Entablando puentes entre ciencia, sociedad y gobierno

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Esta columna la escribo desde el corazón. Un tema que siempre me ha motivado, como científico, es la escasa valoración que existe por parte de la ciudadanía, en general, por la actividad del científico (y tratar de contribuir a cambiar esta realidad). Esta afirmación no es infundada; un estudio a nivel Iberoamericano realizado en siete ciudades (Santiago, Sao Paulo, Bogotá, Caracas, Madrid, Buenos Aires y Ciudad de Panamá), demuestra que en nuestra capital es donde existe la menor valoración de la ciencia, evaluada en términos de la importancia que la gente asigna a la ciencia (qué tan prioritaria es la investigación científica) y, más directamente, respecto del valor del científico como profesional. Los números asombran: mientras en las demás ciudades, una parte importante de los encuestados opinar que la inversión en investigación científica es prioritaria, en Santiago el 100% respondió que “No”, lo que sorprendió a los encargados del estudio. Lejos, las peores cifras del estudio corresponden a nuestra capital.

También llama la atención la imagen un poco fantasiosa e idílica que los santiaguinos tienen de los científicos. Más de la mitad de los encuestados opina que la profesión de científico “es gratificante en lo personal” (69.6%), “bien remunerada” (54.6%) y “muy atractiva” (55.1%) (para más datos, pueden revisar aquí la noticia). Si bien es una profesión gratificante, no lo es precisamente por las remuneraciones, ni menos por la valoración ciudadana.

¿Por qué se produce esta distorsión de la valoración de la ciencia y de los científicos en nuestro país? Me atrevo a creer que existe una creencia generalizada respecto a que la ciencia chilena produce un escaso o nulo aporte a la calidad de vida de los chilenos, apreciación que es compartida con otros países respecto a sus propios científicos, por lo demás. La gente clama por aportes más concretos, más tangibles. Aportes que, para la gran mayoría, debieran materializarse en un menor costo de vida, especialmente en momentos de crisis económica. La velocidad a la que avanza el conocimiento científico no es la misma a la que dichos avances se traducen en productos o mejoras concretas. Un ejemplo comúnmente citado, desde el mundo de la biomedicina, es cuándo el enorme avance en el conocimiento sobre el genoma humano y los genes se traducirá en la cura para el cáncer o para otras enfermedades igualmente comunes como la diabetes.

Esta imagen de una ciencia que no traduce el avance en el conocimiento en avances tangibles, puede estar equivocada. Hoy podemos pronosticar el riesgo de que una persona desarrolle determinadas enfermedades, mediante tests genéticos. Una persona puede cambiar su alimentación, estilo de vida, de acuerdo a dicha información. Se puede diagnosticar con rapidez ciertas enfermedades que antiguamente (sólo hace 10 años) no eran siquiera de la sospecha de un médico. Queda por resolver, por cierto, que estos avances estén disponibles para toda la población y no sólo para una elite, pero este punto no depende sólo de la ciencia.

Gran parte de la culpa de la ruptura entre el mundo de la ciencia y el mundo de la sociedad se da porque no existe una adecuada comunicación de parte de los científicos de los logros y avances que ellos realizan. El principal instrumento por el cual el científico da a conocer los resultados de su trabajo es el denominado “artículo de investigación” (o “paper”). Es un método que existe hace cientos de años, y otorga la ventaja de que es sometido a revisión exhaustiva por pares científicos (proceso que puede tardar incluso años), para asegurar la veracidad de la información entregada. El problema radica en que los artículos de investigación, al ser escritos en un lenguaje de alta complejidad técnica, no pueden ser asimilados en su totalidad por gente fuera del área científica. Por lo mismo, y comprendiendo la necesidad de acortar esta brecha, algunas revistas científicas o centros de investigación exigen como requisito que los investigadores hagan un esfuerzo por comunicar sus hallazgos en un lenguaje más accesible, en medios de prensa como revistas, diarios, radio o televisión. Sin embargo, ahí encontramos un segundo problema: por más que yo intente, como científico, comunicarme con un medio de comunicación, los avances científicos no forman parte del mainstream, quedando sepultados bajo el rating y la bonanza que ofrecen programas de farándula y variedades. Ni siquiera los noticieros nacionales dan una adecuada cobertura a la actividad científica nacional, aunque dedican extensos minutos al último choque de la última estrella de la farándula criolla. Los programas chilenos de TV con contenido científico se cuentan con los dedos de una mano, y no poseen la difusión ni programación apropiadas.

