El dilema regional: innovar para no morir en la era del conocimiento

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Significa mejorar la propuesta de valor de un producto, servicio u organización. La Región del Bío Bío ha realizado grandes esfuerzos en la materia, pero tiene aún tareas pendientes. La gran deuda recae en el sistema productivo, todavía anclado en la producción de bienes con poco valor agregado.

Por Silvanio Mariani

Duplicidad de funciones en instituciones -de como Corfo y Conicyt en entre Fondef e InnovaChile, que apuntan a lo mismo desde distintos planos. Excesivo academicismo de la investigación universitaria, escasa investigación y desarrollo de las filiales en Chile de multinacionales y una baja calidad de la educación.

Éstas son algunas de las conclusiones del informe Evaluación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de la Política de Innovación de Chile, entregado al país a fines de 2009.

De acuerdo al informe, uno de los problemas de Chile está en la cultura fisiocrática, por su excesiva especialización en la exportación de recursos naturales. Además, dice el documento del organismo que reúne a los países más avanzados del mundo, que sólo el 0,67% del PIB se invierte en investigación y desarrollo, una cifra muy por debajo de las registradas en naciones desarrolladas.

El cuadro pintado por el informe de la OCDE no es muy halagador y los resultados de esa realidad están reflejados en un menguado desarrollo social y económico.

¿Qué importancia tiene la innovación en todo eso? Bueno, a fines de la década de 40, Chile y Finlandia tenían un PIB per cápita similares, con economías muy dependientes de los recursos naturales. Hoy, los chilenos tienen US$ 15 mil de ingresos anuales mientras los finlandeses superan el doble de ingresos por año. ¿La receta? Fuertes programas de inversión en investigación y desarrollo. En otras palabras, en generar innovación, nuevos productos y servicios con mayor valor agregado. De una economía fuertemente basada en materias primas -que todavía son muy relevantes para el país- Finlandia se diversificó y su crecimiento y desarrollo en gran parte deriva de las exportaciones de productos de alta tecnología.

Realidad Regional

Lo que vale para el país también se puede aplicar en un diagnóstico de la realidad regional. La Región del Bío Bio no se ha caracterizado por presentar registros de grandes innovaciones en su base económica, sino que todo lo contrario: estamos todavía con una economía basada en la explotación de la materia prima, y las exportaciones son centradas en los sectores forestal y pesquero, con baja capacidad innovadora y muy poco valor agregado, salvo, en el caso del sector pesquero, de algunos productos para consumo humano que entregan mayor elaboración y diferenciación en el mercado.

Pero, ¿es realmente necesario invertir en innovación? Considerando los modelos de negocios y los requerimientos de los mercados, las empresas forestales y pesqueras de la región no deberían realizar grandes cambios. Celulosa y harina de pescado dan buenos resultados económicos y siguen como nichos atractivos en los mercados del mundo. Sin embargo, el director de Proyectos e Innovación y académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción, Martín Nicolás Zilic, entrega otra variable en la ecuación: el efecto multiplicador que la apuesta en innovación genera en toda la cadena económica.

“Cuando dijimos que Biotecnología era un sector que debería ser potenciado en la región, en Singapur pensaban lo mismo para ellos. Nosotros entonces invertimos 2 ó 3 millones de dólares, y Singapur invirtió mas de 400 millones de dólares. ¿Cuál es el resultado? Que el área de biotecnología en Singapur ya contabiliza 20 mil millones de dólares de inversiones”, dice el investigador. Zilic observa que la baja inversión en investigación y desarrollo no se debe a la escasez de recursos, sino a una “falta de cultura” de inversión en innovación:

“Nosotros invertimos cerca de mil millones de dólares en un tren para el Sur y no hay un tren para el sur. Perdemos miles de millones de dólares en el Transantiago y eso es una pérdida para toda la economía nacional. El problema es que nadie ha asumido en ese país la responsabilidad de crear centros para el desarrollo”, reclama el académico.

¿Qué es innovar?

Según los especialistas, la innovación es un acto social y económico, a través del cual se intenta mejorar la propuesta de valor de una organización, un producto o un servicio. En palabras simples, es el mercado y en definitiva el consumidor, el destinatario y juez que determina cuál es una innovación exitosa y cual no.

Para Sandra Espinoza Paredes, directora ejecutiva de la Incubadora de Negocios Inacap, innovar es “un conjunto de acciones que permiten agregar valor y que conduce a la introducción al mercado de una idea en la forma de nuevos o mejores productos, servicios o técnicas de gestión y organización”. Es decir, también innovar se encuentra en lo intangible, en los servicios y en la propia gestión. Pero todo validado por el mercado.

Innovar, en el fondo, es propiciar algo nuevo que agrega valor, que es implementable y requerido por otras personas y empresas que componen el mercado.

“Muchas veces innovar se confunde con la creatividad, que es inherente al ser humano”, explica Espinoza. Crear puede quedarse en el plano de las ideas, en los sueños. Innovar en tanto, es actuar disponiendo al mercado de estas ideas, muchas veces creativas, en una solución requerida por otro que está dispuesto a pagar por ello.

