La precaria gestión de la ciencia que ningún gobierno ha cambiado

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El 17 de septiembre de 2013, José Miguel Aguilera, Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas 2008, renunciaba a la presidencia de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt), luego de tres años al frente de la institución más importante en el fomento científico del país.

La decisión causó sorpresa. Su gestión había destacado por conseguir mejoras en el financiamiento. El presupuesto 2013, por ejemplo, fue 69% superior al de 2012, el que, a su vez, había sido 22% más alto que en 2011. Pero para cuando debía discutirse el último presupuesto de su gestión, correspondiente a 2014, Aguilera ya no estaba. El monto asignado fue 274,5 mil millones, 3,3% más que en 2013, según un análisis de la vicerrectoría de investigación y desarrollo de la U. de Chile. La cifra implicaría menos proyectos nuevos adjudicados en comparación a 2013.

Aguilera -que tras su salida no hizo declaración oficial sobre la razones- ahora explica a La Tercera que “el ciclo administrativo anual de Conicyt se completa con la presentación al Ministerio de Educación (de quien depende el organismo) de una proposición de presupuesto para el año siguiente. Realizado esto en septiembre, decidí reincorporarme a mis actividades académicas. Cualquier otra interpretación es antojadiza e infundada”.

El caso de Conicyt, sin presidente oficial desde hace ocho meses, se ha convertido en símbolo de la escasa prioridad que el tema científico ha tenido en todos los gobiernos.

El bajo presupuesto para las ciencias es otra muestra . La inversión de Chile en I+D en 2012 fue 0,35% del PIB. En promedio, la Ocde (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, a la que Chile pertenece) gasta el 2,4%. Corea del Sur, el 4,4%. Es la inversión más baja de la Ocde, aún más considerando que el PIB de Chile es también uno de los más bajos del grupo. A pesar de ello, la ciencia chilena es bien evaluada internacionalmente y tiene “excelentes indicadores de productividad científica y eficiencia en el uso de recursos, respecto a Latinoamérica”, dice Aguilera.

En el país hay más de 10 mil investigadores (2012) y 20 mil chilenos trabajan en actividades de I+D. “Por tamaño de población, Chile es el más productivo de América Latina, tanto en cantidad como calidad de publicaciones”, dice Fernando Lefort, decano de la Facultad de Economía y Empresa de la U. Diego Portales (UDP). Según el ranking de SCImago, entre 1996 y 2012 los chilenos publicaron 68.974 artículos científicos.

Institucionalidad fragmentaria

El año pasado, la comisión Philippi, formada -a petición del gobierno de Sebastián Piñera- por expertos de múltiples sectores, concluyó que la estructura orgánica del sistema nacional de ciencias, tecnología e innovación tiene un ordenamiento “disperso y fragmentado, en el cual no es posible identificar con claridad un esquema que conduzca a la coherencia en la toma de decisiones, y a la eficiencia en el uso de los recursos, tanto públicos como privados. Lefort, parte de la comisión, explica que “la estructura ejecutiva en temas científicos e innovación está desperdigada en cinco o seis agencias y todas dependen de algún ministerio. Conicyt es parte del Mineduc, y no es prioridad allí, como no lo son Innova y Milenio en Economía”, dice.

Eso también afecta al presupuesto, que no se realiza desde la perspectiva del sistema como un todo.

Por todo ello, la comisión recomendó crear un Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación Superior (ver nota secundaria), proyecto de ley que Piñera envió antes de finalizar su mandato, pero del que hoy no se sabe qué ocurrió. Ni siquiera está entre los proyectos descartados por el actual gobierno.

El caso Conicyt

Aguilera asegura que la institución se ve limitada por la administración del Estado, “que no reconoce que la gestión de la investigación científica debe ser ágil y basada en criterios de largo plazo”. Según el ex presidente de Conicyt, esto no se soluciona con un ministerio, sino que con una política para la ciencia y la tecnología.

“El problema de Conicyt está linkeado con la institucionalidad. Conicyt es el que tiene menos peso en el Mineduc, su situación es precaria y ningún gobierno le da la importancia que requiere”, dice Cristian Undurraga, directivo de la Asociación Nacional de Investigadores de Postgrado (Anip).

Iván Salinas, investigador postdoctoral en la U. de Arizona, agrega que la crisis se explica, en parte, por la presión política que se ha puesto sobre la idea del conocimiento como bien transable, cuya acumulación llevaría a un nuevo ‘estadio de desarrollo’ para Chile. “Estas presiones han hecho reventar las capacidades administrativas de Conicyt”.

Hoy María Elena Boisier, ex directora de Fondecyt, es la presidenta subrogante de la comisión, además de su directora ejecutiva, quien se ha encargado de solucionar parte de los problemas de la institución, como los reclamos por atraso en el pago de los becarios -para muchos su sueldo- y la inhabilitación de algunos investigadores de posgrado por el atraso en la entrega de sus títulos. Si bien el presupuesto 2014 no cambiará, ya solicitó a la Dirección de Presupuestos modificar el texto de la Ley de la institución, para redestinar montos y no bajar el número de proyectos Fondecyt.

Devolver el consejo a Conicyt

 

Conicyt fue creado en 1967 para asesorar al presidente en el planeamiento, fomento y desarrollo de las investigaciones científicas. Según un decreto de 1971, su dirección sería un consejo dirigido por el presidente de la comisión y conformado por otros 12 representantes, entre ellos, un vicepresidente y secretario ejecutivo, representantes de la Presidencia de la República y el Mineduc, entre otros asesores.

Pero en 1973, el régimen de Pinochet eliminó el consejo y dejó toda la responsabilidad en el presidente de la comisión. Así ha funcionado hasta hoy, a pesar de que la comunidad científica lleva años demandando su restitución. “Una institución sin presidente que la maneje es importante, y más aún en el caso de Conicyt, porque desde 1973 que no funciona el consejo que asesora al Presidente de la República. Hemos intentado cambiarlo desde hace años y hay consenso en que se tiene que hacer”, dice Jorge Babul, presidente del Consejo de Sociedades Científicas.

El actual gobierno, a través de la división de Educación Superior del Mineduc, pretende restituir el consejo, para reforzar la comisión.

 

Fuente: La Tercera, 1 de Junio 2014

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