Opinion: Por una Institucionalidad democrática en Ciencia y Tecnología para Chile

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Por Leopoldo Soto y Cristian Meneses

1. INTRODUCCIÓN 

1.1 Ciencia

Podemos considerar a la ciencia como un proceso intertemporal de producción y sistematización de conocimiento teórico y práctico, de naturaleza social y acumulativa y que es capaz de dotar a las comunidades humanas de una sucesión de representaciones crecientemente apropiadas de la realidad, para la interpretación, transformación y construcción del mundo en que vivimos.

La ciencia es pues, un asunto social, no solo en su proceso de creación sino también en sus productos, implicaciones y utilización. Es también un asunto de soberanía de las comunidades sobre el conocimiento que producen y las condiciones y recursos para la producción de ese conocimiento. Pero también debe ser un componente de la estrategia de desarrollo que cualquier país requiere implementar para garantizar la felicidad y el goce de los derechos de sus ciudadanos de esta y futuras generaciones.

1.2 Tecnología

La tecnología también tiene una naturaleza social. Podemos concebirla como una red de conocimientos y técnicas asentadas sobre una base social. Una condición necesaria para el desarrollo, gestión y utilización de tecnología es la educación y el adiestramiento de aquellos que conforman esa red. En este sentido, la tecnología no puede ser considerada como “commodity” pues no se compra ni se vende, no se puede importar ni exportar. Lo que se puede encontrar en los mercados son los objetos tecnológicos, tales como dispositivos o programas que, para convertirse en tecnología, requieren de una red social de la que formen parte y que les dé valor. De esta manera, importar objetos tecnológicos, por muy sofisticados que sean, no es sinónimo de incorporar tecnología, mientras la red social que es capaz de recrearla, explotarla y darle mantención no esté disponible.

2. ANTECEDENTES Y DIAGNÓSTICO

Pese a la calidad reconocida de las publicaciones científicas en Chile, al prestigio de los investigadores nacionales, a las capacidades e infraestructura para la investigación y a los distintos organismos, instituciones y agencias, el panorama de la ciencia y la tecnología en nuestro país presenta debilidades y deficiencias que no son compatibles con las aspiraciones de un país con desarrollo inclusivo y sustentable.

La actividad científica produce más resultados que los que puede manejar una universidad. Éstos impactan en todos los ámbitos de la sociedad: economía, salud, educación, recursos naturales, medio ambiente, libertad y bienestar de los ciudadanos, relaciones internacionales, defensa, soberanía popular y soberanía nacional. Esto ha sido comprendido ya hace muchos años por los países desarrollados, donde la actividad científica se realiza tanto en universidades como en institutos estatales, centros privados, sector productivo público y privado y fuerzas armadas. Contrariamente a lo que ocurre en los países desarrollados, en Chile más del 95% de la investigación científica se realiza en las universidades, prácticamente sin conexión con los institutos estatales, el sector productivo y las fuerzas armadas, con lo que se hace prácticamente imposible que se complete el ciclo I+D+i (investigación-desarrollo-innovación). Esta realidad genera una gran brecha que debe ser cerrada para asegurar la independencia y competitividad de Chile en un mundo globalizado.

Por otro lado, Chile actualmente destina alrededor del 0,4% del PIB a esta actividad, lo que representa lo mismo que hace casi 50 años, mientras que el promedio de inversión en Ciencia y Tecnología en los países de la OCDE es 6 veces mayor.

El bajo número de publicaciones y de investigadores por habitante, los bajos niveles de patentamiento, la ausencia de una política de Estado con una perspectiva estratégica, una institucionalidad de Ciencia y Tecnología (C&T) frágil y dispersa, además de la centralización excesiva de los recursos (cerca del 70% de la actividad de C&T concentrada en la Región Metropolitana), reclaman una redefinición de la institucionalidad en Ciencia y Tecnología en Chile, redefinición que debe considerar, necesariamente, el involucramiento de toda la sociedad y una participación mucho más activa del Estado, las comunidades científicas y la sociedad en su conjunto.

