Política para la Ciencia en Chile: ¿Tenemos claro por qué reclamamos?

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Desde ya hace un tiempo, que se escucha en el ambiente científico joven cierto descontento: “Que no hay políticas públicas para ciencia y tecnología”, “que todo funciona desordenado”, “hace falta un Ministerio de Ciencia y Tecnología”, “nos tratan como si nos estuvieran haciendo un favor”, entre otras frases. Todas demandas muy justas, aunque no debería sorprendernos en un país donde otras cosas aun más importantes (salud, educación, trabajo, etc) arrastran problemas de inequidad y corrupción.

Pero hay algo de preocupante en esta situación, en particular la “marcha de batas blancas” del pasado jueves 2 de septiembre, impulsada por varias irregularidades en CONICYT, pero particularmente, por el retraso en el pago de las becas a los estudiantes de doctorado. Entonces alguien ajeno a esto podría preguntarse muy legítimamente: ¿lo único que moviliza a los científicos es la plata? La respuesta, y esto lo digo con más esperanza que seguridad, es NO.

Cuando decimos que el país no tiene una política clara sobre ciencia y tecnología, creo que se cae en un error. El país, específicamente la clase política chilena, tiene una política clara para las ciencias, lo que pasa es que esa política, no demasiado publicitada, no es la que los científicos quisiéramos. Chile sigue fiel al modelo neoliberal impuesto en los 80, el que se basa en la extracción de recursos naturales y exportación de materias primas a las grandes potencias económicas del orbe. Este modelo extractor/exportador, operado por transnacionales y poderosos grupos locales, tiene entre sus gracias vender un producto muy poco elaborado, que requiere procesos industriales muy básicos. Por ende, este modelo no requiere una masa crítica de entes pensantes, por el contrario, le basta con obreros, administrativos, ingenieros comerciales e industriales, que puedan desenvolverse en faenas de una industria básica. El 65% de todas las exportaciones del país son las relacionadas con la extracción de recursos naturales, y bien sabido es que el cobre, el salmón, la fruta y la pulpa de celulosa se empinan en el top de productos chilenos impulsores de la economía: son los famosos commodities1. Estas industrias necesitan mineros, obreros, operarios de maquinaria, marineros, taladores de árboles, trabajadores en las pesqueras, etc, que no requieren demasiados estudios para desenvolverse. Entonces, bajo este modelo, reafirmado por todos los gobiernos de la Concertación y por el actual gobierno, queda la duda: ¿para qué queremos una nueva política de ciencia y tecnología, si lo que sostiene al país es la extracción de recursos naturales no renovables y su exportación como materias primas poco elaboradas?


Hace muchos años, en Chile funcionaba otro modelo, desde los 30 hasta los 70, el modelo llamado desarrollista. En ese entonces la industrialización del país era una política de Estado, la creación de diversas empresas e industrias de la mano de la estatal CORFO, necesitaba de una población instruida y del famoso capital humano avanzado (sí… nosotros los científicos). La industria compleja, la que le imprime valor agregado a sus productos, la que requiere de procesos elaborados y cabezas pensantes parece ser cosa del pasado en Chile. Automóviles, computadores, celulares, ropa, muebles, maquinaria industrial, productos químicos elaborados, son todos adquiridos en Chile a través de importaciones. Lo más curioso es que le compramos estas cosas a las grandes potencias, EEUU, China, Europa, que a su vez lo elaboraron usando la celulosa y el cobre chilenos, y sus operarios comieron fruta y pescado chileno. Como botón, un ejemplo: dentro del TLC Chile-China hay un artículo que impide a las mineras chilenas fabricar productos de cobre más elaborados, solo permite la producción de cobre refinado de alta pureza. Esto porque el gigante asiático, que es principal comprador del cobre chileno, es quien elabora estos productos complejos de cobre y luego los vende de vuelta a Chile con el valor agregado que implica (cables, chips, circuitos, etc). Estimados colegas científicos, no hacen falta años de postgrado o estudios en el extranjero para ver que esta política es la más ineficiente que un país puede tener.

A finales de los 90, algunas de las cabezas pensantes de la Concertación al fin pensaron algo bueno: “el país debía diversificar su matriz productiva, y para ello se necesitaba un impulso a la innovación, ciencia y tecnología”. Así nació el famoso Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad, que entre sus conclusiones del 2006 propuso2: (1) aumentar el capital humano avanzado, (2) ponerlo en sintonía con las necesidades y áreas productivas del país, (3) hacer que esto funcionara. Estas medidas fueron aplaudidas por Concertacionistas (partiendo por el presidente Lagos) y Aliancistas, y se propusieron poner estas cosas en marcha.

