Maternidad y Ciencia: Segunda Parte

Está finalizando el mes de mayo, mes dedicado a celebrar a todas aquellas mujeres que han elegido por la más importante de todas las tareas: la maternidad.

Continuando con la serie de artículos y discusiones sobre la realidad de las investigadoras en postgrado que eligen también cumplir con el importante papel de ser madres, presentamos a continuación dos sentidos testimonios de investigadoras que nos relatan la realidad de la maternidad cuando estas cursando un postgrado en nuestro país.

Los invitamos a reflexionar y discutir sobre este importante tema.

Una Sala Cuna para mi Darío: ¿Cuántas puertas se deben tocar?

Se me acabo el tiempo, los cuatro meses de extensión de beca pagada que me otorgo CONICYT, debo volver al Laboratorio me queda poco para terminar, entonces Darío con sus tres meses debe ingresar a una sala cuna.

Al principio no me preocupe pues estaba la sala cuna de Nuestra Facultad. La tía me indica que ella encantada lo recibe pero que necesita la carta de aprobación de la asistente social, me desea suerte y acota “ojala que hayan cupos”. Sólo 12 cupos es la respuesta de la asistente, me quedo pensando si yo estoy mal o son las autoridades de Nuestra Facultad las que no ve lo mismo que yo, ¿¡tal vez sean las hormonas que me hacen estar tan sensible y exagerar el problema de no tener posibilidad a la sala cuna¡?

Respiro profundo y vuelvo al jardín. Pregunto si es posible que puedan recibir a Darío de forma externa pero la negación se repite. Entonces qué es lo que está pasando, estamos en una Facultad de más de 1263 docentes, donde más de 320 de ellos participan en forma activa en investigación, por lo tanto tienen cada uno de ellos en promedio unas 6 personas trabajando en sus laboratorios. ¿Cuántas serán mujeres?, ¿qué pasa con sus hijos si solo hay 12 cupos para toda esta tremenda facultad, sin contar las becarias de medicina?

Después de cuestionarme, pensé que debe haber otra posibilidad ya que a las funcionarias que no alcanzan cupos se les paga una sala cuna externa, ¿podría como investigadora en postgrado optar a esta solución? Fui a ver jardines cerca de la facultad que reciben a hijos de personas de la Universidad, encontré jardines desde 165.000 a 10,1 UF al mes, costos altos para un becaria. Me acerqué a conversar con el Dr. Luis Michea, Director de Investigación de la Facultad de Medicina, me explica que debido a que los Investigadores en Postgrado somos Becarios ya sea de CONICYT, MECESUP y Becas de facultad, entre otras, no hay manera de que se nos brinde el apoyo monetario para sala cuna ni jardín infantil. Reglas de la Contraloría General de la República indican que no hay como hacer traspaso de dinero a personas que no son trabajadores de la Facultad es decir, que no somos parte del Servicio Público, ¡aunque trabajemos para éste!

En la Facultad de Medicina en promedio hay 4 mujeres en postgrado que necesitan ayuda para sala cuna o jardín infantil por año, no es mucho, no soy la única y les recuerdo algo importante “La Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, es la que posee la mayor trayectoria de investigación en el país”, pues nosotras las mujeres investigadoras que estamos en postgrado somos parte activa de la investigación y sólo pedimos tener a nuestros hijos en un lugar donde estén cuidados mientras hacemos lo nuestro en el Lab. No pedimos mucho, sino más bien lo justo como cualquier mujer que tiene un trabajo digno con derechos civiles por su maternidad.

Quiero tener a mi Darío en una buena sala cuna, él se lo merece y yo trabajo al igual que muchas mujeres con contrato laboral.

Por Lorena Lobos Gonzaléz

Ciencia y Maternidad

Al momento de ingresar al Doctorado mi hijo Salvador tenía 10 meses. Venirme a Santiago desde Viña del Mar significó un cambio importante, fundamentalmente porque los bebés sufren bastante la calidad del aire en esta ciudad. De hecho durante el primer año de doctorado mi hijo estuvo hospitalizado en el Calvo Mackenna por una semana con neumonía y durante los años siguientes prácticamente todos los meses llegábamos a urgencia por alguna crisis respiratoria. El no contar con previsión obliga a muchas mamás como yo, a imponer de manera voluntaria, casi siempre por el sueldo mínimo para no sacrificar dinero del escaso ingreso único, y por lo tanto no tener ninguna opción real más que llegar a los hospitales, consultorios y postas de urgencia, perdiendo horas interminables durante las noches de enfermedad de los hijos…y al día siguiente ir a clases, rendir alguna prueba o trabajar en el laboratorio. Porque a diferencia de todas las demás mujeres trabajadoras de este país, no existe para nosotras la posibilidad de presentar licencia médica cuando un hijo menor de 1 año se enferma, ¿cómo cuidarlo entonces y rendir con el siempre exigente y demandante ritmo del doctorado? Tampoco es mayor el apoyo cuando los hijos están sanos, la sala cuna y el jardín infantil corren por cuenta propia a diferencia de lo que sucede con las demás mujeres trabajadoras que cuentan con el soporte del empleador durante los primeros años de los hijos, lo que puede llegar a significar fácilmente un gasto del 30% de la beca tan sólo en ese ítem.