2.1 Sector productivo y Ciencia y Tecnología

Durante las últimas décadas, se ha impuesto en Chile la visión de que la ciencia es principalmente un insumo para el sistema productivo. Uno de los escollos relevantes para el desarrollo científico y tecnológico en nuestro país es la subordinación al dogma neoliberal. La aparente neutralidad de la ciencia encubre el sesgo ideológico que, en definitiva, determina en qué  se invierte y en qué no, siguiendo esencialmente las orientaciones que se desprenden de la primacía de la empresa privada y de las grandes corporaciones transnacionales en el financiamiento y apropiación de los frutos de la investigación. El enfoque de la inversión en C&T depende del modelo de desarrollo que nos proponemos como sociedad.

Lamentablemente, el modelo de desarrollo impuesto en Chile por la dictadura es tributario de las teorías más extremistas que sobredimensionan el papel y exageran las virtudes de los mecanismos del mercado, mientras confinan a las políticas públicas a un rol subordinado y a una participación, en calidad de excepción, en aquellos casos en que los incentivos de mercado no son suficientes. Durante los últimos 20 años, en el caso de la así llamada cadena de investigación-desarrollo-innovación, en Chile se le ha asignado al Estado el papel de corregir las “fallas de mercado” y ha creado instrumentos para financiar aquellas investigaciones que resultan muy caras para que sean asumidas por el sector productivo, con la esperanza que las empresas privadas se incorporen a este proceso, en colaboración con investigadores que desarrollen su trabajo en las universidades. El resultado, salvo posibles excepciones que habría que documentar, no ha ido más allá de mejoras periféricas en uno que otro proceso de producción. El sector productivo, público o privado, no se ha visto fuertemente impactado por desarrollos científicos y tecnológicos realizados en nuestro país.

En Chile, a fines de la primera mitad del siglo XX, el desarrollo industrial se organizó  principalmente desde la Corporación del Fomento de la Producción, CORFO, organismo encargado de formular un plan general de desarrollo, orientado a la creación de industrias en torno a la energía, la metalurgia y la agricultura. Esta tarea requería de conocimientos y experiencia técnica adecuada. Para apoyar esta tarea, a partir de 1953 se crean diversos institutos estatales de investigación1. Sus objetivos eran dedicarse a la investigación de recursos naturales y luego a solucionar problemas específicos de las empresas productivas. Gracias a acuerdos de colaboración logrados por los sucesivos gobiernos de Chile con organismos internacionales y países de Europa y Estados Unidos, se llegó a contar con laboratorios bien equipados y modernos e incorporar en sus actividades a personal de alto nivel científico y formar especialistas competentes. Durante los años 70 y principios de los 80, la mayoría de estos institutos sufrieron bajas en su presupuesto  y se les exigió que aumentaran fuertemente la generación de ingresos por la vía de prestación de servicios. Esta situación se mantuvo prácticamente inalterada durante los gobiernos de la concertación. En la actualidad estos institutos carecen de suficiente personal y recursos para realizar investigación y, salvo unas pocas excepciones, su papel en la actividad científica y tecnológica en Chile es marginal.

Esta situación contrasta con la de los países desarrollados de Europa, Asia y con EEUU, donde los laboratorios nacionales dependientes del Estado juegan un importante papel en la actividad científica y tecnológica. Realizar investigación en institutos estatales permite orientar la investigación en el sentido de resolver problemas estratégicos y, también, abordar situaciones locales contingentes que, de no ser resueltas, pueden tener importantes consecuencias económicas para el país, o consecuencias para el bienestar de las personas.

Así, nos encontramos con un país que incentiva la C&T como insumo para el emprendimiento del sector productivo privado, sin definir temas estratégicos para la construcción de un país sustentable, libre, feliz e independiente, ignorando y dejando fuera de esta tarea toda la infraestructura y potencialidades existentes en los institutos públicos de investigación.