Las autoridades deben dar el primer paso. Valorar el trabajo del científico, e incorporarlo en la discusión de políticas públicas. Por ejemplo, ayer escuchaba en TV a un experto en seguridad en transportes decir que existen publicaciones científicas que demuestran que los buses de dos pisos son más inseguros. Si es así, y las cifras demuestran que dichos buses son mucho más inseguros que los tradicionales, las autoridades deben tomar medidas más extremas. La literatura científica está llena de publicaciones que demuestran hechos de extrema sensibilidad pública: artículos que demuestran que las represas emiten gases invernaderos, artículos que demuestran que los alimentos transgénicos no producen más alergias que los convencionales, salvo escasísimas excepciones que se encuentran extremadamente bien documentadas también en artículos científicos, artículos que demuestran que ciertos niveles de contaminantes producen graves daños a la salud, artículos que demuestran que poblaciones que viven alrededor de determinadas empresas “molestas” desarrollan niveles mucho mayores de algunos tipos de cáncer, y así. Existen científicos que son verdaderos expertos en áreas del conocimiento, pero que no son convocados a la discusión de políticas públicas.

La autoridad también debe dar un paso hacia una mejor valoración de los científicos, otorgándoles un trato más adecuado. Los innumerables retrasos, problemas, cancelaciones y más retrasos que sufren los becarios de Conicyt cursando postgrados nacionales, demuestran que la prioridad de las autoridades no es fomentar la formación de científicos (que forman gran parte de dichos becarios). Tampoco la institucionalidad científica en nuestro país está en sintonía con la importancia que la investigación científica y tecnológica debe tener. De los 34 países miembros de la OCDE (organización a la cual Chile pertenece), más de dos tercios poseen un Ministerio de Ciencia y Tecnología (o un Ministro de Ciencia y Tecnología), algo que acá pareciera un sueño lejano para la comunidad científica. Sólo otros dos países OCDE poseen una organización del rango que Conicyt posee. Mientras las autoridades no impulsen una mejora sustancial en institucionalidad, trato al investigador, y financiamiento de la actividad científica, difícilmente la ciudadanía apreciará los valiosos aportes de la ciencia. Debemos recordar que vivimos en un enorme planeta, pero cada enfermedad nueva, cada catástrofe climática, cada invento tecnológico, nos afecta, y muchas veces nuestros avances se complementan con los desarrollados en otros países o, viceversa, nuestros aportes, por pequeños que parezcan, pueden ser la base para que otros investigadores lleguen a un nuevo avance. La ciencia es comunitaria por definición, y entender esto es importante para valorar adecuadamente los avances científicos y el aporte que nosotros podemos hacer a la sociedad.

(*) Texto publicado por El Quinto Poder.cl

Autor:

Pablo Astudillo
Ingeniero en biotecnología molecular de la Universidad de Chile.
Candidato a doctor, Doctorado en Ciencias Biológicas, Pontificia Universidad Católica de Chile

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2 comentarios sobre «Entablando puentes entre ciencia, sociedad y gobierno»

