Complejo arqueológico reemplazará al museo que hizo el padre Le Paige

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Tras casi 50 años de funcionamiento en San Pedro de Atacama. El nuevo edificio costará $3.000 millones y permitirá aumentar al doble la actual exhibición, una de las más importantes de Sudamérica con 300 mil piezas.

Por Alejandro Rojas M.

Tras casi medio siglo de funcionamiento, el museo construido en 1963 por el sacerdote jesuita Gustavo Le Paige -y que transformó al poblado de San Pedro de Atacama en un centro de interés internacional- será demolido para levantar un nuevo complejo arqueológico de 2.100 m2, el doble de su superficie actual.

El nuevo museo, que depende de la U. Católica del Norte, se levantará en los mismos terrenos del actual recinto que se inició en una de las piezas de la casa parroquial del sacerdote, con una inversión de $3.000 millones financiada principalmente por el plantel, el municipio local y fondos regionales.

Tendrá salas de exhibición que incluirán entierros y un subterráneo para las bodegas y depósitos de una de las colecciones más valiosas de Sudamérica, con 300 mil piezas. Será antisísmico y tendrá laboratorios y dependencias para investigadores, y auditorios que operarán como centro cultural.

Adobe y madera

Su fachada será de adobe, como las edificaciones típicas de la zona, no tendrá ventanas para impedir el ingreso de luz natural que atenta contra la conservación de textiles y materiales orgánicos, y su techumbre mezclará madera revestida con vegetales. Paneles fotovoltaicos lo autoabastecerán de energía.

El director del museo, el arqueólogo Mark Hubbe, dijo que el diseño del proyecto se terminará este año con una inversión de $300 millones. “Las obras parten en 2011 y serán inauguradas en 2012”, afirmó.

Hoy el museo exhibe mil piezas entre momias, entierros, cerámicas, textiles y utensilios de la cultura atacameña, que se asentó en la zona hace 11 mil años. “Una cifra que al menos duplicaremos, con nuevas salas climatizadas a menos de 20° C y con luz artificial”, dijo Hubbe.

De esta forma, se pone fin a una larga lista de proyectos fallidos para renovar el museo -al menos siete desde 1995-, por la falta de recursos, de infraestructura para conservar la colección e incluso la oposición de grupos indígenas, al punto que el año 2000 incluso hubo intentos de quemar el museo y la casa de una arqueóloga.

La idea se reactivó el 2007, luego que un estudio de ingeniería revelara que el recinto no soportaría un terremoto de gran magnitud. También incidió el acercamiento con las comunidades indígenas.

La alcaldesa Sandra Berna, de la etnia atacameña, dijo que “nos opusimos cuando los cuerpos de nuestros ancestros y sus vestigios estaban expuestos a la gente sin una protección adecuada, donde se podían perder. Este proyecto es valorado porque las medidas de conservación son adecuadas y nos integran”.

La etnia será incorporada en la construcción y operación del museo, y la colección tendrá ahora dos niveles de información complementarios: la científica y la visión atacameña de su patrimonio y entorno.

Fuente: El Mercurio – 17 Julio 2010

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