A veces hay compañeros que señalan que la beca no les alcanza, con lo que cuesta vivir hoy no es difícil de creer, pero cómo se puede vivir con el mismo ingreso (año tras año, ¡exactamente el mismo ingreso!) y dar una vida satisfactoria y feliz a quienes más se ama en la vida, nuestros hijos, me hace tener más fe en la magia que en la ciencia!

Este sistema, como se plantea actualmente, empuja invariablemente a muchas madres solteras (sin otro apoyo económico más que el autogenerado) a burlar y transgredir el compromiso de exclusividad que contrajimos con CONICYT. Qué fabuloso sería efectivamente poder estudiar tranquilas con la certeza de que nuestras necesidades, que inexorablemente incluyen las de nuestros hijos, están resueltas. Contrariamente, no queda más opción que contraer mayores responsabilidades laborales, y trabajar, prácticamente a escondidas, para cumplir con todos los compromisos familiares, y aún con esa sobrecarga de esfuerzo, sacar un postgrado e investigar y producir, y terminar rápidamente la tesis, bajo penas de cobro inmediato del arancel por parte de la Escuela de Postgrado (¡y efectivamente lo cobran!).
Finalmente, si la única manera de salir adelante para muchas madres estudiantes de postgrado es transgrediendo el sistema, entonces el sistema es malo, y si el sistema es malo, es porque no se condice con la realidad de una fracción de la población, entonces no queda más opción que reformularlo.


Por Adriana Aránguiz A.

Comentarios

comentarios

3 thoughts on “Maternidad y Ciencia: Segunda Parte

  • 2 junio, 2010 at 12:45
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    Entiendo perfectamente por lo que están pasando ambas investigadoras. En mi caso, por ser Conicyt 2006 ni derecho a pre y postnatal tuve, por lo que no pude presentar licencia médica mientras cursaba mi doctorado o de lo contrario me quedaba sin sueldo para costear los gastos médicos de mi estado, mayores en este caso, pues por tener Lupus debía hacerme una cantidad de exámenes mayor a los normales todos los meses.
    ´Finalmente, nació Elena con 7 meses de gestación, directo a la UCI y, obviamente, ha tenido más de un problema de salud, pero como los becarios no somos nada más que becarios me las tuve que arreglar sola.
    Ahora estoy completamente atrasada con la tesis y constantemente pensando en el fantasma CONICYT que embarga si no cumples a tiempo.
    Soy becaria CONICYT, tengo muchas obligaciones las cuales cumplo con gusto: estudio, publico, voy a mostrar mis resultados a congresos, pertenezco a grupos de investigación. No obstante, mi contrato tiene más deberes que derechos, es más, como dice una de las investigadoras, cada vez que mi hija se enferma en la sala cuna que YO pago, no tengo drecho ni a presentar una licencia médica.
    Entonces cuando vives esas cosas buscas apoyo en la Universidad que te ha visto crecer y a la que le has entregado muchas horas de tu vida, a la que nombras en cada uno de tus papers y congresos; y a la que representas cuando eres investigadora en un proyecto, en donde has hecho clases gratis desde que estabas en el pregrado y qué te dicen…lo sentimos mucho, pero usted no es de nuestra planta laboral. Esto es más que un amor no correspondido.
    Ahora me pregunto si los hijos de las investigadoras son de otra categoría, pues sus madres no tienen los mismos derechos que el resto de las trabajadoras del país.

  • 30 mayo, 2010 at 19:28
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    Estimadas Lorena y Adriana,

    Muchas gracias por sus palabra y por compartir con una sociedad cada vez más ensimismada y cerrada una realidad que tarde o temprano tocará a la puerta de muchos de nosotros. Es admirable observar los avatares que han tenido que sortear para lograr cumplir con el postgrado y su vida personal. Encuentro sus palabras sabias y solidas para argumentar en pro de un cambio en el sistema. Lo cual no quiere decir necesariamente ir en otra dirección. Como dice Lucia, hay cosas que van mejorando y con un poco de esfuerzo y uso de la inteligencia que debería caracterizarnos a nosotros los investigadores en postgrado y a los que manejan el sistema, deberíamos ser capaces de encontrar soluciones optimas.

  • 29 mayo, 2010 at 21:17
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    Si bien es cierto que la obtención del “permiso de pre y postnatal” que Conicyt entrega a las mujeres que realizan un postgrado ha sido un gran avance, aún falta que este derecho sea entregado a todas aquellas mujeres que realizan sus programas de postgrado con otras becas. ¿Acaso ellas no tienen derecho a formar una familia? Es un buen tema para conversar con los encargados de las becas Mecesup y de facultades… no creen?

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