La distorsión del objetivo del desarrollo científico y tecnológico, relegándolo en la práctica al papel de mero catalizador de la productividad por medio de la innovación, tiene como fin justificar las lógicas de acumulación del capital y concentrar la inversión de C&T principalmente en aquello que es funcional al interés privado.  Sin dudas, el desarrollo de la Ciencia y la Tecnología puede incidir positivamente en la capacidad productiva mediante la innovación, pero aquello será el resultado de la correcta interacción y complementación de las políticas del área económica y del área científica.

2.2 Recursos naturales, energía y medio ambiente

La explotación de recursos naturales y la generación de energía en Chile se realizan sin ninguna planificación centralizada, dejándolas simplemente a la iniciativa del sector productivo. La falta de planificación y coordinación a nivel nacional, regional  y sectorial ha generado  una serie de conflictos y controversias con las comunidades locales afectadas y con los pueblos originarios para quienes, desde su cultura, la relación con la naturaleza es parte de su identidad. Asimismo, la industria minera requiere de gran consumo de energía y agua, cuya satisfacción compromete el medio ambiente y numerosos recursos. Por otro lado, la legislación minera vigente permite que empresas internacionales extraigan los minerales del territorio de Chile sin corresponder efectivamente por el valor del mineral. El royalty minero en poco o nada compensa el valor de los recursos no renovables extraídos de nuestra tierra. Mención especial reclaman el cobre y el litio. En el caso del primero, Chile influye en una parte importante de la producción mundial de cobre, y en el caso del segundo, Chile es uno de los países con las más grandes reservas de litio del planeta. Sin embargo, en ninguno de los casos Chile influye de manera significativa en la investigación científica y en el desarrollo tecnológico en minería, en general, ni en el uso y aplicaciones para el cobre y el litio, en particular. Similar situación ocurre con los recursos marítimos.

2.3 Educación

El objetivo del proceso educacional consta de tres aspectos indisociables: la formación de seres humanos, la socialización y la preparación para la vida productiva.

Una política de C&T debe enfrentar el problema de la educación y formación científico-tecnológica en todos los niveles: primario, secundario y superior. No existe en la población de Chile una cultura científica y tecnológica. Los programas de disciplinas científicas y tecnológicas de la educación primaria y secundaria, así como los niveles de asimilación de estos contenidos por los estudiantes, no son suficientes para contar con una población que entienda los beneficios y  potencialidades de la ciencia y la tecnología como instrumentos de bienestar y desarrollo social. Así, la ciudadanía no está en condiciones de ejercer sus derechos y de participar responsablemente en el debate acerca de la investigación científica y tecnológica que se financia con los impuestos fruto de su trabajo.

En el caso de la educación superior, las universidades se ven beneficiadas al contar con científicos e investigadores profesionales entre sus académicos y los Institutos Profesionales y Centros de Formación Superior difícilmente pueden mantener plantas docentes permanentes, o por largo plazo. Cabe señalar que los centros de formación técnica e institutos profesionales son los únicos prestadores de educación superior que legalmente pueden lucrar. Si bien los objetivos y alcances de las universidades son distintos a los de los institutos profesionales y centros de formación técnica, ésta no es razón para que la formación ofrecida por ellos no sea de suficiente calidad. Por lo mismo, la conversión de algunos institutos profesionales y centros de formación técnica en “diversas universidades”, realizada por la dictadura y durante los gobiernos post-dictatoriales, no ha sido la solución para mejorar su calidad; por el contrario, en algunos casos, junto con cambiar su identidad la calidad de la educación disminuyó.

Debemos señalar que el sistema de acreditación de las universidades e institutos profesionales está devaluado ante las mismas instituciones que requieren de los servicios de acreditación y ante la opinión pública. El sistema de acreditación es un negocio más en el actual modelo de educación superior.

2.4 Por qué el Estado debe invertir y participar activamente de la creación de C&T

La investigación científica que un país realice no puede estar orientada y regulada sólo por el mercado. La libertad e independencia de un país termina donde empieza su ignorancia. El conocimiento es condición de libertad; sin conocimiento se mantiene y perpetúa la condición de dependencia o dominación política, económica y cultural.  Por lo tanto, el Estado debe cerrar las brechas que le impiden contar con profesionales idóneos y competentes en sus instituciones, que posibiliten comprender y anticiparse a los nuevos conocimientos, tecnologías y escenarios mundiales, ya que éstos impactan en el desarrollo de su población, del país y en sus vinculaciones políticas y económicas con el resto del mundo.