Martin Zilic coincide en el raciocinio: “Ese es nuestro drama. Hemos aumentado nuestros doctorados en Chile notablemente: hemos aumentado las publicaciones, y Chile es el país que más publica per cápita. Pero si miramos nuestros registros de patentes, es marginal, y eso porque nuestras universidades todavía están en el siglo pasado, porque los docentes reciben puntaje y piden mejor categoría en razón de las publicaciones, de los papers. ¿Y sirven para qué? Si no van acompañados de patentes de propiedad intelectual y de vinculación con la economía real, no sirven”.

Empresa y Universidad

Vincular los esfuerzos por innovar con el mercado -mejor dicho con las empresas- es el principal problema que hoy debe enfrentar el país. Tanto el sistema público como el privado no están diseñadas para fomentar la innovación. “Me sorprende la disociación que hacemos los chilenos entre lo que hablamos y hacemos en estas materias. Todo el mundo habla de la necesidad de innovación y empresas. Universidades, autoridades, y la banca por nombrar algunos, lo utilizan constantemente en sus comunicaciones. Sin embargo, a la hora de intentar concretar un proceso innovador o una nueva empresa, las mismas instituciones mencionadas, tienden a poner obstáculos increíbles. No sé si se les podría demandar por publicidad o propaganda engañosa”, pondera el empresario penquista Alex Cattan Ananias.

Además de que Chile muestra un desempeño innovador muy por debajo de sus potencialidades, y que sólo el 0,7% del PIB se invierte en investigación y desarrollo, se debe agregar el hecho de que menos de un tercio de esa cifra proviene de la empresa privada. El número de empresas que invierte en Innovación y Desarrollo (I+D) no llega al millar y su vinculación con instituciones de investigación, tales como universidades u otras, es muy escasa.

“Hay una desvinculación entre el mundo académico y el mundo de la empresa. Un profesor puede realizar una pasantía en otra universidad distinta a la que pertenece, pero no puede, por ejemplo, realizar una pasantía en una empresa, lo que podría acercar a los dos mundos y generar soluciones para el sistema productivo”, detalla el investigador de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Renato Segura Domínguez.

Tradicionalmente, la función principal de las universidades ha sido generar conocimientos, investigar, y la función de hacer nuevos negocios ha sido privativo al mundo de las empresas, de los emprendedores. Pero también hay iniciativas en las universidades, aunque no a gran escala, orientadas a la esfera empresarial, como los centros de formación de empresa, la creación de spin off y las incubadoras de empresas.

Estado impulsor

Dado que no existe una relación a gran escala entre las universidades y las empresas y que éstas, salvo las grandes compañías, no pueden realizar grandes esfuerzos para generar innovación, resta al Estado establecer políticas de fomento de innovaciones. Eso porque innovar significa asumir riesgos no solamente desde el punto de vista tecnológico, sino también comerciales. Para Sandra Espinoza, los incentivos que se desarrollan para estimular la innovación, creados para superar las fallas de mercado, deben ser capaces de adaptarse a la realidad de los emprendedores, con la flexibilidad y pertinencia que les permita llevar adelante sus iniciativas, estimulando a su vez el empoderamiento de los emprendedores como motores del desarrollo”.

El rol de las empresas

Fomentar una “cultura innovadora”, sin embargo, no es algo sencillo. Un proceso de innovación, dicen los expertos, requiere habilidades y capacidades particulares, entre las cuales destaca de manera especial, la capacidad de escuchar con sentido de anticipación las necesidades de los mercados objetivos de una organización. En tanto que al interior de una empresa resalta la capacidad de formar equipos, la disposición a tomar riesgos y la tenacidad para enfrentar las dificultades de transitar por terrenos desconocidos.

En el informe de la OCDE sobre la innovación en Chile, el organismo pone énfasis en el rol fundamental que las pequeñas y medianas empresas juegan en la economía y de la necesidad de que las Pymes pueden acceder a procesos de innovación.

“Se necesitan esfuerzos sostenidos para estimular la financiación de las Pyme innovadoras en sus primeros estados”, ya que “es en particular la ausencia de financiación adecuada, lo que obstaculiza” su expansión anuncia el informe del club de los países más ricos.

Sin embargo, el proceso de innovación entre las grandes empresas y las de menores recursos son distintos. Para las Pymes, en general se busca aumentar su ventaja competitiva mejorando su producto, impulsada por la tecnología, y requiere tener el conocimiento especializado mediante patentes o licencias para poder agregar valor al producto.

En las grandes empresas, y muchas veces aquellas orientadas a la producción de commodities, como la celulosa, las compañías buscan su ventaja competitiva en otras áreas de funcionamiento de la organización, como operaciones, comercial, finanzas, marketing, entre otras. La innovación proviene de más de una fuente. En lugar de enfocarse en el producto, se generan innovaciones en el modelo de negocios.

