Como si nada hubiese pasado…

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27 de febrero en la madrugada, Santiago se mueve como “una ciudad con parkinson” como dijo Armando Uribe. No tengo luz, agua, teléfono, menos puedo llamar por celular. La incertidumbre de cómo están los míos se acrecienta… uf, al fin pude hablar con ellos. Todos bien… segundo pensamiento… ¿¿¿y el laboratorio, cómo habrá quedado??? Los estantes con todo el material de vidrio, los equipos, los computadores, los disolventes, los reactivos… me los imaginaba todo en el suelo, tal como estaba la loza en mi departamento. Escucho en la radio que la Facultad de Química de Concepción se quema, días después veo las imágenes de los bomberos donde dicen… “nada que hacer, vámonos”… se me partió el alma por todos los laboratorios quemados, los alumnos que perdieron resultados, años de esfuerzo por hacer buena ciencia reduciéndose a nada en un par de horas… pero ante esto… ¿y mi laboratorio?

Cuando al fin pude revisar el correo electrónico, la universidad había mandado un mail donde se les pedía a las personas que trabajaban en laboratorios que acudieran el día martes para colaborar con “las labores de ordenamiento”… que miedo. Llegó el martes 2 de marzo y pude ir a “mi segunda casa”, cuando entré la impresión fue máxima al ver un vaso precipitado quebrado, un matraz de aforo en el suelo, los monitores de los computadores un poco corridos de su lugar, un par de libros en el suelo y sería… nada más!!! Los guardias pasaron preguntando si ya podían dar la luz en el edificio, mientras la daban, poníamos en su lugar los equipos, los monitores, prendimos los PC y nos pusimos a trabajar.

Sin embargo, un sentimiento de incomodidad me hizo inscribirme en todos los sitios donde pedían voluntarios, quería ir a ayudar, porque ver la indiferencia de algunas personas sobre la pérdida sufrida por otros y el verlos llenarse la boca con el sufrimiento de esos otros sin hacer nada al respecto, me hizo sentir en un ambiente hipócrita. Tanto se habló de la solidaridad de nuestra gente en tiempos difíciles, pero me doy cuenta que esa solidaridad no pasa más allá de entregar un poco de plata, comida o de ropa que ya no usamos. Nunca me llamaron para ir a ayudar, nunca contestaron un mail, “no necesitamos más voluntarios” decía un aviso en una página web. En el laboratorio mientras tanto, tenía que rendir proyecto, tenía que mandar unas correcciones de un paper y los días fueron pasando, pasando como si nada hubiese pasado…

Autor:

Carolina Muñoz
Químico, mención Industrial, PUC
Doctorando en Química, PUC

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Un comentario sobre «Como si nada hubiese pasado…»

  1. Es interesante tu punto de vista. Creo que refleja como se vivió la situación en Santiago donde, salvo aquellos edificios que lamentablemente colapsaron dejando a mucha gente sin casa (“Don Tristán” creo que se llamaba el condominio), no fue mucho mayor el daño, aunque sí el susto. Sin embargo, cuando muchos santiaguinos hablan del terremoto lo hacen como si el epicentro hubiese sido allá. Tan solo en el ámbito universitario, acá (Concepción) se perdieron millones de dolares en infraestructura, equipamiento, y por cierto el trabajo de años de académicos y estudiantes. En la UdeC perdimos, al menos, un mes de trabajo ya que no se podía entrar a la universidad durante marzo, mientras se limpiaban los daños, se revisaban cañerías, y se limpiaban laboratorios donde, de verdad, quedó todo desparramado: material, reactivos, etc. Eso mientras se esperaba la reposición de los servicios básicos, además del restablecimiento del orden público. Mientras eso pasaba, cuando ya teníamos TV, semanas despues del terremoto, veíamos como en Santiago la gente “volvia a la normalidad”, diciendo que “el terremoto ya pasó”, y los noticiarios señalaban que todo era normal tras el terremoto. En esos mismos días, acá recién podíamos entrar a limpiar nuestros lugares de trabajo, y ni hablar de la gente que seguía durmiendo en carpas. Lamentablemente, en Santiago tomaron una actitud triunfante, como diciendo “el terremoto fue acá y sobrevivimos”, y siguieron con sus vidas, tal como dices, como si nada hubiera pasado. Lamento que nadie te haya tomado en cuenta cuando ofreciste tu ayuda, pero lamentablemente en nuestro país la “solidaridad” se entiende como sinónimo de “limosna”, y basta dar 5 lucas, o una bolsa con ropa, para que la conciencia de mucha gente vuelva “a la normalidad”. Saludos.

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