Rastros de ratón chinchilla sirven de espías climáticos

Compartir

Norte de Chile. Las fecas de estos animales revelaron que hace mil años aumentaron las lluvias en el Desierto de Atacama.

Por Richard García

Desde hace 10 años que Claudio Latorre se dedica a rastrear en remotas cuevas del desierto un contenido bastante singular: las fecas de roedores, en particular, de la rata chinchilla. La sequedad de Atacama las ha conservado por miles de años.

Con ellas, el biólogo del Departamento de Ecología de la UC reconstruye cómo ha variado la frecuencia de lluvias en la zona norte en los últimos 14 mil años. Ellas guardan restos de insectos, plantas y huesos, la alimentación del roedor. “Son una foto del ecosistema”, dice Latorre.

Con esas pistas ha determinado que la cuenca de Calama, las quebradas de Arica y el Salar de Atacama fueron mucho más ricas en vegetación en el pasado remoto.

También ha desempolvado el historial de precipitaciones en la zona del Salar de Atacama en los últimos 14 mil años. “Hoy alcanza a 20 o 30 milímetros anuales, pero en el pasado alcanzaron hasta los 120 milímetros hace unos 12 mil años. Y la vegetación de matorrales y pastos existentes se asemejaba al Ovalle de hoy”, dice.

Luego, el área se secó completamente y el clima se mantuvo muy parecido al de hoy, salvo alrededor del año mil cuando las precipitaciones aumentaron otra vez 80 milímetros. Lo notable es que estos datos coinciden con los períodos en que alcanzaron su mayor apogeo las culturas Atacameña y Tiahuanaco.

En la precordillera de Arica, una zona hoy también bastante seca, el registro conseguido reconstruye los últimos 550 años. Los primeros 300 la aridez fue la misma, pero hacia 1800 las precipitaciones aumentaron al doble temporalmente.

Eso sí, todos estos períodos lluviosos son la excepción. En los últimos 15 mil años el clima desértico ha predominado en el Norte Grande. “Gran parte del agua que hoy bebe la gente del norte y que es captada de acuíferos fósiles es consecuencia de esos contados períodos de lluvias en el pasado”, destaca.

El trabajo continúa y actualmente el investigador prepara series para Copiapó, Salvador, Arica y la precordillera de Illapel. “Esto es como un trabajo forense, pero aquí no investigamos quién mató al ratón sino por qué cambió de dieta en una fecha determinada”.

Increíblemente, esos rastros han develado más de lo que se pudiera esperar. El tamaño de las fecas está relacionado con una mayor o menor presencia de precipitaciones. “Cuando hay sequía el animal reduce el tamaño corporal y, como consecuencia, también cambia la dimensión de las fecas”, explica. Y, a más lluvia, mayor tamaño.
Eso sí, cuenta el científico, no hay que confundir a la rata chinchilla con la conocida chinchilla. Su objeto de estudio es un roedor mucho más pequeño.

Fuente: El Mercurio – 29 Agosto 2010

Comentarios de Facebook