Poco énfasis en investigar ponen doctorados en educación en Chile

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Según estudio de la Universidad Alberto Hurtado. Diagnóstico muestra que la oferta es amplia pero irregular en su calidad, con poco trabajo en red entre las distintas universidades y con falta de profesores con grado de doctor.

Por Pamela Carrasco T.

Mientras en el país hay sólo dos programas para formar doctores en sociología, los profesores cuentan con doce alternativas para cursar doctorados en educación. Una oferta que, al parecer, es tan amplia como heterogénea.

Un estudio desarrollado por el Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación (CIDE) de la Universidad Alberto Hurtado analizó los doctorados en educación, sus enfoques, objetivos, mallas, cuerpo académico y contenidos. Los resultados no son alentadores.

“La situación de los doctorados en educación en Chile es muy preocupante”, advierte Alejandra Falabella, académica del CIDE.

Una oferta irregular en su calidad, poco trabajo en red entre los distintos planteles, falta de profesores con grado de doctor, vacíos curriculares y escaso énfasis en la formación de investigadores son parte de lo que encontraron.

“Si bien hay programas de calidad, también vimos cosas preocupantes, como que hay universidades que no exigen tesis. Algunas ni siquiera mencionan la palabra ‘investigación’ entre sus objetivos y otros duran cinco semestres, mientras que en el extranjero son de mínimo tres a cinco años y están principalmente centrados en la metodología de la investigación”, dice Falabella.

Todos estos problemas, a juicio de la académica, tienen que ver con una noción confusa de lo que persigue el grado de doctor, que está pensado para personas interesadas en dedicarse a la producción de conocimiento científico; por tanto, no implica un fin “profesionalizante” ni para generar experticia práctica en alguna temática.

Esta confusión se puede explicar por la carrera docente, en la que los profesores tienen muy internalizado el seguir estudiando y el mercado responde a esto con una amplia oferta.

“Los profesores hacen un diplomado, un magíster, y creen que el paso lógico es el doctorado, y eso es un error, porque muchos no están pensando en dedicarse a investigar, sino que lo ven como una especialización para su trabajo”, dice.

De hecho, en el estudio se les preguntó a 20 estudiantes y egresados y a 150 potenciales estudiantes sobre sus expectativas luego de cursar un doctorado, y casi el 50% mencionó acceder a cargos directivos, gestionar proyectos o ser funcionario de alguna institución pública.

“Como país no necesitamos tener un doctor en educación como director de un colegio, sino en los centros de investigación universitarios, investigando sobre la educación, para dar orientaciones y recomendaciones a las políticas públicas. Y en eso estamos débiles”, opina Falabella.

Una de las salidas para este problema puede ser replicar los modelos internacionales, en que hay dos tipos de doctorados en educación: uno claramente profesionalizante y otro académico, más enfocado en la investigación teórica.

El primero es para docentes que están en la práctica educativa o en temas de intervención y que quieren investigar sobre problemáticas que surgen de la realidad local donde trabajan. “También tiene como objetivo el formar investigadores, pero que tomen casos de estudio que pueden ser del mismo contexto donde ellos trabajan. Eso tendría mucho sentido para una gran parte de los profesores chilenos que entran a un doctorado”, explica.
Sólo uno acreditado

Hoy el único mecanismo que existe para medir estos programas es a través de la Comisión Nacional de Acreditación. Sin embargo, sólo el doctorado de la Universidad Católica se encuentra acreditado.

A juicio de Alejandra Falabella, lo que se necesita es un rayado de cancha previo. “La acreditación es un paso, pero previamente se requiere una regulación que deje muy claro qué es un doctorado y qué requisitos debe cumplir”, dice la académica del CIDE.

Fuente: El Mercurio – 31 Mayo 2010

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