ALMA Y SU DULCE HALLAZGO

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Utilizando el  Atacama Large Millimeter /submillimeter Array (ALMA)  ubicado en Chile en el valle de Chajnantor, Desierto de Atacama, a 5.000 metros de altura, y que de las 60 antenas consideradas en el proyecto un pequeño número de ellas  que están en funcionamiento, permitieron aun grupo de astrónomos detectar moléculas de azúcar en el gas que rodea a una joven estrella con una masa similar a la de nuestro Sol.Los astrónomos encontraron moléculas de glicolaldehído (un azúcar simple) en el gas que rodea a la estrella binaria IRAS 16296-2422.

Moléculas de azúcar detectadas mediante The Atacama Large Millimeter/submillimeter Array en la estrella IRAS 16296-2422

 

Azúcar es el nombre común que reciben un grupo de carbohidratos pequeños (moléculas orgánicas compuestas de carbono, hidrógeno y oxígeno en una proporción de 1C:2H:1O, en parte similar a la estructura química de la molécula de agua H2O). El glicolaldehído tiene la fórmula química C2H4O2, el azúcar que utilizamos en nuestros alimentos es una molécula más grande de glicolaldehído.

Moléculas de azúcar en el gas que rodea una joven estrella

Moléculas de azúcar en el gas que rodea una joven estrella

 

El glicolaldehído se ha detectado hasta ahora, en dos lugares en el espacio; el primero hacia la nube molecular Sagitarius B2 (Sgr B2) cerca del Centro Galáctico, para lo cual se utilizó el telescopio de12 metrosdela FundaciónNacionalde Ciencias de los estados Unidos (NSE) ubicado en la cima del monte Kitt Peak en el año 2000; y con el telescopio Robert C. Byrd Green Bank (GBD) dela NSEen el año 2004. La segunda detección fue en G31-41 + 031, una zona de alta densidad de moléculas calientes, usando el interferómetro de Plateau de Bure del Instituto de Radio Astronomía Milimétrica de Francia, en el año 2008

 

Sin embargo, el glicolaldehído es la primera vez que se localiza tan cerca de una estrella de este tipo, a distancias equivalentes a las que separan Urano del Sol en nuestro sistema solar.

Mediciones precisas realizadas en laboratorio, de las longitudes de onda específicas que poseen las ondas de radio emitidas por glicolaldehído fueron esenciales para que el equipo identificara la molécula en el espacio  Además del glicolaldehído, IRAS 16293-2422 es conocida también por ser el hogar de otras moléculas orgánicas complejas, incluyendo el etilenglicol, formiato de metilo y etanol.

Este descubrimiento prueba que algunos compuestos químicos necesarios para la vida, ya existían en este sistema al momento de la formación de los planetas. “Esta molécula es uno de los ingredientes en la formación del ácido ribonucleico (ARN), que al igual que el ADN con el cual está relacionado, es uno de los ingredientes fundamentales para la vida”, dice Jes Jorgensen del Instituto Niels Bohr de Dinamarca autor principal del trabajo.

La gran sensibilidad de ALMA, fue esencial para estas observaciones, las que se realizaron con un conjunto parcial de antenas durante la fase de verificación científica del observatorio iniciadas en 2011. Tanto antes como después de este trabajo, ha demostrado que ALMA es capaz  de producir datos de la calidad requerida.

Cecile Favre miembro del equipo y perteneciente a la Universidad de Aarhus en Dinamarca, comenta que “…las moléculas de azúcar están cayendo en dirección a una de las estrellas del sistema”, por lo cual “las moléculas de azúcar no sólo se encuentran en el lugar indicado para encontrar su camino hacia un planeta, sino que además van en la dirección correcta”.

Las nubes de gas y polvo que colapsan para formar nuevas estrellas son extremadamente frías, por lo general se encuentran a una temperatura aproximada de 10º por encima del cero absoluto: alrededor de -263º Celsius,  por lo que mucho de estos gases se solidifican formando hielo en las partículas de polvo, donde luego se combinan y originan moléculas más complejas. Sin embargo, una vez que una estrella se forma en medio de una nube de gas y polvo, ésta calienta el interior de la nube giratoria elevando su temperatura; cuando esto ocurre, las moléculas químicamente complejas se evaporan en forma de gas. Este gas emite radiación en forma de ondas de radio, las que pueden ser captadas utilizando  poderosos radiotelescopios como ALMA.

IRAS 16293-2422 en la Constelación de Ofiuco

IRAS 16293-2422 (señalada por el círculo rojo) se encuentra a 400 años luz de la Tierra (distancia considerada relativamente cerca) en la región Rho Ophiuchi dela Constelación de Ophiuco (el portador dela Serpiente), haciéndola un excelente objeto de estudio en la investigación de la química y las moléculas que rodean a las jóvenes estrellas.

 “La gran interrogante planteada es ¿Cuan complejas pueden llegar ha ser estas moléculas antes de que se incorporen a nuevos planetas? Esto podría darnos una idea con respecto a la forma en que la vida pudiese originarse en otras partes y las observaciones  de ALMA serán de vital importancia para develar este misterio”  acota Jes Jorgensen.

Este trabajo fue presentado en un artículo denominado “Detection of the simplest sugar, glycolaldehyde in a solar-type protestar with ALMA” que será publicado en la revista especializada “Astrophysical Journal Letters”

 

En el año que ESO cumple 50 años, el radiotelescopio ALMA que aún no completa la totalidad de sus antenas, ha logrado con las primeras antenas instaladas y que ya han entrado en funcionamiento, logros  que permiten visualizar un universo de una magnificencia  impensable.

Fuente: ESO comunicado científico 1234es / agosto 29.agosto.2012

Crédito de las imagenes: ESO 1234

Enlaces: ESO  – http://www.eso.org/public/spain/news/eso1234/

ALMA – http://www.eso.org/public/chile/teles-instr/alma.html

Astrophysical Journal Letters: http://iopscience.iop.org/2041-8205

El equipo investigador  está compueso por Jes K. Jørgensen (Universidad de Copenhague, Dinamarca), Cécile Favre (Universidad de Aarhus, Dinamarca), Suzanne E. Bisschop (Universidad de Copenhague), Tyler L. Bourke (Instituto Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics, Cambridge, EE.UU.), Ewine F. van Dishoeck (Observatorio de Leiden, Holanda; Max-Planck Institut für extraterrestrische Physik, Garching, Alemania) y Markus Schmalzl (Observatorio de Leiden).

 

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