  1. Querido Pablo,

    Gracias por tu comentario.
    Mencionas en varias oportunidades la palabra “autoridades” por lo que me gustaria entregar esta pregunta: ?son las autoridades que elegimos las idoneas para generar un cambio positivo en la percepcion de la gente acerca de la ciencia?
    En un caso extremo, y talvez bastante inocente, si en Chile el 51% de la poblacion votante fuera conformada por cientificos, ?cual crees tu que seria el color politico de la actual jefatura de gobierno?. Azul? o verde-amarillo-naranja-rojos?.
    Tengo la profunda esperanza de que no seria un gobierno Azul, ya que ellos son parte del movimiento de neoliberalizacion globalizadora imperante: creen que la libre competencia es el pilar economico de los paises y el motor regulador de instituciones, empresas y personas, asi como de la cantidad como calidad de estas.
    El dinero es el fin y sus metas son a corto plazo, lo importante es producir, casi sin pensar en futuras consecuencias (desde las medioambientales hasta eticas). La educacion se ve como un negocio. Un ejemplo de aquello es como la autoridad inicio el proceso de municipalizacion en los 80s que pavimento el piso a la consecuente privatizacion del sistema educativo y creacion de instituciones educacionales superiores (sin restricciones) a partir de finales de los 80, principios de los 90 en adelante. Esto aumento la cantidad de profesionales, incluso algunos con profesiones inverosimiles, los que no son absorbibles por la sociedad, siendo estos lamentablemente de baja calidad y adaptandose a trabajos ajenos a las areas del cual en principio fueron entrenados, muchos de ellos estan frustrados.
    Dicho sea de paso, respecto a esto ultimo, la generacion de PhDs en Chile no escapa a esa realidad. Posiblemente algun dia estallara la olla (como dijo una vez mi abuelita) a no ser que el vapor se vaya a otros paises ya desarrollados, como esta ocurriendo. Por supuesto que esa no es materia de este comentario, fue solo un parentesis.
    Las autoridades de nuestro pais se eligen democraticamente y la gente opta por aquellos que creen (prometen) que son los mas capacitadas para esos cargos. Mi tesis es que el mecanismo que hace que una persona elija a este u otro politico-candidato (a presidente, parlamentarios, alcandes y consejales) esta influenciada por su nivel educacional. Cuando la educacion valora, muestra y ensena humanidades (filosofia, artes, ciencias, deporte, lenguas e HISTORIA), la percepcion de mundo cambia. No estoy hablando de superar la pobreza (material) sino de ser felices. Pero eso es materia de largo plazo y que no entrega valances en dinero a corto ni a mediano plazo.
    Ademas de todo lo que hace ANIP por el bien de Chile y su honra, que es excelente (sigan asi adelante, los felicito), se podria nada mas que dar un voto con (mucha) conciencia. Por lo tanto y con mucho respeto a cada uno de sus integrantes, pregunto: ?Que pasaria si para la siguiente campana presidencial, el o la presidente de la ANIP se pone los pantalones o la falda y da a conocer su apoyo politico a un candidato no Azul? Digo explicitamente, NO-AZUL. Asi como lo han hecho abiertamente algunos presidentes de estudiantes de distintas universidades tradicionales e incluso privadas.
    Volviendo otra vez al tema, ?porque si las publicaciones chilenas son citadas tanto o incluso mas que en Japon y que incluso el resto de los paises latinoamericanos, los santiaguinos dicen que no vale la pena invertir en ciencia?? Acaso eso se debe a que existe un mayor numero de PhDs (que no teniendo mas campo laboral y terminan) en las salas de clases en los paises latinoamericanos pero no en las de Santiago?. ?Acaso no fueron suficientes en Santiago la creacion de tantos centros educacionales superiores que no fueron capaces de entregarle a los santiaguinos una percepcion mas optimista de la ciencia o que fundamente su actividad (existencia)? O es que acaso el santiaguino esta frustrado? Nuevamente, ?la pregunta del entrevistador les pillo mal parados o es que no la entendieron? O quiza el entrevistador no pudo explicar o formular, in situ, bien la pregunta (tambien debido a esa mala educacion)? Son necesarios mas y mas PhDs de manera de aumentar en un 1000% el conglomerado de ANIP, asi como PhDs en las mesas editoriales-directivas de los canales de television, para asi poder influir en la mentalidad de la autoridad y la percepcion que tiene el santiaguino TV-adicto de la ciencia ??

    Siendo honesto, me salio del corazon Pablo.

    Saludos,

    Frano

    PD: disculpe las faltas de ortografia.

  2. El doctorando Pablo Astudillo tiene gran razón en lo que dice, y para mí este siempre ha sido un tópico de investigación que me gustaría desarrollar, el “cómo aprecia la gente la ciencia y cómo le llega (si le llega)”, pero no es menos cierto que nosotros, los científicos, debemos hacernos un mea culpa y reconocer que las instancias para que la población reciba nuestros descubrimientos son escasas. Como gran valuarte en esta línea puedo mencionar el programa EXPLORA-CONICYT, pero es claro que esto es insuficiente si realmente queremos acercar la ciencia a nuestra gente. La crea-acción de un Ministerio de Ciencia y Tecnología, debe ir de la mano con el interés y las propuestas que tenemos los científicos por cerrar esta brecha comunicacional.

    Dr. P. Flores Morales
    Universidad de Barcelona
    España

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