Desarrollan innovador sistema de piel artificial en Valparaíso

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Investigadora de la UV explica la iniciativa que podría revolucionar el tratamiento contra algunos tipos de quemaduras.

El tratamiento más empleado en Chile para enfrentar quemaduras y otras lesiones profundas en la piel, hoy en día, es el denominado injerto autólogo, es decir, aquel que utiliza la piel del mismo paciente para reconstruir las zonas dañadas. Este procedimiento, sin embargo, tiene limitaciones como la disponibilidad del tejido y la posibilidad de causar daños estéticos y funcionales al sacar trozos de piel de otras zonas del cuerpo, lo que ha impulsado una constante búsqueda de alternativas por parte de la industria biomédica. Y es por ello también que un grupo de investigadores de la ciudad de Valparaíso trabaja desde hace más de siete años, para dar forma a un avance que podría revolucionar el tratamiento de estas heridas. Se trata del desarrollo –incluyendo la aplicación clínica– de un Sistema de Implante Integrado (SII), que consiste en un parche de polímero que contiene células de piel del propio paciente, y que permite incluso tratar lesiones originadas por quemaduras de gran profundidad.

“El sistema contiene células de piel, las que se integran sobre una matriz de polímero biodegradable y bioactiva que se aplica en la lesión. No es un producto sólo para quemaduras, también sirve para tratar otro tipos de lesiones, como úlceras traumáticas o escaras”, explica la profesora Caroline Weinstein, investigadora de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Valparaíso y quien ejerce como directora alterna de la investigación.

El proyecto comenzó a desarrollarse en 2003, a partir de un programa del Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondef) ejecutado por investigadores de las facultades de Farmacia y Ciencias de la Universidad de Valparaíso, en conjunto con el Centro de Biotecnología de la Universidad Técnica Federico Santa María, bajo la dirección del profesor Manuel Young, y el hospital del Instituto de Seguridad del Trabajo (IST) de Viña del Mar. Es en este último establecimiento donde se han realizado durante este año las primeras pruebas en pacientes humanos, las que, a juicio de los encargados del proyecto, han tenido resultados alentadores. El caso más destacado es el de un hombre de 40 años que, en mayo de este año, sufrió graves quemaduras con agua hirviendo en ambos tobillos, una zona especialmente difícil de tratar. Gracias a la aplicación del SII, en poco más de dos meses se logró la revitalización completa de la lesión, sin retracciones o “encogimientos” de la piel y sin que el paciente perdiera la movilidad.

“En quemaduras del tipo AB, es decir no tan profundas, el producto ha logrado revitalizar por completo la piel del paciente, sin necesidad de hacer injertos, que es un procedimiento que obliga a hacer otra cicatriz en el paciente. Y en el caso de quemaduras de espesor total, más profundas, el producto ha permitido mantener en mejores condiciones el fondo de la lesión, ayudando a la regeneración del tejido y, gracias a sus propiedades bacteriostáticas, evitando las infecciones, que es uno de los riesgos importantes en lesiones de este tipo”, señala el doctor Álvaro Collao, traumatólogo del IST.

El desarrollo del producto se realiza en dos etapas. Primero se fabrica la matriz polimérica bioactiva y biodegradable –en la UTFSM– y luego ésta es trasladada a los laboratorios de la UV, donde se le incorporan dos tipos de células –queratinocitos y fibroblastos– obtenidas a partir de una biopsia al mismo paciente. Actualmente, el equipo de investigadores, al que se han sumado profesionales de la Universidad de Playa Ancha, está desarrollando un proyecto de continuación, el que permitirá tanto optimizar la fabricación del implante como desarrollar la utilización de células troncales del mismo paciente, lo que permitirá disminuir los tiempos de preparación del producto para su aplicación al tratamiento de heridas de la piel. Estas condiciones, afirma la profesora Weinstein, podrían permitir que el producto, todavía en fase experimental, pueda estar disponible para su uso masivo en un plazo que ella estima no menor a dos años.

“El principal obstáculo para ello radica hoy en las dificultades que tenemos para producirlo a niveles adecuados. Nosotros contamos con laboratorios pequeños, que son adecuados para la fase experimental pero no para la producción en mayor volumen. Sin embargo, ya hay interés de algunas empresas para licenciar el producto y fabricarlo a mayor escala. Otro paso clave –añade–, podría ser la inclusión de este tratamiento en los protocolos del plan AUGE, lo que le abriría las puertas del sistema público”, señala.

Fuente: El Mercurio de Valparaíso – 10 Octubre 2010

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