas. Esta postura no es precisamente una “petición por favor” desde un sector de la ciudadanía, mas bien, radica en el corazón mismo del desafío que se impuso este gobierno de alcanzar el desarrollo para fines de década. Por lo tanto, en la comunidad científica nos preguntamos “Cuando ya van dos años de la presente década, ¿qué estamos haciendo por la I+D?”.

ANIP ha hecho numerosos esfuerzos por poner en la palestra política las necesidades de esta comunidad, que mirando al desarrollo, se transforman en necesidades país. Y para este 21 de mayo queremos explicitar lo que han sido nuestras demandas históricas y sobre lo que desearíamos escuchar en el discurso presidencial:

  • Un “nuevo trato” con los investigadores que mantienen la actividad científica en el país. Los actuales investigadores trabajan día a día en una precariedad laboral impresentable, el pago de chile al capital humano avanzado: Pago por honorarios y trabajos a plazos según duración de proyectos, lo que se ha transformado en lo habitual.

La consigna es Investigar es trabajar: Nuestra actividad requiere de contratos fijos, cotización de salud, pensiones y mantener antigüedad laboral.

  • El vínculo con la educación: Gran parte de los egresados de postgrados se dedica a labores académicas en divulgación o docencia. Sin embargo, el actual modelo educativo universitario fomenta la visión del académico como un simple proveedor de servicios, trabajando por boletas e impactando en la calidad de la educación, de esta manera, los buenos profesores son producto de eventualidades personales y no de una política nacional. Dichos académicos están en la más profunda desprotección laboral, recibiendo sueldos variables de marzo a junio y de agosto a noviembre, sin salud, previsión ni vacaciones. ¡Se requiere que a los profesionales que han pasado años perfeccionándose se les trate como tal, mediante un contrato!
  • Chile necesita con urgencia de una política nacional de investigación y desarrollo, que atienda a las necesidades país y planifique acorde a estas. Hoy en día la investigación funciona por oferta y no por demanda, es decir, cada grupo de investigación ofrece sus resultados de forma independiente sin que esto se relacione con las necesidades de la sociedad. Chile debe establecer directrices respecto a dos temas fundamentales:
    • La ciencia aplicada, especialmente resolver sobre el futuro del cobre y el litio, la política alimentaria, los códigos de sanidad, recursos pesqueros y matriz energética.
    • La ciencia básica, aquella que desafía las capacidades intelectuales de nuestra comunidad y permite generar el conocimiento para innovar en las áreas presentadas en el punto anterior.

Es la innovación la que genera valor agregado a nuestro producto bruto. Y para alcanzar el ese huidizo desarrollo, es fundamental dejar de ser un país productor de materias primas que vende barato al hemisferio norte para comprar caro de vuelta las mismas materias, ahora procesadas.

  • Una nueva institucionalidad para la ciencia en Chile. Actualmente, el diseño de políticas en I+D se delega a CONICYT, que se ve limitada al no tener el peso de un ministerio para coordinar efectivamente sus acciones con otros ámbitos del país. Como ejemplo, CONICYT indicó hace unos días que es necesario incrementar el número de investigadores en Chile, y que su desafío es que a partir del 2014 se incorporen 800 doctores por año; para aquellos que llevamos tiempo en la academia es evidente la pregunta “¿Dónde van a trabajar?”. Con la misma evidencia que nos muestra nuestro sistema, podemos predecir que terminarán haciendo clases de pregrado en alguna universidad privada, con la precariedad ya mencionada, sin posibilidad de investigar, pero permitiendo que la institución logre los números necesarios para acreditarse.

La experiencia internacional nos muestra hoy la importancia de disponer de un Ministerio de Ciencia y Tecnología, autónomo y empoderado que vele por la calidad de la investigación, la educación de postgrado, la inserción laboral de los académicos e investigadores, para así dar forma a la demanda mencionada más arriba, una política nacional de investigación y desarrollo.

En resumen: Chile no puede innovar si aquellos llamados a hacerlo trabajamos en un sistema que fomenta el mantener la inercia de generar productos de bajo valor y otorga malas condiciones laborales. Claramente se desacredita la ciencia frente a las nuevas generaciones y nos sumerge en un eterno país tercermundista que difícilmente dará el salto al desarrollo.

 Carlos Salazar equipo de coordinación ANIP.

Asociación Nacional de Investigadores en Postgrado.

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