Kay-kay Vilu vs. Tren-tren Vilu

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Fotografía: Carola Espinoza

27 de febrero, los primeros rayos del sol anuncian la llegada de un amanecer que difícilmente podrá ser olvidado por nosotros los chilenos, en especial por la gente de Concepción. Han transcurrido tan sólo unas pocas horas desde el primer sismo y con la luz del día comenzamos a dimensionar lo ocurrido. La ciudad no tiene electricidad ni agua, los teléfonos no funcionan, muchas construcciones están en el suelo y el intenso humo negro que se visualiza en varios sectores de la ciudad advierte de incendios que aún están en marcha. La falta de información nos preocupa, no se sabe mucho respecto al epicentro ni intensidad del terremoto, ante mi preocupación un vecino me dice seguro “no existe alarma de tsunami, me lo dijo un bombero”. Ya más tranquilo y después de preparar una mochila con algunas cosas decido encaminarme hacia la universidad, quiero evaluar el estado de nuestro laboratorio, particularmente de los congeladores que almacenan gran parte de las muestras colectadas por nuestro grupo en más de 4 años de trabajo. Al llegar a la Universidad, no pude evitar quedarme largos minutos observando estupefacto como la Facultad de Ciencias Químicas ardía hasta sus cimientos, el escenario era dantesco. No obstante, más tarde al llegar a mi objetivo fue grata la sorpresa al encontrar mi laboratorio en pie junto a varios de mis compañeros que habían acudido con el mismo propósito. Como algunos de ellos habían logrado recopilar más información respecto a lo ocurrido, mientras coordinábamos las labores y trabajamos, también conversamos.

A pesar de los esfuerzos, nos fue imposible mantener la cadena de frío que preservaba nuestras muestras; el combustible que teníamos alcanzó para alimentar el generador tan sólo algunas horas y el caótico escenario de la ciudad nos impedía conseguir más. Después de quemarse la última gota sólo nos quedó cruzar los dedos y esperar la restauración del suministro eléctrico. Por otro lado, con el paso de las horas comenzaron nuestras dudas respecto a las declaraciones que escuchábamos a través de radio Bio-bio, la única emisora que estaba transmitiendo. Como Biólogos Marinos, Oceanógrafos y Geofísicos discutíamos acerca de las contradicciones de la información que recibíamos respecto al origen marino del sismo, su intensidad y el descarte total de la alarma de maremoto. Se hablaba de mareas altas y zonas inundadas pero no se mencionaban grandes olas ni daños provocados por éstas. Ante la duda, comenzamos inmediatamente a organizar un equipo que pudiera llegar a Dichato, era imprescindible ya que ahí también teníamos laboratorios, muestras, equipos y amigos.

Antes de salir de Concepción y a pesar de que aún no escuchábamos una versión oficial del gobierno ni de la armada, en la radio ya se hablaba de un maremoto que habría afectado seriamente a las localidades costeras de la región. No pasó mucho tiempo antes de confirmar esta información, camino a Dichato y aún a varios kilómetros de la costa, nos encontramos con una embarcación pesquera de alrededor de 18 metros varada a un costado del camino. A pesar de este vaticinio, al llegar a Dichato la situación nos enmudeció por varios minutos, no estábamos preparados para lo que vimos. Salvo en su zona más alta, la hermosa aldea pesquera que recibió por tantos años a nuestra comunidad de investigadores y estudiantes estaba totalmente destruida.

Fotografía: Fernando Saenger

El escenario parecía extraído de una película de guerra. Al transitar por el pueblo en busca de nuestros amigos, era habitual cruzarse con embarcaciones, peces, casas, autos, equipos oceanográficos, animales muertos, contenedores, etc. No tardamos mucho en percatarnos de que el destino de nuestra estación de biología marina no había sido distinto al del resto del pueblo; la mar aquella madrugada había decidido cobrarles a todos por igual. De la recientemente remodelada L/C Kay-Kay, nuestra lancha, tampoco tuvimos pistas hasta que finalmente logramos dar con nuestra gente. Después de abrazos y lágrimas nos contaron acerca de como habían escapado hacia la zona más alta del pueblo, también nos informaron que Kay-Kay había sido arrastrada por las olas y se encontraba varada sobre un cerro en las cercanías de Dichato. Ni la mítica serpiente mapuche había logrado escapar de la fuerza de su enemigo terrestre: Tren-Tren vencía nuevamente. En ese momento todos concordábamos en que costaría mucho esfuerzo recuperar lo perdido. Sentíamos que después de aquella mañana, la oceanografía en Concepción comenzaba a vivir su periodo más incierto.

Post Scriptum
Se estima que las pérdidas sufridas por la Universidad de Concepción alcanzarían cerca de los 50 millones de dólares. Sin embargo, este cálculo incluye sólo el daño en materia de infraestructura, principalmente aquel que sufrieron la Facultad de Ciencias Químicas y la Estación de Biología Marina en Dichato; hasta la fecha no se han realizado estimaciones de las pérdidas en patrimonio intelectual y cultural de esta institución. Tampoco se han evaluado correctamente los efectos emocionales que los acontecimientos del pasado 27 de febrero tendrán en las más de 20.000 personas que conforman la población universitaria local. Hasta hoy las únicas medidas implementadas por las autoridades para reactivar la actividad académica y científica, se basan en la apertura de concursos para estadías cortas en laboratorios nacionales y extranjeros. También, para que aquellas personas de postgrado que dejaron de percibir fondos por suspensión de becas, proyectos, etc., se está ofreciendo la alternativa de postular a las becas de emergencia que administra la JUNAEB, las cuales le otorgan a los beneficiados un total de 30.000 pesos mensuales ¿Son estas medidas adecuadas para enfrentar una catástrofe de esta magnitud? Juzguen ustedes mismos.

Autor:

Juan Francisco Santibáñez
Biólogo Marino, UdeC
Doctorando en Oceanografía, UdeC

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Un comentario sobre «Kay-kay Vilu vs. Tren-tren Vilu»

  1. Supe que ademas de varar fue saqueada, espero que pronto recuperen su embarcación para que no se interrumpa la noble tradición oceanológica de la U de Conce, cuando chico admiraba la Lund, y me imaginaba navegando a explorar la mar.
    fuerza chiquillos!
    jano Ramírez dichatino de corazón
    doctorado en sistemas marinos U antofagasta

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