Necesitamos Ciencia y Tecnología al servicio del interés general. El conocimiento, su producción, desarrollo y aplicación a las necesidades de nuestra sociedad, reclaman un aumento en la inversión en investigación, una política adecuada de formación, educación y capacitación especializadas de nivel mundial y una institucionalidad robusta, descentralizada y democrática que permita la inyección adecuada de financiamiento público planificado y la generación de incentivos apropiados que estimulen la inversión en los focos de interés estratégico.

Esta institucionalidad debe permitirnos alcanzar un número de profesionales de la investigación científica y tecnológica adecuadamente distribuidos en la sociedad chilena, no sólo en  las universidades, sino también en el sector productivo público y privado, en el sector de servicios, en institutos estatales, en el gobierno y en las Fuerzas Armadas. Una comunidad con un número de miembros y una diversidad tal que permita el surgimiento natural de redes de colaboración y trabajo para enfrentar a los problemas y oportunidades de Chile. Una de las virtudes de la investigación como actividad es que exige la constante actualización de los conocimientos de los involucrados en la actividad. Si bien este conocimiento puede ser muy especializado, esta constante labor de actualización permite a los investigadores activos tener una visión del cuadro general de un área de investigación, más allá de la especificidad de su disciplina. Chile debe contar con suficientes profesionales competentes que puedan entender el estado del arte mundial en C&T y ser contraparte competente e informada para evaluar escenarios  que podrían incidir en el desarrollo de Chile.

Es importante señalar, además, que existe la tendencia de comprar el conocimiento en el mercado extranjero cuando éste no se ha desarrollado en Chile. Para que esto sea eficiente y tenga sentido, se requiere de un comprador competente, que sepa entender los informes y evaluar la calidad del conocimiento adquirido, basándose en criterios ajenos a los conflictos de intereses.  De no ser así, la libertad e independencia de nuestro país estará en riesgo.

El desarrollo de la Ciencia y Tecnología es un asunto social y ciudadano. Las políticas que se  implementen requieren ser definidas democráticamente, por el país en su conjunto, considerando a los ciudadanos, al Estado, a las autoridades regionales, a las instituciones académicas, a los centros de investigación, académicos, estudiantes y científicos. Las autoridades sectoriales y regionales deben dejar de ser meras representantes de la autoridad central, superar su estatus de transmisoras y ejecutoras de acciones hacia la comunidad. Estas entidades deben, además, transmitir a la autoridad central los intereses y proposiciones de la comunidad. Por otro lado, los científicos deben dejar de considerarse a sí  mismos como los únicos o principales actores de la ciencia y la tecnología en el país. Los científicos podrán hacer la mejor investigación que sus habilidades y condiciones institucionales les permitan, pero si los resultados de esa investigación no se hacen parte de la cultura de la comunidad, de poco sirven al país. La ciencia y la tecnología que Chile desarrolle debe estar al servicio de la comunidad y los científicos deben validar su actividad ante los ciudadanos. Para lograr esta validación, los científicos deben informar y defender su actividad ante los ciudadanos. Esta comunicación directa entre ciudadanos y profesionales de la C&T, sumada a una educación primaria y secundaria que haga de la C&T parte de la cultura, ayudaría significativamente a mantener una comunidad informada y educada, que pueda ejercer responsablemente sus derechos y participar del debate respecto de lo que esperan de la ciencia y la tecnología en relación al mejoramiento de sus condiciones de vida y sus aspiraciones de felicidad.