Aquí empezaron los problemas. Como en todo orden de cosas en nuestro Chilito, una buena idea falló en la implementación y terminó saliendo un engendro que beneficia a los mismos de siempre. Para el primer objetivo se impulsó la matrícula superior, a través de los créditos bancarios (crédito con aval del Estado en reemplazo del crédito solidario) y el florecimiento de universidades privadas, que dejan mucho que desear (algunas de las cuales tienen pésima calidad académica, y la gran mayoría cobran altos aranceles, echan a los estudiantes si no pagan, prohíben federaciones de estudiantes o sindicatos, imparten solo carreras “de moda” que requieren poca inversión, la mayoría de los profesores boletean, muchas tienen entre sus accionistas a políticos de la Concertación y de la Alianza, etc.3) y luego se creó el sistema BecasChile, que en poco tiempo igualó su presupuesto con las becas para estudio de postgrado en Chile. Con estas medidas, se aumentó considerablemente la cobertura de la educación superior, pero con un nivel bajísimo, altos niveles de deserción por problemas económicos, alto nivel de endeudamiento, y las becas para estudios en el extranjero dejaron en precarias condiciones a los postgrados nacionales que siendo de muy buena calidad, fueron dejados como segunda opción por los mejores profesionales jóvenes que ahora prefieren ir a estudiar afuera en lugar de quedarse en Chile.

Respecto a la segunda propuesta, la relación entre la investigación y las necesidades del país es todo un verdadero pantano, donde los poderosos dirigen sus piezas cual ajedrez para aumentar sus ganancias bajo el pretexto de beneficiar a todos. Se supone que la “innovación para la competitividad” ofrecería nuevas áreas de negocios para el país, competitivas, novedosas y eficientes, pero esto nunca ocurrió. A lo más, CORFO, una sombra de lo que fue en su comienzo, se limita a dar fondos a iniciativas particulares que ofrecen oportunidades atractivas para un grupo de “emprendedores” donde lo que prima es la competencia, pero que en realidad es lo más alejado posible a una política de Estado. Los millonarios recursos que se asignaron a la innovación terminaron en las mismas áreas productivas, mínimas y poco eficientes, relacionadas con la extracción y exportación de recursos naturales. Las investigaciones en cobre, vino, plantaciones y salmones se pusieron de moda. No son pocos los científicos que cayeron en alguno de estos temas, que en realidad no tienen nada de innovadores, ya que simplemente se encargan de aumentar la productividad, o sea las ganancias, de las mismas industrias, que le dan poco valor agregado a sus productos y exportan, para que luego importemos los productos elaborados de otros países.

Del último objetivo poco se ha hecho, aparte del boom de investigación en salmón, cobre, vino, etc. Se vislumbra en todo caso, que la idea de la clase política es que los investigadores jóvenes, como los beneficiados por BecasChile que deben volver, deban insertarse en el ambiente empresarial y de la industria básica, ya que el presupuesto para los Fondecyt de iniciación se han estancado en número y montos.

Por todo lo anterior es que refuto la idea de que Chile no tiene una política para ciencia y tecnología: sí la tiene, y es nefasta. A la actual clase dominante sí le interesa que haya capital humano avanzado, pero para mejorar la productividad de sus industrias básicas que dan pocos empleos; sí les interesa tener recursos para la innovación, pero la innovación mínima y aislada que solo permite tener a la gente conforme con el engaño del “emprendimiento” individual, aislado y egoísta; y sí le interesa tener investigadores en las Universidades, pero luchando por fondos concursables pequeños y condicionados, en ningún caso cabezas pensantes del sistema o críticos del actual modo de hacer las cosas.

Colegas, compañeros, camaradas o como quieran llamarse. Tenemos claro que la ciencia, básica y aplicada, no es solo un capricho de ricos o un pasatiempo de ociosos, es una herramienta fundamental en el desarrollo de un país y en la superación de las injusticias sociales, en especial en un país tan desigual como Chile. No basta solo con reclamar por un par de días de atraso en el pago de la beca (a pesar de que para los que tenemos familia, nos afecta sensiblemente), o por la restitución de la beca para congresos, o por el pase escolar, si no sabemos retribuir esos beneficios; no basta publicar un artículo en la prensa pidiendo más financiamiento para la ciencia si se seguirá con el mismo rumbo actual; no basta pedir un Ministerio de ciencia y tecnología si no sabemos para qué. Esto no se trata solo de plata, se trata de definiciones estratégicas como país que requieren el trabajo y el compromiso de toda la comunidad científica. Llegó la hora de que nuestras cabezas llamadas a ser “pensantes” piensen no solo en el laboratorio, en la tesis o en la práctica, piensen en el país, cuestionen los modelos establecidos, critiquen con fundamentos, piensen y actúen por un Chile mejor para todos y no para algunos.

