El Círculo Vicioso DEMRE – PSU – Educación chilena

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Cuando rendí mi recordada Prueba de Aptitud Académica (sí, en aquellos años), la preparación promedio de aquellos contra quienes competí fue bastante pobre. Lógico, los colegios se sentían satisfechos haciendo un par de ensayos para los cuartos medio a fin de año, los libros de preparación para la prueba eran escasos, los facsímiles solo existían en librerías y lo único parecido a un preuniversitario eran ciertas agrupaciones de profesores que dedicaban algún tiempo después de clases a potenciar a los alumnos, a esos escasos alumnos que creían que hacer un Preu era una buena inversión. Aún así no fue un proceso injusto, pues todos (o al menos un porcentaje masivo de postulantes) competimos en esas condiciones.

Bueno, me fue bien: Estudié bioquímica y saqué un magíster en fisiología vegetal. Entre medio me di cuenta que mi vocación era la docencia y, las vueltas de la vida, hoy veo la misma historia desde la vereda del frente, pues buena parte de mi carrera docente la he llevado a cabo preparando alumnos en las aulas preuniversitarias.

El panorama de hoy es ampliamente distinto: Los preuniversitarios, cual cadenas de supermercados, se han extendido por todo Chile, los facsímiles abundan, los colegios se han vuelto locos preparando a sus alumnos (algunos bien caerían en la categoría de Preu-de-cuatro-años) e internet también hace lo suyo, con ensayos en formato pdf, portales para practicar, blogs que responden preguntas y hasta preuniversitarios virtuales gratis. Definitivamente mis alumnos viven en otro mundo, uno muy distinto al que me tocó a mí. Sin embargo, me pregunto ¿Esta “gran” preparación les garantiza algo? La respuesta es clara: NO. No puede garantizar nada porque al igual que en mi generación, en esta todos (o la mayoría) compiten en condiciones similares.

¿Cómo llegó a ocurrir esto? ¿Fue la reforma curricular? ¿Qué cambio hizo el gobierno que no nos dimos cuenta? Nada de eso. Simplemente la exigencia de la prueba, sea PAA o PSU, fue en aumento cada año. Si mis alumnos rindieran la prueba que yo rendí, la media sería de 780 puntos y habría 50.000 puntajes nacionales, cifras que harían vibrar de orgullo a cualquier ministro de educación, pero que serían un dolor de cabeza para las vicerrectorías universitarias que no sabrían cómo seleccionar a los mejores para llenar sus cupos.

Sea positivo o negativo, este cambio trae consigo una situación compleja, un círculo vicioso que está desvirtuando, a mi parecer, la educación media y el sistema de selección universitaria. La primera parte de este ciclo se dio porque la PAA, y posteriormente la PSU, fueron ejerciendo una presión cada vez mayor sobre nuestro sistema educacional, en que la “calidad” de un colegio o liceo se medía por el puntaje promedio de sus alumnos. Tal situación empujó a estas instituciones a “profesionalizarse” en la capacitación de sus alumnos de cuarto medio para rendir la famosa prueba, insertando en ellos la necesidad de alcanzar mejores puntajes y la conciencia de que nada es suficiente a la hora de prepararse, por lo que estos empezaron a demandar la instrucción de preuniversitarios con avidez cada vez mayor, empujando una verdadera industria de la educación. La segunda parte del ciclo viene dada por la reacción del DEMRE a la creciente preparación de los postulantes. Este organismo fue incrementando la dificultad de la prueba, tanto en la extensión como en la profundidad de las materias evaluadas, pero también en las habilidades exigidas. Esta es la respuesta lógica de una institución cuyo objetivo es discriminar entre los postulantes a aquellos que sean “los mejores” para las universidades. El ciclo se cierra con los preuniversitarios, que en un afán de decir “somos los mejores” han ido reestructurando sus programas para adecuarse a la siempre cambiante PSU, tratando de anticiparse a ella, abarcando cada vez más materias y fabricando ensayos que evalúen habilidades que difícilmente podrían pasarse en un colegio con la profundidad suficiente para lograr comprenderlas efectivamente. En suma, la preparación de los alumnos ha mejorado, obligando al DEMRE a aumentar la dificultad de la PSU, empujando a los preuniversitarios a enseñar más materias a los postulantes, lo que nos lleva nuevamente al DEMRE tratando de aumentar la dificultad de la prueba ¿Hasta dónde llegaremos?