3 PROPOSICIONES

3.1 Institucionalidad

1.- Se propone crear un organismo cuyo poder esté sustentado en la comunidad, en las personas, en los ciudadanos. Este organismo podría tomar la forma de un Consejo Consultivo Nacional para la Ciencia y la Tecnología, estructurado desde las regiones, con la tarea de elaborar una estrategia y dotar de una institucionalidad democrática en C&T a nuestro país. Este Consejo debería proponer la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología y la conformación de un Alto Consejo Nacional de C&T (conformado de manera descentralizada). Cabe señalar que la idea de este Consejo no tiene nada que ver con el actual Consejo Nacional para la Innovación y la Competitividad, CNIC, que es un órgano asesor del poder ejecutivo, designado por éste. Muy por el contrario, estamos hablando de un organismo democrático que reconozca e incorpore los intereses de la ciudadanía.

2.- Se propone adaptar y, si es necesario, redefinir las políticas, instituciones, organismos y agencias del área de C&T en función de la estrategia definida, así como también los dispositivos de financiamiento.

3.- Se propone impulsar el despliegue de redes tecnológicas a lo largo de todo el territorio nacional y la correspondiente estructura para la toma de decisiones y la asignación de presupuestos, con el fin de promover el mejor escenario para un desarrollo científico-tecnológico de alto nivel en cada una de las regiones del país.

4.- Entre las tareas ejecutivas que deberían desprenderse de una estrategia nacional en C&T, están:

a) La definición de objetivos específicos en el corto, mediano y largo plazo;
b) Las definiciones para la relación y articulación de C&T con otros ámbitos de la institucionalidad, tales como Educación, Salud, Trabajo, Cultura, Economía, Energía, Medio Ambiente, Hacienda y Defensa, entre otros.

3.2 Educación

1.- Educación Técnico-Profesional: Es crucial reorganizar completamente el sistema educacional secundario, para que tanto la educación científico-humanista como la técnico-profesional tengan los mismos niveles de excelencia, de presupuesto y de continuidad en el sistema general de educación. En particular, es necesario redefinir el mecanismo de toma de decisiones en este sector, hoy dominado por intereses privados que subordinan las políticas formativas a los objetivos de sus negocios.

2.- Educación Superior Profesional (Centros de Formación Técnica e Institutos Profesionales): Terminar con el lucro en los institutos profesionales y centros de formación técnica. Creemos necesaria la refundación de una Universidad Técnica del Estado y la creación de una cadena de institutos profesionales y centros de formación técnica a lo largo del país, además de la creación de un Instituto Pedagógico Técnico.

3.- Postgrado: Es necesaria una redefinición y adaptación de los programas de formación de científicos, investigadores y académicos de alto nivel. En particular, se debe someter a evaluación el programa de Becas Chile y considerar ejemplos de políticas de formación de  investigadores en otros países de la región. Asimismo, dado que la contribución de los investigadores de postgrado es determinante en el proceso de investigación, debe incentivarse que en aquellas áreas y disciplinas donde los programas de doctorado en Chile han alcanzado un nivel competitivo internacional, el doctorado se realice en el país. Una vez formados en Chile, a nivel de doctorado, Becas Chile debería ofrecer la posibilidad de realizar una estadía de postdoctorado en el extranjero; de este modo, el país se beneficiaría -en un principio- del trabajo de estos investigadores en formación y –luego- de la experiencia adquirida por éstos en el extranjero.

3.3 Innovación y Producción

El desarrollo de la Ciencia y la Tecnología debe estar alineado con la estrategia de desarrollo productivo. La C&T no está subordinada a la producción y tampoco la dirige, pero debe cumplir con la misión de dotar al aparato productivo de especialistas de gestión y operación que sean capaces de tomar decisiones eficaces y eficientes, de implementar las medidas y políticas adecuadas para incorporar conocimiento y tecnología al proceso productivo. Una tarea de primer orden en este sentido es impulsar el desarrollo tecnológico que permita a Chile dejar de ser únicamente un país exportador de materias primas, para convertirse en uno cuyo desarrollo esté centrado en la producción con valor agregado y orientado a garantizar el bienestar de la sociedad en su conjunto.

Proponemos la definición de políticas de inversión pública  y de generación de incentivos para la investigación, aplicación tecnológica e innovación en las distintas áreas de interés productivo del país. El foco de estas políticas debe ser la incorporación de valor agregado  a las actividades productivas, particularmente en aquellas definidas como estratégicas.