1. Indicadores de Comercio Exterior 2009. Banco Central de Chile.
2. Informe final. Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad. 2006
3. El Desalojo de la Universidad Pública. Marcos Kremerman. OPECH. 2007

Autor:

Felipe Villanelo Lizana
Bioquímico, PUCV
Doctorado en Ciencias m/Microbiología, U. de Chile

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5 comentarios sobre «Política para la Ciencia en Chile: ¿Tenemos claro por qué reclamamos?»

  1. Estimado Felipe:

    Felicitaciones por tus comentarios y profundo análisis. Y probablemente muchos de nuestros colegas ya han notado todo ese conjunto de errores sistemáticos, yo al menos lo he notado desde antes de entrar a estudiar una carrera científica. El problema es mucho más complejo en el sentido que toda esta situación NO es producto del azar, sino que de adrede se ha llegado a todo esto. Por otro lado, son pocos los colegas científicos que están comprometidos con la actividad propia en el sentido de proyectarla para el desarrollo del país ya que en más de una ocasión nos hemos encontrado con colegas que optaron por obtener un doctorado debido a que no encontraron trabajo en la industria y tenemos el otro extremo de colegas que solo sirven a sí mismos, es decir, a inflar su ego sobrexponiéndose en congresos, diciendo quizás más cosas de las que realmente hacen. Cuesta encontrar el equilibrio y si a eso le sumas esta incoherencia sistemática consistente en debilitar los postgrados en Chile para facilitar realizar doctorados en el extranjero contradiciendo totalmente la política de CONICYT de los años 90, la situación se transforma al final en una confusión que nadie entiende. Ningún país desarrollado ha descuidado el quehacer científico, sin embargo, escuchamos cacarear que Chile debe ser desarrollado y, sin embargo, persisten las actividades económicas de extracción de materias primas y exportación de las mismas, ¿quién entiende entonces cual es la política de desarrollo?. Nadie.
    Saludos

  2. Estimado Felipe, sin duda tu columna expone lo que muchos sentimos. Felicitaciones por manifestarlo de forma tan clara, sobre todo la parte “Esto no se trata sólo de plata, se trata de definiciones estratégicas como país que requieren el trabajo y el compromiso de toda la comunidad científica.”
    Estará lista esta comunidad o tendrá las ganas de hacerlo? Es mucho más cómodo esperar que otros tomen un compromiso, que otros den la cara, que otros dirijan las sociedades científicas y por su puesto que otro dé la pelea, porque hay que sacar los paper a fin de año o no hay renovación del proyecto.
    Insisto en las felicitaciones!!!
    Carola

  3. Gran columna felipe , pero me parece que tambien qu mucha foramacion ultra calificada , primero también esta emaracda en un negocio de la educacion k te pide doctorado como un dogma fundamental, lo k me parce una falta de criterio lucrativa para el sistema educativo para tenernos con trabajos precarios hasta pasados los 30 .
    Y segundo no se nos capacita para crear soluciones , empresas o soluciones k beneficien al pais , y mas directamente a la calidad de vida vida fuera de ser investigador y profe de la U , lo k me parece muy respetable , te dicen “insertarse en la industria” ….para k? estudiar 9 años para isertarme en la industria y tener un trabajo estable ….para k mi jefe sea un buitre de gerente comercial k me presione y se ´pueda llenar los bolsilos?
    por mi k se vayan al carajo
    prefiero hacer clase en un colegio y tener una huerta en el patio

  4. Buen opinión la de Felipe.
    Desafortunadamente, las repercusiones de la política vigente, en materia de I+D+I, han calado hondo en el ambiente académico, desviando la atención de los investigadores nacionales, dividiéndolos (ciencias básicas v/s aplicadas) y excluyendo a los menos “competitivos” o ajenos a esta vorágine. Enfrentar esta situación es complejo, como tu bien dices, no solo se necesita comunicar y denunciar aisladamente hechos puntuales que afectan a un grupo o sector de la investigación nacional, se requiere de un cambio más profundo. No obstante, a pesar del largo camino que resta para alcanzarlo, hemos dado un primer paso asumiendo una posición u opinión. El segundo paso, aún más difícil, es ahora reconocernos como actores sociales. Para esto es que ANIP viene trabajando hace 2 años, promoviendo la organización y debate dentro de los investigadores en formación, enfrentando temas que nos afectan personal y/o comunitariamente y que ocurren fuera de nuestras oficinas, salas de clases o laboratorios. Queda mucho por hacer, fortalecer los espacios de reunión en regiones por ejemplo, es clave. Si bien la gran mayoría del mundo académico se concentra en Santiago, la realidad regional es muy distinta y para construir un diagnóstico adecuado y propuestas coherentes, se necesita incorporar la opinión de todos los actores. Los siguientes pasos a dar son desconocidos, pero avanzando colectivamente iremos más seguros.

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