Estupor me causa ver como han evolucionado los contenidos preuniversitarios de ciencias en la PSU. Hace algunas semanas tuve que explicar a mis alumnos lo que son los mecanismos de reacción en química orgánica y aplicarlos en la formación de copolímeros como la baquelita ¡En dos clases! ¡Cuando los colegios apenas logran enseñar nomenclatura! Para que se hagan una idea de lo que esto significa, es como enseñar a dividir a alguien que está aprendiendo a sumar. Porque debo decirles que para entender todo eso se requieren conocimientos que yo adquirí estando ya en la universidad y después de tres cursos de química orgánica. Es trágico verificar cómo este tipo de exigencias parecen no ir de la mano con la preparación de nuestros docentes; después de revisar las mallas de pedagogía en muchas universidades, me percaté que la mayoría tiene solamente uno o dos cursos de química orgánica.

¿Cuál es la idea de que la PSU evalúe habilidades y conocimientos universitarios? ¿Es coherente todo esto con el anuncio del ministro Joaquín Lavín de aumentar las horas de matemática y lenguaje en desmedro de otras áreas que se están preguntando con profundidad cada vez mayor?

El gran problema, a mi entender, es que esta desesperación del DEMRE por preguntar sobre temas avanzados se entiende como la única fórmula para mantener la capacidad discriminatoria de la prueba, y en esto discrepo profundamente, pues algo que me queda claro después de años enseñando en el sistema preuniversitario (mal que mal, es la instancia que desnuda todas las falencias de nuestro sistema educativo) es que los alumnos aprenden a aplicar sin comprender, se pone énfasis en el “para qué sirve” sin entender realmente “qué es”. De esta manera, he conocido alumnos de muy buenos promedios que pueden calcular un valor de pH, pero no saben interpretarlo… creen que un pH=4 es el doble de un pH=2. Por esto, mi sugerencia va en la línea de dejar de lado esta fiebre por enseñar más y más temas avanzados cuando los básicos aún no se han comprendido bien.

Recordemos también que esta tendencia a sobre utilizar el conocimiento avanzado es además una clara ventaja para la educación particular (que ya tiene suficientes) frente a la pública, ya que esta última tiene una menor capacidad de contar con profesores especialistas. Incluso nos lleva a preguntarnos si la formación docente que actualmente se imparte en nuestras universidades cuenta con mallas que garanticen tal nivel de especialización.

Autor:

Carlos Salazar Morey
Bioquímico, PUC
Magíster Cs. Agricultura, PUC

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8 comentarios sobre «El Círculo Vicioso DEMRE – PSU – Educación chilena»

  1. Hola Carlos, tu estudiaste in el Fco. de Aguirre? Si es asi, un gusto de saludarte y hacer contacto contigo.

    Un viejo Profe !!!

  2. Hola Carlos.
    Me gustó mucho tu columna, yo soy del área de la Física y aqui también vemos un claro agujero de abismo entre algunos conceptos importantes que deben comprenderse de manera clara…
    bueno, es verdad, la tendencia a emplear el conocimiento como colador de ciudadanos para distribuir bienes es propio de los países subdesarrollados. Por otro lado tenemos la creciente dificultad de las PSU , que como tu bien mencionas, es un fenómenos que no puede detenerse bajo al paradigma actual claro está; sin embargo, yo soy más optimista, hay una manera: cambiando la psu a una prueba del tipo comprensión…más que de acción, a mi parecer esta serie la única esperanza de solucionar, a la larga, este problema.

    saludos.

  3. Felicitaciones por el lúcido análisis. También pertenezco a la generación anterior a la existencia de los preuniversitarios y al lucro en la educación. Más que círculo vicioso yo lo llamaría círculo perverso y distorsionador…Mi hija – hoy estudiante universitaria – nos lo explicó con toda precisión: “los preuniversitarios sólo sirven para enseñarnos a aplicar trucos en la respuesta de las preguntas, es un entrenamiento feroz para descubrir las trampas encubiertas y sortearlas con éxito”. Tal cual!, es cuestión de ver en detalle la cantidad de preguntas mal planteadas – a propósito, supongo a estas alturas – de la prueba de historia que tienen que contestar los aspirantes a seguir estudios superiores!

  4. La verdad es que a mí nunca me gustó el concepto de pre-universitario.
    En mi caso particular vivía a 45 minutos de mi colegio y en una comuna donde no habían pre-us en la época, saliendo a las 17:00 hrs del colegio la única opción era ir al centro de Stgo y de ahí 1 hora más para mi casa.
    Mis padres tampoco tenían recursos suficientes para costearmelo y por ende decidí mejorar mis notas en cuarto medio en vez de estresarme con tanto viaje.
    Me fue bastante bien en la PSU (720), pero no quedé en la carrera que quería como primera opción.
    La verdad es que no era una competencia justa, porque en la carrera que escogí entré por lista de espera y luego terminé siendo una de las mejores de la generación sin haberme echado ningún ramo.
    Entonces uno se pregunta qué medía la PAA o qué mide ahora la PSU? Tal vez la rapidez con que uno contesta la preguntas o la memoria temporal, pero creo que en muy poca cantidad se está midiendo las capacidades del alumno.
    Creo que sería bueno que el ministerio de educación se pusiera de acuerdo con el DEMRE para crear programas educacionales que vayan en concordancia con lo que se necesita para llegar bien, y no lo que se pasa en 1 año apurado en el pre-U, lo que se mida en la PSU.
    El único problema sería qué hacemos ahora con toda la inversión en pre-Universitarios y con todos los docentes de ellos….

