“Necesitamos un arsenal de expertos para conocer el riesgo sísmico”

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Jaime Campos, sismólogo de la U. de Chile, a casi 8 meses del terremoto. La falta de una institucionalidad que posibilite la comunicación entre el Gobierno y la ciencia y la poca inversión dificultan la preparación de Chile ante los terremotos, opina el experto.

Por Lorena Guzmán H.

A casi 8 meses del terremoto del 27 de febrero, Chile está lejos de tener una red sismológica en terreno y operable, y mucho más de tener el contingente de especialistas para entender y afrontar el riesgo al que nos exponen los terremotos.

Chile no tiene conciencia de ser el país más sísmico del mundo, asegura Jaime Campos, sismólogo de la Universidad de Chile. “Tenemos todos los tipos de terremotos que pueden existir en el planeta, pero no tenemos ni la gente ni los medios para estudiarlo”, advierte.

Campos es parte del equipo científico que advirtió que había suficiente energía acumulada para que se produjera un terremoto en Constitución.

Hoy saben que existe una laguna símica en el norte, pero no tienen pistas de por qué en la zona de Coquimbo todo las reglas que conocen sobre la preparación de un terremoto no se cumplen.


A largo plazo

“Los datos recogidos durante 20 años con GPS nos permitieron reconocer ya en 2002 que en el sur la acumulación de energía, por el choque de las placas de Nazca y Sudamericana, estaba en una etapa madura. Esto significaba que pronto se podría producir un terremoto, como el de febrero”, relata.

También les ha permitido acotar la laguna sísmica del norte, que va desde Arica hasta la península de Mejillones, e identificar sus características. “La información que tenemos nos dice que existe la probabilidad de que se produzca un sismo grande en esa zona. La acumulación de energía se ve tan madura ahí como se veía antes de febrero en la zona del terremoto de Constitución”.


El problema -aclara Campos- es que no tienen cómo determinar una ventana de tiempo determinada para la ocurrencia del o los sismos que liberarán esa energía. Pueden ser meses o años.

A esto se suma otro factor en la zona que preocupa a los sismólogos. Tanto al norte como al sur de la laguna ha habido terremotos en los últimos 20 años. “La placa de Nazca empuja toda la costa por igual, aunque se encuentra con distintas resistencias”, dice Campos. Esas diferencias hacen que se libere la energía en distintas zonas y tiempos. Así, en los extremos de esta laguna la presión ya fue liberada por terremotos, lo que produce que la zona que no se ha remecido tenga aún más presión sobre ella.

Más incógnitas

Otra zona que tiene de cabeza a los investigadores es el área comprendida entre La Serena y Los Vilos. Campos cuenta que mientras se acumula la energía, la zona costera suele elevarse y el valle hundirse. Cuando la tierra se remece, ambas zonas vuelven de un salto a su posición inicial: la costa baja y el valle sube.

“Pero en la Región de Coquimbo, tanto la costa como el interior se están elevando por igual, y no tenemos idea de por qué ocurre”, confiesa. “Nosotros y varios equipos extranjeros estamos trabajando para comprobar distintas hipótesis que expliquen el fenómeno”.

El estudio -dice- “lo podemos hacer porque llevamos años vigilando la zona, pero del resto del país no tenemos medición alguna que nos diga si esto se replica en otras regiones”. Advierte que “necesitamos un arsenal de expertos para conocer el peligro sísmico. Y estamos a años de tener mapas de riesgo”, refiriéndose a la mayor herramienta de planificación territorial que debería tener el país. “Para ello necesitamos identificar las zonas en las que se pueden producir sismos, y luego debemos superponer esos datos con la ubicación de ciudades. Así se podrán evitar las zonas de mayor riesgo”, explica.

Falta educación

Para Jaime Campos, la explicación más plausible de por qué los chilenos no toman conciencia de vivir en un país sísmico tiene que ver con la calidad de la educación. “La gente no tiene una formación mínima en ciencias de la Tierra, por lo que no entiende el riesgo constante en el que vive. Esto los expone al peligro y los vuelve más vulnerables ante los terremotos”, dice. Eso -agrega- imposibilita también un diálogo fluido entre las distintas instituciones que deben afrontar el riesgo, “porque faltan profesionales que hagan la interfase entre los datos de la ciencia y los tomadores de decisiones, como las organizaciones de emergencia y el Gobierno, que nos permita estar preparados”.

Fuente: El Mercurio – 20 Octubre 2010

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