Libro revive fauna terrestre posterior a los dinosaurios

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Mamíferos fósiles chilenos. Algunos son antepasados de los cuyes, guanacos y chinchillas actuales. Otros se extinguieron sin dejar descendencia.

Por Richard García

Monos, elefantes y jaguares son una fauna que a priori cualquier persona asociaría a la selva tropical.

Pero la evidencia fósil indica que hace unos 32 millones de años también vivieron en Chile, pero en uno muy diferente al actual. La cordillera de los Andes apenas se empinaba por sobre los mil metros, y amplias llanuras y pastizales comunicaban lo que hoy es la zona central de Chile con la extensa Pampa argentina, permitiendo el libre tránsito de especies.

Parte de esta prehistoria y la de sus protagonistas es la que cuenta el libro Mamíferos Fósiles de Chile, del explorador y paleontólogo Gabriel Carrasco.

A través de 326 páginas y 80 reconstrucciones, presenta un completo panorama de los animales que desde hace 65 millones de años conquistaron los distintos ambientes del planeta.

El libro pone énfasis en los descubrimientos realizados en la cordillera central entre 1988 y 2001, en lo que se conoce geológicamente como la Formación Abanico, y que se extiende desde las inmediaciones del Cajón del Maipo hasta Chillán. La información obtenida por científicos del Museo de Historia Natural de Nueva York y el Museo Field de Chicago, apoyados por especialistas chilenos, ha permitido terminar con una brecha de información respecto de las especies que habitaron esa zona.

Una de las estrellas es el Chilecebus carrascoensis. Se trata del más completo cráneo fósil de mono encontrado en Sudamérica y también uno de los más antiguos. Data de hace 20 millones de años, y lo encontró el propio Carrasco en 1994 en el sector del río Las Leñas, durante el proyecto Paleógeno de América del Sur. “Apenas sobresalía de una gigantesca roca que había caído de la parte alta de la cordillera”, recuerda.

En el sector de la Laguna del Laja vivió el Neoremys, un roedor parecido al cuye, pero de patas más largas y del que todavía sobrevive su pariente -el agouti-, en el norte argentino, y el Eocardia, también roedor, muy parecido al capibara y también al cuye.

En las inmediaciones de lo que hoy es el volcán Lonquimay vivió el nesodonte, un imponente hervíboro de dos metros semejante al bisonte, pero sin pelos.

En el extremo austral fueron frecuentes el oso y el jaguar patagónicos. Este último no se diferenciaba mucho de sus descendientes. Pero el gran predador era el tigre dientes de sable (Smilodon populator).

La publicación también aborda los hallazgos de otras regiones. En el norte, los más destacados han tenido lugar en Chucal, al interior de Arica. Allí aparecieron restos de una especie de mesodonte, conocida como Altitypotherium o typoterio del Altiplano, extraño animal con una forma a mitad de camino entre roedor y elefante, con dientes largos y garras. Afortunadamente era hervíboro.

Fuente: El Mercurio – 16 Mayo 2010

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