“Los jóvenes porfían por hacer ciencia, Chile hace todo por alejarlos de ella”

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Jorge Babul, de la Comisión Ciencia para el Desarrollo de Chile:
“Los jóvenes porfían por hacer ciencia, Chile hace todo por alejarlos de ella”
Evalúa la idea de un Ministerio de Ciencia y Tecnología y respalda las prioridades de la Presidenta en torno al tema. “No hay desarrollo si se descuida el bienestar de las personas”, advierte.

Por Rebeca Araya Basualto

No es fácil entrevistar a Jorge Babul Cattan (73 años, 4 hijas). Se escapa de las preguntas para mostrar las relaciones entre lo cotidiano y lo científico; entre el arte, Twitter, la prensa y el interés de la Presidenta por incentivar la ciencia, “aunque no sé sí su equipo político la acompaña”, confidencia.

Le indigna que los jóvenes científicos, tras años de estudios, ganen en Chile menos que muchos funcionarios de corta data en el Estado y que sus empeños por avanzar en el mundo académico queden atrapados en una maraña burocrática, la cual “gestiona mal fondos asignados para la formación de postgrado y la investigación científica. Las instituciones y programas avanzan a partir de acierto y error, desincentivando a quienes buscan apoyo del Estado para generar conocimientos que el país necesita”.

Doctor en Bioquímica, profesor de la Facultad de Ciencias y director del Programa Académico de Bachillerato de la U. de Chile; encabeza el Consejo de Sociedades Científicas y es uno de los 35 designados por la Mandataria para integrar la Comisión de Ciencia para el Desarrollo de Chile, que en junio entregará una propuesta que podría establecer las bases para el Ministerio de Ciencia y Tecnología.

“La Presidenta Bachelet, al darnos el vamos, nos dijo: «Quiero una proposición razonable para poder integrarla en el presupuesto del 2016; una estrategia que motive especialmente a los jóvenes hacia la investigación en ciencia y tecnología y bases de una política implementable por un Ministerio del ramo, para que la ciencia influya en el desarrollo del país»”.

El 2008, en su primer gobierno, la Mandataria creó el Fondo Bicentenario de Capital Humano: programa de becas a cargo de Conicyt, destinado a la formación de 30 mil especialistas en una década. Siete años después, las noticias recientes sobre ese fondo no son buenas.

—El fondo originó el Programa Becas Chile, que partió sin consultar a las universidades, académicos e investigadores y sin una planificación de largo plazo sobre en qué áreas necesitamos postgraduados y para qué. Por eso persisten hasta hoy en la prensa los reclamos de postulantes por cambios arbitrarios en las reglas de postulación. Esos reclamos evidencian la ausencia de una mirada estratégica para gestionar fondos que, inicialmente, fueron del orden de $ 80.000 millones, distribuidos en becas dentro y fuera de Chile. Además, no se pensó la reinserción laboral de quienes obtuvieron sus doctorados o magísteres con cargo a esos recursos. Dos problemas que hasta hoy, a mi juicio, no están bien resueltos

¿Es una especie de Transantiago en el ámbito de la ciencia?

—Peor. Hablamos de proyectos de vida. Suponga que alguien elige ser científico y, para lograrlo, se propone alcanzar las condiciones establecidas por las bases de un concurso de becas que le permite avanzar en esa carrera. Y, al momento de postular, constata que esas bases cambiaron. Ese proyecto de vida se ve truncado. Así pasa anualmente con las bases de Becas Chile.

Porfía de los jóvenes

Sobre la intervención, en octubre pasado, de la Unidad de Educación del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) a raíz de la exigencia de devolver el monto de sus becas e inhabilitación de 1.400 becarios de Conicyt y Becas Chile, en función de retrasos en la entrega de sus tesis de postgrado o temas administrativos en el cierre de sus procesos académicos, Babul señala: “Es un castigo absurdo. Una beca no es un préstamo, sino que un premio a quien muestra un desempeño excepcional. Los países invierten en ellas, pues la oportunidad de generar conocimiento o académicos del mejor nivel justifica largamente el aporte económico a la formación de esas personas. Producir una tesis de postgrado es un duro trabajo, sujeto a todos los imprevistos que supone generar conocimiento y un retraso razonable es previsible. Todos los casos de inhabilitados que conozco están en el contexto que menciono.

Esta historia se remonta al año 2010, bajo el gobierno del Presidente Piñera, y el único avance a la fecha es que Conicyt precisó al INDH que los afectados son 1.400 personas.

—Entiendo que la situación finalmente estaría resuelta y la resolución en espera de firma de la Presidenta. Ojalá eso se produzca pronto. Hasta hoy, tanto entre estos estudiantes con sus carreras interrumpidas por esta arbitrariedad burocrática, o analizando los datos que me hizo llegar la organización “Científicos con Contrato”, veo con vergüenza a jóvenes que porfían por hacer ciencia, aunque Chile hace todo lo posible por alejarlos de ella.

Políticas públicas

Conicyt se creó en 1967 y Becas Chile, 41 años después. Ni uno ni otro aparentemente “dan el ancho” para incentivar la investigación en ciencia y tecnología en función del desarrollo nacional. ¿Por qué crear un ministerio para el tema podría lograrlo?

—Estamos considerando partir con una comisión de alto nivel, con rango ministerial, para avanzar en un camino con metas precisas que conduzcan a un ministerio como punto de llegada, no de partida.

He buscado asesoría de personas con experiencia política y en materias económicas, para contrastar mis puntos de vista con experiencias en el Estado. Hay países en los cuales el tema no se aborda desde un ministerio. Estoy sopesando aspectos técnicos y otros de nuestra cultura para definir mi posición. Considerando nuestra cultura me pregunto, por ejemplo: ¿Habrá respaldo para el presidente de una comisión de alto nivel a la hora de gestionar presupuestos? ¿Pesará más el cargo o la propuesta?

