El método científico y el 11 de septiembre (el gringo).

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El 11 de septiembre del 2001 será recordado por siempre como el día del atentado contra las Torres Gemelas y el Pentágono. Y al acercarse una nueva conmemoración de los sucesos, me parece la ocasión ideal para discutir sobre la terminología que ocupamos en el método científico. ¿Qué tiene que ver? Partamos por recordar que desde el 2001 hasta hoy, en la historia oficial persisten varios cabos sueltos que han permitido la proliferación de numerosas teorías de conspiración. Y acá es donde cualquier científico debe detenerse un instante para preguntarse ¿Entendemos todos lo mismo por la palabra teoría?

En el hablar coloquial, la palabra teoría suele utilizarse como sinónimo de “suposición”, es así como carabineros “maneja la teoría de que el sospechoso ha salido del país”, o nuestros periodistas de espectáculos tratan de explicar un posible amorío diciendo “Yo tengo una teoría…”. En ciencias, a diferencia del lenguaje común, la palabra teoría no es una suposición, de hecho es la forma más robusta que el conocimiento científico puede adquirir y proviene de haber puesto a prueba una hipótesis (la cual es la real suposición). Cuando el método científico valida un conjunto de hipótesis que forman parte de un cuerpo importante de conocimientos, estas se pueden transformar en una teoría, como lo son hoy la teoría atómica o la teoría de la evolución.

Por lo tanto, si queremos abordar científicamente la pregunta sobre qué sucedió realmente el 11 de septiembre del 2001, no podemos pensar en la teoría de que al Pentágono le llegó un misil crucero o la teoría de que las torres fueron demolidas por un “inside job”,  pues estas son solo especulaciones y caen perfectamente dentro del concepto de hipótesis.

 

Un segundo punto es el concepto de la palabra escéptico, que en el hablar coloquial típicamente se refiere a no creer en algo. Es así como quienes no creen en la historia oficial y defienden la idea de que las torres se cayeron porque fueron demolidas mediante explosivos, se hacen llamar, con orgullo, escépticos.

Hay que decirlo, para un científico es fundamental ser escéptico, pero esto no significa no creer, pues en este acto inmediatamente el científico tomaría parte por uno de los posibles resultados de su investigación, lo cual es un error metodológico. En palabras simples, si yo quiero averiguar qué pasó ese día y asumo que alguien organizó un montaje para botar las torres y que eso parezca un atentado, estoy precisamente creyendo que cierta hipótesis es una verdad absoluta y terminaré, consciente o inconscientemente, reportando solo los datos que avalen tal postura.

En suma, ser escéptico es no tomar parte por uno de los posibles resultados de mi investigación antes de ponerlos a prueba, es decir, hago las pruebas y luego veo hacia dónde me llevan, en vez de ver “dónde quiero llegar” y luego buscar las pruebas que me avalen.

 

En opinión personal y dado que me gusta ser escéptico, así como valorar más las teorías que las hipótesis, no puedo aceptar automáticamente la hipótesis oficial hasta que me la prueben.

 

Carlos Salazar Morey.

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