“Los vicios de “San Fondecyt” y su necesaria reforma”

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“Los vicios de “San Fondecyt” y su necesaria reforma”

Autor: Jorge Pavez, Académico, Universidad Alberto Hurtado

El gobierno chileno “ha elegido la ignorancia”, al no hacerse cargo de formular e implementar una política de desarrollo científico que responda a las necesidades del país, y no se deje a la deriva de los mercados del “capitalismo académico”.

En pocas semanas más se conocerán los resultados del concurso Fondecyt Regular 2015, principal herramienta pública de fomento a la investigación científica básica en Chile. Existe una fuerte incertidumbre respecto a estos resultados, porque los otros concursos complementarios a este (Posdoctorado y Fondecyt de Iniciación) han mostrado este año no estar respondiendo a las demandas y necesidades crecientes de la comunidad científica nacional. Como han señalado las diversas organizaciones que claman por una renovada política científica en Chile (Mas Ciencia para Chile, Ciencia Con Contrato, Asociación Nacional de Investigadores en Posgrados), el gobierno chileno “ha elegido la ignorancia”, al no hacerse cargo de formular e implementar una política de desarrollo científico que responda a las necesidades del país, y no se deje a la deriva de los mercados del “capitalismo académico”. En relación a los instrumentos de fomento, y especialmente Fondecyt, se han evidenciado una serie de problemas e incoherencias tanto de la política como de la gestión científica. He aquí algunos ejemplos que he podido conocer como becario, investigador Fondecyt y ex miembro de un Grupo de Estudios Fondecyt:

– Los becarios de posgrado son obligados a firmar clausulas de retorno sin tener asegurado un empleo, lo que los condenan a residir en Chile como cesantes ilustrados.

– Las universidades privadas con recursos ofrecen contratos a los ganadores de proyectos para que se cambien de institución o de categoría de concurso por secretaría una vez aprobados los proyectos.

– Las prácticas irregulares de los Grupos de Estudio, que tienen la prerrogativa para designar a los evaluadores y también para desechar evaluaciones que consideran mal intencionadas (prejuiciosas, ideológicas, etc.): beneficiar a ciertos investigadores “connotados” con menos de tres evaluaciones, reemplazar evaluaciones negativas para ciertos proyectos y aceptar evaluaciones mal intencionadas en otros, de manera que los investigadores reconocidos siempre compiten con cierto favoritismo respecto a otros investigadores menos conocidos.

– La participación en los concursos de los mismos investigadores que son miembros de los Grupos de Estudio, los que formalmente no participan de la evaluación de sus propios proyectos, pero que gozan de cierta “protección” de parte del Grupo (es cosa de ver el porcentaje altisimo de proyectos aprobados para los miembros de Grupos de Estudio).

– El cierre de un proyecto está condicionado a la publicación de un artículo indexado, lo que genera una serie de presiones a los editores científicos de revistas chilenas indexadas para priorizar la publicación de un artículo que permita el cierre de un proyecto, editores que a veces forman también parte de los Grupos de Estudio.

– El peso del curriculum de los investigadores avanzados suelen dejar atrás los buenos proyectos de investigadores no tan avanzados, no existiendo como en Fondart una categoría diferente de postulantes “consagrados”.

– El anonimato de los evaluadores favorece prácticas de favoritismo o inversamente predisposiciones negativas hacia los proyectos y los investigadores concursantes.

– Los recursos no aumentan y la cantidad de concursantes aumentan a un ritmo exponencial al de los programas de posgrados nacionales y las Becas Chile otorgadas para estudios en el extranjero. La tasa de aprobación de proyectos en relación a los presentados a los concursos se está así cayendo al suelo.

