Científicos chilenos descifran el genoma del durazno

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Investigadores chilenos fueron parte de un consorcio internacional que secuenció por primera vez el genoma del durazno. El objetivo de la iniciativa es mejorar la calidad de la fruta que actualmente se produce y, además, crear nuevas variedades propias de Chile.

Por Alexis de Ponson

Las uvas y las manzanas son los principales emblemas de las exportaciones agrícolas chilenas. Según un estudio del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, los envíos desde Chile han aumentado un 149% en los últimos ocho años. Pero también brilla con otro producto: el durazno, fruto en que nuestro país es el exportador número uno en el Hemisferio Sur.

Sin embargo, el largo transporte en contenedores frigoríficos deja sus huellas en los duraznos chilenos, los que llegan a destino con textura harinosa debido a las condiciones de traslado. Un fenómeno conocido como “pardeamiento” y que puede significar la pérdida de hasta el 40% de la fruta embarcada. Este es uno de los problemas que podrían ser solucionados gracias a la secuenciación del genoma del durazno.

El proyecto fue desarrollado por un consorcio internacional en el cual participan la Universidad de Carolina del Norte, la Universidad de Nueva York e investigadores de Italia, España y los chilenos Lee Meisel, de la U. Andrés Bello, y Herman Silva, del Núcleo Científico Milenio en Biotecnología y Biología Celular Vegetal.

Luego de tres años de trabajo, los científicos lograron decodificar los 27.852 genes que componen el genoma del durazno lovell. Un mapa genético pequeño, pues sólo contiene 230 mil pares de bases en comparación con los dos billones de pares de bases que forman parte del genoma del maíz.

¿Por qué el durazno?

Además de sus características comerciales, el durazno fue seleccionado porque pertenece a la familia de las rosáceas y su estructura genética es muy similar al de otras especies, como manzanas, ciruelas, cerezas e incluso árboles como el álamo, por lo tanto, descifrar su genoma ayudaría a conocer más sobre las características genética de estos otros frutos y vegetales.

Pero el objetivo de los investigadores chilenos también es que el genoma sea útil para la industria agrícola local. “La idea es apoyar con herramientas al programa de mejoramiento del durazno”, explica Lee Meisel. Así, este mapa genético permitirá desarrollar manipulaciones genéticas para mejorar aspectos de la fruta como el color, aroma y gusto, además de la textura, afectada por el transporte en frigoríficos.

En la actualidad, Chile no tiene variedades propias de duraznos y las que se cultivan son de procedencia foránea. Por eso, un objetivo a largo plazo del proyecto es desarrollar nuevas variedades de duraznos que sean originarias de Chile. “Ya que está en boga tener alimentos que mejoren la salud humana, se podrían crear variedades con más antioxidantes”, ejemplifica Herman Silva.

En la actualidad, los científicos chilenos se encuentran trabajando en la identificación de aquellos genes específicos relacionados con ciertas características del durazno. Su conocimiento será clave para el posterior desarrollo de modificaciones genéticas que mejoren su calidad.

Secuencia made in Chile

El durazno no es el único esfuerzo realizado en Chile por conocer las características genéticas de especies vegetales. Otro proyecto destacado es el llevado adelante por un consorcio compuesto, entre otros organismos, por la Universidad de Chile, la Universidad Santa Maria y la Fundación Chile para la secuenciación del genoma de la vid en su variedad Carmenere. El proyecto tiene como objetivo conocer en detalle la información genética de este fruto y utilizarla para mejorar su producción tanto para la exportación de fruta fresca como para la elaboración de vinos. Hasta febrero se esperaba que en 2011 salieran a la luz los primeros resultados de este proyecto, en el que también participa la U. de Talca, pero el terremoto dijo otra cosa. El proyecto también se vio afectado por los daños provocados por el desastre en las instalaciones de esta universidad.

Fuente: La Tercera – 19 Abril 2010

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