Aldea y basura cubren hogar del hombre de Acha, el Adán de Arica

Abandono se cierne sobre los vestigios que datan de hace nueve mil años. Escombros generados por areneros y una población marginal cubren el sitio en donde se halló el esqueleto costero más antiguo del norte.

Por Mauricio Silva

Un discreto cartel lo anuncia. Pero el sitio donde fue hallado el hombre de Acha, el Adán de Arica, está irreconocible. Escombros, basuras y la extracción de áridos han sepultado los vestigios que habían sobrevivido 9 milenios, luego que una banda de cazadores-recolectores instalara su campamento en la confluencia de los valles de Azapa y Acha. Hoy, además, pobladores levantaron una villa marginal en las inmediaciones.

El lugar había sido excavado en 1980 por el arqueólogo Iván Muñoz, de la U. de Tarapacá, quien descubrió los restos de once chozas (círculos formados por piedras que sujetaron toldos de totora) con sus respectivos fogones. Entre ellas se hallaba parte de un esqueleto humano: el cráneo, algunas vértebras, la pelvis y huesos de las piernas. En 1990, el fechado radiocarbónico de huesos y fogones arrojó 8.900 años. Son los restos humanos más antiguos de la milenaria historia de Arica. Su propio Adán local.

El arcaico cuerpo no había sido abandonado. Sus deudos tuvieron el cuidado de envolverlo en una mortaja de esteras vegetales antes de enterrarlo, una práctica mortuoria afectiva que en un par de milenios evolucionaría en la momificación inventada por el pueblo Chinchorro.

Desde diciembre, esos mismos terrenos están tomados por pobladores “sin casa” que levantaron 124 viviendas de material ligero, en demanda por que el Gobierno les solucione su problema habitacional. Las laberínticas callejuelas que forman sus muros de tablas y cartón bordean, amenazantes, el yacimiento arqueológico. Incluso, el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) debió retirar los cordeles con que el sitio Acha fue seccionado, pues la población marginal sigue creciendo.

Aunque los restos óseos, puntas de flechas, anzuelos dejados como ofrendas funerarias y las conchas de los mariscos consumidos por estos habitantes precolombinos fueron llevados al museo San Miguel de Azapa, una parte del campamento quedó como testimonio in situ. “Pensamos que el sitio sería habilitado para mostrar su importancia”, dijo Juan Chacama, un arqueólogo que participó en la excavación.

El secretario ejecutivo del CMN, Óscar Acuña, explicó que el organismo carece de recursos para proteger todos los sitios arqueológicos, que por ministerio legal pertenecen al Estado, “aun en el caso de sitios de la trascendencia del de Acha”, admitió. El lugar está en un predio privado de 40 hectáreas, donde también se descubrió un cementerio agroalfarero del año mil después de Cristo.

Fuente: El Mercurio – 7 Noviembre 2010

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