El hombre cazó guanacos en el páramo de Atacama

Arqueólogos hallan taller para fabricar flechas con una data de 12 mil años en la pampa del Tamarugal. El ciclo húmedo de fines del Pleistoceno sostuvo riachuelos y bosques de tamarugos donde hoy sólo existe el desierto absoluto.

Por Mauricio Silva

El sitio que una banda de cazadores escogió hace 12 milenios para fabricar sus flechas podría integrar al desierto más árido del mundo en las rutas del poblamiento humano del actual territorio chileno.

Un grupo del Centro de Investigación del Hombre en el Desierto (Cihde), de la Universidad de Tarapacá hizo el hallazgo en quebrada Maní, al sur de Matilla, una terraza hoy totalmente desprovista de vida en la pampa del Tamarugal.

A fines del Pleistoceno (época geológica que antecede al actual Holoceno y que duró hasta 10 mil años antes de Cristo) el lugar presentaba un aspecto muy distinto: pequeñas vegas sostenían bosquecillos de tamarugos y sauces nativos, o k’eros, que a su vez sustentaban una fauna de guanacos y roedores.

En 2007 fue publicado el hallazgo de vestigios fósiles de bosques que existieron en las quebradas del desierto de Atacama, lugar donde hace entre 17 mil y 12 mil años drenaban las copiosas lluvias que caían en la precordillera.

Una de estas quebradas, que hoy es desierto absoluto, guardaba otra sorpresa: la evidencia de que esos extintos ecosistemas también fueron habitados por el hombre. El arqueólogo Calogero Santoro y su equipo del Cihde hallaron en el lugar cuatro puntas de flechas triangulares y miles de piezas sobrantes de la manufactura de proyectiles. Rescataron un trozo de carbón proveniente del fogón donde estos cazadores calentaban el basalto y el sílex, su materia prima para confeccionar flechas, y hacerla más dúctil.

Los vestigios fueron enviados a Estados Unidos para su fechado y hace tres semanas el laboratorio de radiocarbono de la Universidad de California certificó su antigüedad: 12 mil años.

A partir de Monteverde, que derribó la tesis de que la cultura norteamericana Clovis era eje en el poblamiento de América, son varios los sitios arqueológicos en Chile que han arrojado fechas anteriores a los 12 milenios.

Pero el lugar del hallazgo, ubicado a mil metros sobre el nivel del mar, podría tener otras consecuencias. “Abona la idea de una ruta de poblamiento del actual territorio chileno a los pies por el desierto de Atacama hacia el sur. Por su clima inhóspito, por mucho tiempo se lo desestimó como posible vía de circulación de población temprana”, dice Santoro.

El experto en paleoambientes de la Pontificia Universidad Católica del Norte, Claudio Latorre, también trabaja en el proyecto. “Al tener vegetación, estas quebradas eran imanes para la fauna, una fuente de agua y pudieron haber sido lugares ideales para pequeñas bandas de cazadores-recolectores”, explica. “El agua no estaba ahí por aumento de lluvia sobre el desierto, que seguía árido, sino que sobre la lejana cordillera, al este”, agregó.

Para Santoro, la idea del desierto como ruta de poblamiento se refuerza con otros asentamientos humanos tanto o más antiguos registrados en el Norte Grande, como Tuina (Calama), San Pedro de Toconao y Punta Negra.

La quebrada de Maní sería el sitio más antiguo de San Pedro de Atacama al norte y el ubicado en pleno desierto absoluto.

Fuente: El Mercurio – 12 Octubre 2010

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