Creemos que el Estado debe tener un papel activo en la incorporación de tecnología de avanzada en todos los aspectos de la vida nacional, partiendo por los servicios e instituciones públicos y las empresas estatales. Para este fin, las políticas presupuestarias deberían incluir las correspondientes actualizaciones.

3.4 Recursos naturales, energía y medioambiente

Proponemos realizar una planificación a nivel del país que permita la explotación de nuestros recursos naturales y la generación de energía a una tasa que no comprometa nuestra biósfera y que respete la realidad multicultural de los pueblos y comunidades que habitan en el territorio de Chile. Para enfrentar esta situación, proponemos un programa nacional de investigación multidisciplinaria que incluya la mirada de las ciencias naturales y exactas,  las ciencias sociales y las humanidades.

Proponemos la creación de un instituto público de investigación del litio que tenga como misión hacer un catastro de las reservas existentes en Chile y realizar investigaciones sobre sus usos actuales y potenciales. Sólo así  podremos cuantificar el valor real de nuestras reservas de litio.

Proponemos elevar el nivel de la investigación científica y tecnológica en minería y en recursos marítimos en concordancia con el impacto de la comercialización de estos recursos en la economía del país.

Proponemos la nacionalización de la minería como condición necesaria para que la estrategia de agregar valor a nuestras materias primas tenga sentido, pues carecería de él si agregamos valor a algo que no nos perteneciera por derecho legal y patrimonial.

3.5 Institutos de Investigación del Estado

A partir de la infraestructura y calificación técnica existente en los institutos del Estado, proponemos incorporar a éstos plenamente en un sistema competitivo de investigación científica y tecnológica, dotándolos de suficientes investigadores calificados y removiendo las trabas burocráticas y administrativas que limitan su desarrollo. En particular, se propone crear incentivos para que estos institutos puedan atraer a un número importante de los miles de profesionales que hoy se encuentran haciendo postgrados, tanto en Chile como en el extranjero.

3.6 Fuerzas Armadas

Es necesario considerar seriamente el aporte de los institutos de las Fuerzas Armadas al desarrollo científico y tecnológico del país. Existen temas sensibles que tienen que ver con aspectos estratégicos y con la defensa de nuestra soberanía y que involucran, además, asuntos de alta complejidad científica y tecnológica, tales como la seguridad energética y la seguridad cibernética.

3.7 Capital humano

Crear incentivos para las universidades, institutos de investigación del Estado, institutos profesionales y centros de formación técnica que les permita incorporar a parte importante de los más de 3600 profesionales que hoy se encuentran realizando estudios de postgrado tanto en el extranjero como en Chile.

3.8 Relaciones Internacionales

Es necesario tener presente varias dimensiones al considerar las relaciones internacionales en el ámbito de la Ciencia y Tecnología. Chile es un país de tamaño mediano, en vías de desarrollo. Debemos entonces considerar un contexto de países de similares características o menos desarrollados que el nuestro (en Latinoamérica, África, Oceanía y algunos países de Asia y Europa) y un contexto Noratlántico y de países desarrollados.

Se debe fomentar el desarrollo de redes tecnológicas regionales, a nivel latinoamericano, con una adecuada definición tanto de las temáticas comunes como del intercambio académico y científico de alumnos y de investigadores. Deberíamos impulsar la creación de centros de investigación regionales de excelencia, con inversión y aporte conjuntos en las áreas de interés común en C&T. Asimismo, se debe desarrollar la colaboración con países de similar o menor desarrollo que el nuestro en Asia, Europa, Oceanía y África.

También deberíamos impulsar políticas para facilitar el intercambio tecnológico y para enfrentar nuevas amenazas tecnológicas globales (como el espionaje cibernético), que afectan a todos los países de la región.

Respecto de la región  Noratlántica y los países desarrollados, es crucial redefinir una política hacia los grandes centros científicos, tecnológicos y productivos (países y consorcios), en al menos los siguientes aspectos: a) especializaciones y postgrados; b) propiedad industrial e intelectual; c) establecimiento de redes tecnológicas; d) importación / exportación de objetos tecnológicos (con sus respectivas redes tecnológicas asociadas); e) compensación justa y adecuada por el uso de nuestros cielos por los laboratorios astronómicos internacionales en territorio chileno2.

