Puentes entre ciencia y sociedad

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Por Ricardo Maccioni

Profesor Titular, Facultad de Ciencias U. de Chile
Miembro de la Academia de Ciencias

El desastre natural que afectó a nuestro país demostró una vez más la gran fisura entre ciencia/tecnología y sociedad que hay en Chile. La constatación de que nuestros sismólogos de la U. de Chile, de reputación internacional, habían publicado la información de un posible cataclismo en la misma zona donde ocurrió, pone en evidencia que a la actividad científica le cabe un rol relevante en la sociedad y que hay que tomarla en serio.

La falta de una estructura tecnológica, tanto a nivel de comunicaciones como en la utilización de la información científica, impregnó la descoordinación en la gestión que tuvo inicialmente este cataclismo. Con criterios científicos, quienes hacen políticas públicas pueden anticiparse rápidamente a muchas eventualidades.

Sin embargo, en el ámbito de la ciencia -y pese al interés de muchos por canalizar sus inquietudes hacia nuevos espacios del conocimiento- las políticas públicas de los últimos gobiernos han sido confusas y no han estado al servicio de las necesidades del país.

Es indudable que debe mejorarse la gestión del Estado, entregando prioridad al desarrollo científico, porque éste impacta no sólo en generar una economía basada en el conocimiento, sino en el ámbito educacional. Así como hay un Consejo de la Cultura y las Artes, se necesita un Consejo para la Ciencia y la Tecnología. En la actual década, la explosión tecnológica ha impactado en las economías de los países de manera más contundente que en el siglo anterior: los países con economías restringidas permanecen en dicha condición, entre otros factores, por haberse alejado de los ciclos de desarrollo tecnológico y de la innovación. En Chile, dicho avance ha sido magro en relación a la dinámica global. Por otra parte, también ha existido un enorme sesgo político en la adjudicación de los recursos y Chile ha perdido una gran oportunidad de fortalecerse en I+D+i.

Una gran responsabilidad les cabe a los científicos. Los índices de productividad, salvo claras excepciones, están aún en niveles umbrales y peor aun son los índices de generación de nuevas patentes y productos de alta tecnología. Debemos, de una vez por todas, cambiar esta situación de pereza mental en la gestión y estimular la crítica, pues nos ayudará a implementar los cambios que son impostergables.

Pero también hay que mejorar la calidad de la educación, para hacer a la ciencia amigable con la gente y tener ciudadanos con una buena cultura científica general. La formación y postítulos de los docentes a cargo de esta tarea es fundamental. Debe enfatizarse la educación en ciencias, despertando la capacidad de asombro en los niños, de interés por la búsqueda en la naturaleza y en las fuentes de información. Se deben articular políticas para generar innovación en la estructura educacional y abrir también un espacio para la formación técnico-profesional de alta calidad. Es evidente que ello debe abordarse de manera integral, pues educación-ciencia-innovación conforman un eje dinámico.

En todo liderazgo debe haber el compromiso ético de trabajar hacia el progreso, estableciendo las condiciones para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Si bien el PIB ha aumentado al doble en las dos décadas pasadas, su tasa de crecimiento ha sido dramáticamente menor que los pares similares a Chile en este período. Naciones que hace 20 años se proyectaban al igual que Chile hacia el desarrollo hoy son naciones desarrolladas, como Singapur, Irlanda y Nueva Zelandia, entre otras. Esta insoportable levedad en la gestión tecnológica debe terminar.

Fuente: La Tercera – 6 Abril 2010

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