Hay luces al final

Pese a todos, la región ya cuenta hace muchos años con distintas alianzas entre universidades y el sector empresarial, además del Gobierno, que resultaron en una infraestructura de excelencia para generación de nuevos conocimientos e innovaciones, como el Centro de Investigación en Polímeros Avanzados, el Centro de la Calidad de la Vivienda, la Unidad de Desarrollo Tecnológico, y el Centro de Biotecnología, que han sido protagonistas de los grandes avances en materia de investigación, formación de capital humano y de transferencia tecnológica. Los vínculos con el mundo empresarial se dan en áreas en las que se cuenta con capacidades establecidas, como la biotecnología, las industrias de los alimentos, de la construcción, la metalmecánica y el sector forestal, entre otros.

En este sentido, existen varios proyectos de desarrollo e innovación y de desarrollo de tecnología avanzada, desde la generación de piel sintética, de nuevas técnicas constructivas en madera y en plástico, de soluciones en materia energética, hasta las soluciones de emprendedores y empresarios aislados, que han creado desde casas armables y sistemas de aeronaves no tripuladas, hasta el desarrollo de alimentos. Es decir, la capacidad de innovar de la región claramente va en aumento.

Marcas pueden generar más valor que los productos

Cerca de 700 mil patentes son registradas por año en el mundo y, de ese total, poco más de 7 mil (1.4%) pertenecen a países subdesarrollados. Así, los países avanzados no exportan sólo productos, sino que tecnología, innovación y servicios con alto valor agregado.

Los derechos sobre la marca de un producto -que refleja una innovación- muchas veces son más valiosos que el producto mismo y obtener los derechos de comercialización puede resultar en un negocio muy rentable.

El costo de producción de una zapatilla Nike es de menos de 3% del producto. Menos de 4 dólares quedarán para las empresas fabricantes, en general instaladas en China, mientras que la empresa dueña de la marca se lleva el grueso del valor total del producto.

Lo anterior es un ejemplo muy elocuente de la importancia de la investigación, desarrollo de nuevas tecnologías, productos y servicios. La innovación, es decir, el cambio realizado para agregar valor a lo que vendemos, trae más beneficios económicos.

Patentes indican nivel de innovación

“El número de solicitudes de registro de patentes es uno de los indicadores de que hay capacidad inventiva y de innovación en el país”, dice el director del Instituto Nacional de Propiedad Industrial, Maximiliano Santa Cruz.

El número de patentes otorgadas anualmente en Chile a solicitantes nacionales bordea las 50, repartidas entre universidades, empresas y personas naturales. El ejecutivo considera fundamental que las innovaciones sean orientadas al mercado, que resulten en nuevos productos o servicios que puedan dinamizar la economía. Pero, advierte, no siempre eso ocurre y el sistema de registro de patentes ha mostrado que muchas veces la innovación puede no generar valor.

“Una patente lo que protege es un invento, una solución técnica, pero no obliga a transformar la patente en un producto y no necesariamente que tenga tal producto éxito en el mercado”, dice Santa Cruz.

Ese sistema ha generado críticas, con el argumento de que el registro de patentes, con la protección de la innovación o inventos asociados, sería un inhibidor de los procesos de innovación. Es decir, por estar protegida, se impediría el desarrollo de innovaciones para un producto, servicios o procesos productivos.

Pero, agrega el ejecutivo, la patente entrega muchos beneficios: “Es muy diferente ir al banco y decir que tiene una buena idea a decir que tiene una patente otorgada por el organismo competente del Estado, que le garantiza protección por 20 años”.

Maximiliano Santa Cruz agrega que el sistema de propiedad intelectual está diseñado para ofrecer beneficios de distintas formas. Para las Pymes, por ejemplo, sin la necesidad de invertir $1 millón para obtener una patente, se puede proteger las innovaciones con un “modelo de utilidad”, una especie de patente más sencilla, barata y con trámite mas corto.

Maximiliano Santa Cruz vino a Concepción a firmar un convenio con la Universidad de Concepción, de modo a generar mayor intercambio de información, formación de recursos humanos calificados, y la cooperación en el fomento y difusión de las actividades pertinentes de ambas instituciones.

PRODUCTOS

Innovar no necesariamente significa inventar nuevos productos o desarrollar nuevas tecnologías, puede tratarse del lanzamiento al mercado de productos con mayor valor agregado.

PRÁCTICAS

Innovar también puede corresponder a la aplicación de nuevas prácticas empresariales, procesos más eficientes, mejoras tecnológicas e implementar nuevas formas de distribución.

PROTECCIÓN

La patente es el derecho de transformar la innovación en un activo comercial. En Chile, el trámite tiene una duración promedio de 5.8 años.

LIDERAZGO DE UDEC

La Universidad de Concepción está en el tercer lugar en el país en solicitación de patentes, después de Codelco y Marisio, una empresa de suministros eléctricos.

SIN INNOVACIÓN

Chile tiene muy baja sofisticación de su estructura exportadora y escasa posibilidad de crecer aumentando la participación de mercado en exportaciones actuales.

Fuente: Diario de Concepción – 22 Agosto 2010

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