4 CONSIDERACIONES FINALES

Hemos querido sintetizar en esta propuesta nuestra visión acerca de la institucionalidad que necesitamos para el desarrollo de la Ciencia y la Tecnología en Chile, al servicio del país y sus habitantes.

Pensamos que el problema fundamental en este momento es definir, de manera democrática y como sociedad, una estrategia para ese desarrollo. Una estrategia que sea consistente con nuestra realidad, con nuestro entorno, con nuestros recursos naturales y humanos y con la mirada puesta en el modelo de país que queremos construir, sin subordinarse a la visión unilateral que impone el sesgo ideológico neoliberal y que asigna a las políticas públicas en C&T un rol esencialmente subsidiario.

A partir de esta visión y en coherencia con ella, debe emerger una institucionalidad democrática en Ciencia y Tecnología que asuma tareas,  objetivos y su planificación, en el corto, mediano y largo plazo, que se desprendan de una perspectiva estratégica. Esta institucionalidad debería incluir un Ministerio del ramo, un Alto Consejo Nacional de C&T y los centros, organismos, instituciones y agencias pertinentes desplegados a lo largo de todo el territorio nacional, en permanente comunicación y coordinación con la ciudadanía.

Leopoldo Soto
Leopoldo Soto. Es investigador activo en física de plasmas. Obtuvo el grado de Doctor en Ciencias Exactas mención Física en 1993 en la Pontificia Universidad Católica de Chile. En 1999 fue galardonado con una Cátedra Presidencial en Ciencias por el Presidente de la República de Chile, Don Eduardo Frei Ruiz Tagle, por recomendación de un jurado internacional de reconocidos méritos. En 2007 fue nombrado Fellow Member of the Institute of Physics of United Kingdom, siendo el primer chileno en recibir esa distinción. Ha sido presidente de la Sociedad Chilena de Física por dos períodos, del año 2003 al 2008. Actualmente es secretario de la Sociedad Chilena de Física por el período Abril 2013-Abril 2015. Los resultados de sus investigaciones se publican periódicamente en revistas internacionales con comité editorial. Fue dirigente estudiantil entre los años 1984 y 1987.(Ver otras columnas del mismo autor)

Cristian Meneses
Cristian Meneses. Es consultor SAP Business Intelligence en informática de gestión. Con formación científica a nivel de postgrado. DEA Modélisation et Méthodes Mathématiques en Economie (2000), Université Paris I; M.A. in Economics (1998), Carleton University/CEPAL/Universidad de La Habana; Licenciado en Matemáticas (1996), Universidad de La Habana, Cuba. (Ver otras columnas del mismo autor)

1 En relación con los institutos de investigación del Estado, es importante tener presente que el Instituto Bacteriológico fue creado en 1929, y el Instituto de Medicina Experimental en 1937. Sin embargo, su  época de oro se encuentra en la segunda mitad del siglo XX, entre 1957 y 1970. Para hacerse una idea, aparte de los mencionados se crearon durante ese período los siguientes institutos: Investigaciones Geológicas (1957); Antártico Chileno (1963); Fomento Pesquero (1963); Higiene del Trabajo y Contaminación Atmosférica (1963); Investigaciones Agropecuarias (1964); Investigaciones de Recursos Naturales (1964); Comisión Chilena de Energía Nuclear (1965); Forestal (1965); Comité de Aprovechamiento de Energía Geotérmica (1967); Nacional de Hidráulica (1967); Centro de Estudios, Medición y Certificación de Calidad (1968); Investigaciones Tecnológicas (1968); Investigación Minera y Metalúrgica (1970).
2 Ver “Puro Chile es tu cielo azulado. Nuestro cielo como recurso natural y los observatorios astronómicos extranjeros” Leopoldo Soto,  

Fuente: Generación 80, 25 Noviembre 2013

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