  5. Buena columna para levantar conciencia y debate respecto al problema de continuidad y propósito de la educación a nivel secundario/universitario en el país. Concuerdo con tu apreciación del efecto “atractor” que han generado la PAA y la PSU en los contenidos académicos escolares. Pero, discrepo en atribuirles la responsabilidad exclusiva de esto a la DEMRE y estas herramientas . A mi parecer, el asunto es un tanto más complejo, pero se centra principalmente en la aplicación de un marco de políticas y leyes de mercado sobre el sistema educativo chileno. A lo que menciona Pablo, respecto a la necesidad de traer a discusión también la reflexión respecto a la “calidad” de la educación, agregaría también la del “propósito”. Espero que desde ANIP podamos generar más espacios para profundizar en estos importantes análisis, estoy convencido que en conjunto podríamos aportar otro granito de arroz a la discusión.

    Saludos.

  6. Si bien comparto la crítica expresada en la columna hacia las pruebas de selección como mecanismo de formación de curriculum secundario, no creo que el “problema grande” esté ahí. Uno de las grandes disputas que comienzan a configurarse en la educación superior es la hegemonía sobre el significado de calidad de la educación. Como el aprendizaje es un concepto tan abstracto, y como las autoridades (y los universitarios) asumen mecánicamente que “comprar aprendizaje” es como “comprar cortauñas,” la PSU se tranforma en una forma de control de calidad, y así también lo son las agencias acreditadores, y los convenios de desempeño, y tantos otros indicadores que se inventan para que los rectores puedan estar felices de que su universidad está en los top ten de tal o cual ranking. La PSU vendría a ser como la evaluación de la “materia prima” para producir “aprendizaje,” aunque claro, la materia prima es también “el cliente.” Es como si le hicieran pruebas al acero inoxidable de los cortauñas y luego le vendieran los cortauñas al acero (un círculo ridículo).
    Algo interesante de la columna es la perspectiva de quien la escribe. Sería bueno ver algunas columnas en el futuro que expliquen con más detalles la creciente inclusión de contenidos en la PSU, así como más evidencia de lo que se afirma: que el DEMRE aumenta la dificultad de la prueba debido a la mayor preparación de los estudiantes “para la prueba.”

  7. Muy interesante el análisis, quizá habría que preguntarse por el concepto de Calidad de Educación que manejan las autoridades y por ende cual es el concepto de Desarollo País que se tiene. Claramente hay contradicciones que se hacen patentes en tu artículo.
    Por otro lado una vez claros en el diagnóstico cabe plantearse el desafío de qué propuesta se puede desarrollar para que tales contradicciones se resuelvan y en ese contexto cuál es el rol de los Investigadores de Postgrado podemos cumplir, evidentemente no somos meros espectadores.

    Saludos

  8. Creo que lo que vemos no es más que la consecuencia de dejar la educación en manos del mercado (como todo en nuestro país). La ley de la oferta y la demanda, deja todo en manos de esa mano invisible, que en el caso de la educación, lo único que logra es generar discriminación frente a los que no tienen y deben estudiar en colegios municipalizados (que no discriminan a los estudiantes “malos”, que reciben mínimos recursos del Estado, que deben competir casi de iguales con los colegios particulares, que no tienen equipos académicos completos, que son estigmatizados por la sociedad), difícilmente puedan pagar una de las supermercados-preuniversitarios (como bien los llama Carlos) y sean convencidos todo el tiempo de que deben estudiar algo (lo que sea) para que al finalizar ganen mucha plata, algo que difícilmente sucede y en definitiva no es (o no debiese ser) el objetivo de ningún tipo de educación.

    Lo que pasa con la PSU/PAA es lo mismo que el SIMCE, se transforma la educación en un bien transable, cuantificable y medible, para poder transarlo en el mercado.

    Muy buena columna. La visión particular de alguien que desde su lugar particular en el que se desenvuelve ve que en Chile la educación hace cualquier cosa menos educar. Ojalá otros también lo empiecen a ver….

    Saludos cordiales

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