Chile realiza una baja inversión (0,39% del PIB) en ciencia, menos que el promedio de los países de la OCDE (2,4% ). Y lo poco que destinamos, lo gestionamos mal. ¿Podemos corregir eso?

—En cuanto a recursos humanos, en efecto lo hacemos mal. No veo relación entre el presupuesto destinado a formar científicos y algún indicador que dé sentido a esa inversión. Respecto de investigación y producción de publicaciones científicas, las cifras son mucho mejores.

¿Qué aportaría un Ministerio de Ciencia y Tecnología al país?

—Insertar científicos en el debate de las políticas públicas permitiría, por ejemplo, incorporar nuestra óptica en temas como: ¿qué haremos con el litio; las políticas pesqueras y la protección de recursos naturales? O, mirando un futuro que ya está encima: ¿cómo abordaremos la escasez hídrica; el deterioro del medio ambiente o el cambio climático? El camino que sigue un país hacia el desarrollo depende de cómo defina esa palabra. ¿Es más desarrollado el país con más industrias y empresas? ¿El desarrollo se mide con indicadores económicos? ¿Y la gente? ¿Dónde se considera su bienestar cuando miden así el desarrollo?

¿La ciencia sumaría esa preocupación a las políticas públicas?

—Creo que lograremos el desarrollo cuando sea la ciudadanía, y no los científicos, la que pida más ciencia para Chile. El bienestar de la gente debe estar en el centro del diseño de las políticas públicas. En función de él cabe definir los procesos de producción de riqueza.

¿Hoy no producimos riqueza pensando en la gente?

— Mire lo que pasa con el cobre. ¿Sabe lo que exporta nuestra gran minería?: ¡Piedras! Si un artesano quiere una lámina de cobre, tiene que comprarla fuera de Chile. Nosotros sólo extraemos y vendemos piedras. Otros las transforman en distintos productos. Y cuando se nos acaben esas piedras, ¿qué venderemos? ¿Alguien está pensando qué venderá Chile cuando agotemos los recursos de nuestras costas o talemos todos los árboles? Eso hacen los científicos. Definir una política científico-tecnológica es pensar a largo plazo. Si usted tiene clara esa política, cuida a los jóvenes científicos y genera un camino estimulante para que su talento se convierta en riqueza para el país. A eso nos convocó la Presidenta. Y trabajamos en su encargo.

Arte, humanidades y ciencia
“Lo mejor de los humanos”

“Twitter me mantiene informado al segundo y me ayuda a saber en qué están mis alumnos”, cuenta Babul, quien tiene 3.880 seguidores en la red.

Igual de frecuentes son sus cartas al director en diarios y siempre está abierto a las solicitudes de la prensa: “¡Todo está en la prensa! —dice—, aunque no siempre la gente lo ve. Ahora todos hablan del tema político con pena, rabia o desencanto. ¿Cuántos comentaron que hace un par de semanas una charla de astrofísica abarrotó el ex Congreso Nacional? Y en el Parque Cultural de Valparaíso quedó gente afuera en la representación de la trilogía Violeta, De Rokha y Recabarren. Algo está pasando, aunque pocos sepan verlo. ¿Sabe dónde se junta lo mejor de los humanos?: En el arte, las humanidades y la ciencia. Allí se expresa la capacidad de hacerse preguntas, de encontrar algunas respuestas, de inventar otras. No hay razón para que nos gane la desesperanza”.

Inhabilitados por Conicyt
La historia interminable de los becarios

Claudio Pérez, presidente de la Asociación Nacional de Investigadores de Postgrado (ANIP), señala que la modificación al decreto que rige becas nacionales y que solucionaría parcialmente el problema de inhabilitaciones se encuentra actualmente en la Contraloría General. “Sin embargo—–dice— desconocemos las modificaciones que serán puestas en vigencia, pues depende de las correcciones que otros servicios y ministerios pudieron aplicar durante el proceso”.

Señala que aunque estos cambios signifiquen un avance de la normativa, seguirán existiendo becarios con inhabilitaciones y cobros, ya que la modificación no beneficiaría a todo el universo de becarios (más de 1.400); sólo contempla a los investigadores becados en Chile, sin cambios a la normativa de becas en el extranjero.

La Unidad de Educación del Instituto Nacional de Derechos Humanos analiza si la actual política de formación de investigadores vulnera derechos fundamentales, concluyó el dirigente.

Jóvenes buscan su lugar:”Científicos con contrato”

El nombre de su organización —afirman— representa lo que aspiran lograr.
Se organizaron en octubre de 2014 y dicen expresar la realidad de 1.500 jóvenes científicos del país que trabajan a honorarios, sin previsión, vacaciones ni estabilidad. Muchos ya terminaron sus postgrados y otros los están cursando. Una encuesta aplicada a 351 asistentes de investigación que trabajan de jornada completa en proyectos financiados por Conicyt, indicó que más de la mitad del personal de apoyo financiado por Conicyt trabaja por menos de 500 mil pesos líquidos mensuales.

Natalia Muñoz (30), analista físico-química titulada en la Usach y una de las organizadoras de “Científicos con Contrato”, dice: “Trabajar en estas condiciones tiene, para las mujeres que queremos desarrollarnos en el mundo científico, un costo doloroso: Postergar indefinidamente la maternidad”.

Proyectan crear el primer sindicato de científicos independientes en Chile y están difundiendo a través de las redes sociales los resultados de la encuesta realizada.

Fuente: La Segunda, 28 de Marzo 2015.

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