El concurso Fondecyt es el instrumento más antiguo de fomento científico en Chile. Las antiguas generaciones de investigadores, que han realizado su trabajo durante décadas al alero de este programa, se refieren a él como “San Fondecyt”, lo que ilustra su percepción de cierta irracionalidad y excepcionalismo milagroso del instrumento, que parece operar como una “mano invisible” dentro de una caja negra donde se favorecen y benefician aleatoriamente ciertas investigaciones sin que sea posible un completo escrutinio público y una total transparencia de sus procedimientos. Suena bastante contradictorio que un sistema de fomento a la ciencia, donde debiera primar una cierta racionalidad, sea concebido como una institución religiosa, cuyas formas de decisión sean inescrutables para los miembros de la comunidad. Si algún investigador es favorecido por un concurso, se sentirá suficientemente en deuda como para no cuestionar los procedimientos, y cuando no es favorecido, sus reclamos no llegarán muy lejos y se consolará pensando en morigerar su crítica para tener una próxima oportunidad de ganar. Creo indispensable implementar ciertas reformas al instrumento, de manera a avanzar hacia la democratización de los órganos científicos y de las políticas de la ciencia, y al mismo tiempo proceder a una mayor profesionalización de la gestión del fomento científico.

La gestión de los concursos de proyectos se realiza por disciplinas, representadas por Grupos de Estudios, los que responden a consejeros que forman parte de un Consejo Superior, el que tiene la palabra final sobre los veredictos de cada concurso. A pesar de su rol decisivo, no existen mecanismos de participación de la comunidad científica en el nombramiento y composición del Consejo Superior y de los Grupos de Estudio. El sistema esta requiriendo con urgencia una mayor transparencia en la definición de los miembros de ambos órganos colegiados, y que sus miembros sean elegidos por los pares científicos y no simplemente por los poderes instituidos burocráticamente. Una manera de conformarlos participativamente sería que estos fueran propuestos y electos por sufragio de los investigadores nacionales, las unidades académicas, y los gremios profesionales y académicos. Esto permitiría, además de transparentar la elección de los miembros de estos grupos de trabajo, darle una mayor representatividad disciplinaria, temática, institucional y territorial a la composición de estos grupos.

Al mismo tiempo que se conformen participativamente estos Grupos de Estudio y Consejo, es necesario ampliar las funciones y prerrogativas de los Grupos de Estudio. Hoy día la tarea de estos grupos se limita a la gestión de las evaluaciones de los proyectos y la asignación de puntajes curriculares. Sería positivo para el desarrollo de las ciencias básicas que estos grupos tengan instrumentos para promover líneas de investigación, tuvieran conocimiento de los presupuestos asignados a cada grupos de manera a que puedan preseleccionar proyectos en función de sus costos, dentro de un rango mínimo de excelencia, para optar por la mayor cantidad de proyectos (y no como ocurre hoy que unos pocos proyectos muy caros agoten los recursos disponibles para una área científica). De esta manera, se podrían lograr financiar más cantidad de proyectos excelentes. Esto iría junto con una reflexión de cada Grupo de Estudio respecto a las líneas de investigación que se quiere fomentar o las que se estarían saturando, o evitar que ciertos investigadores con excelente currículo obtengan nuevos financiamientos para proyectos ya realizados o de proyección muy limitada, como ocurre actualmente.

Es importante que Fondecyt, como principal programa de fomento a la investigación básica, pueda apoyar proyectos inter o transdisciplinarios, es decir, que no estén concebidos disciplinariamente y cuyos resultados requieran de colaboración entre diferentes disciplinas científicas. Hoy en día, esta posibilidad está abierta pero tiene forzadamente que inscribirse en el Grupo de Estudio de una disciplina, por lo que queda a criterio de los Grupos de Estudios y sus evaluadores la valoración de la interdisciplinariedad, siendo algunos Grupos disciplinarios muy reacios a los enfoques interdisciplinarios. Hoy en día, la experiencia mundial muestra la importancia de dar oportunidades a proyectos concebidos trans, inter o multidisciplinariamente, creando por ejemplo algunos grupos de estudio temáticos y ya no disciplinarios (por ejemplo, estudios de género, estudios étnicos, estudios migratorios, estudios urbanos, etc.).

Fuente: El desconcierto, 2 diciembre 2015.

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