Chile tiene 426 especies de abejas nativas y no todas fabrican miel

Compartir

Cada vez es más difícil encontrar algunos ejemplares. La mayoría lleva una vida solitaria, las más grandes miden tres centímetros y algunas tienen fuertes mandíbulas. La UCV las ha estudiado y ahora digitalizará 36 mil especímenes.

Por Amalia Torres

Armados de redes y trampas, cada año investigadores de la U. Católica de Valparaíso salen a recolectar abejas por todo el territorio nacional.

Así han reunido 36 mil especímenes que ahora digitalizarán (ver recuadro). Gracias a este trabajo también han podido detectar que en Chile hay 426 especies nativas.

El norte del país es la zona donde se ha encontrado la mayor diversidad. La pampa del Tamarugal, Toconao y la ribera del río Loa son algunos de los sitios más prolíficos en abejas.

“La mayor importancia de las abejas es su rol en el ecosistema ya que son uno de los principales y más eficientes agentes polinizadores. Por ejemplo, es gracias a las abejas que tenemos frutos”, dice la doctora Luisa Ruz, profesora del Instituto de Biología de la UCV.

Sin embargo, el problema es que según sus análisis, algunas especies son cada vez más raras: “Hemos detectado que las poblaciones han disminuido, no tenemos cuantificación, pero sí una apreciación visual”, señala la investigadora.

Si hace unos años en Concón y otros sectores de la V Región había dunas con un ecosistema completo que incluía nidos de abejas donde la profesora Ruz iba con sus alumnos a recolectar insectos, ahora se trata de un área “muy perturbada por la construcción de edificios, entonces las abejas que antes eran comunes, ahora son raras”, señala.

Según su observación, el abejorro chileno es un claro ejemplo de un insecto que ha sufrido esta realidad.

Una de las causas de la desaparición sería que al cambiar su ecosistema, las abejas tienen que volar distancias muy largas entre una planta y otra, lo que termina costándoles la vida.

Otro responsable, acusa Ruz, es la introducción de especies foráneas muy invasivas, que fueron traídas con fines comerciales y cuya población “muchas veces desplaza a las especies nativas”. Las avispas chaqueta amarilla, por ejemplo, se están convirtiendo en una plaga, atacan a las abejas de miel: van a los panales y causan deterioros.

Rasgos chilensis

Dentro de la extensa gama de abejas chilenas, los rasgos pueden ser muy variados: las más grandes miden aproximadamente tres centímetros de largo y las más chicas sólo llegan a los 0,5 centímetros.

Otra diferencia está en su forma de vida, ya que la clásica imagen de la abeja rodeada de cientos de familiares en una colmena no es real para todas. “La mayoría de las especies en Chile son solitarias”, aclara la doctora Ruz.

De hecho, sólo las de miel viven en colmenas. Los abejorros, en cambio, construyen nidos en matorrales o distintas cavidades, y las abejas solitarias hacen nidos en el suelo. “Ellas construyen un túnel en la tierra, con ramificaciones terminadas en celdas que son las cavidades donde la hembra pone los huevos sobre un poco de polen”, explica Luisa Ruz.

El color también es otra forma de diferenciarlas: las Caupolicanas tienen bandas cafés y blancas en el abdomen y son muy pilosas. Las Halictidae , en cambio, son más brillantes y de un tono verde azuloso. Las Megachile , por su parte, pueden ser grises.

También hay abejas con mandíbulas poderosas, como las Xylocopa , que pueden morder hojas y así recolectar néctar de flores más cerradas. Lo mismo sucede con las Megachile , que viven en la zona central: “Al igual que una tijera, ellas cortan las hojitas de las plantas y con eso se hacen un nido”, explica la experta.

La profesora Luisa Ruz incluso ha descubierto algunas especies, como la Neffapis longilingua . “Es un abeja con una lengua muy larga porque saca el polen de una flor que tiene la corola profunda. Entonces ella necesita esta lengua para poder buscar el néctar”.

Insectos en la web

36 mil especímenes de abejas chilenas estarán a fin de año en internet. El proyecto, liderado por la profesora Luisa Ruz, de la Universidad Católica de Valparaíso, es apoyado por la Inter American Biodiversity Information Network, dependiente de la OEA. “La idea es que haya un acceso fácil y que la información quede disponible para todos. Además, la digitalización permite que se haga uso y se comparta información de la biodiversidad de las abejas, lo que servirá para la conservación de los recursos naturales”, dice Ruz.

Fuente: El Mercurio – 15 Junio 2010

Comentarios de Facebook