Recién hoy se decide quién fabricará los instrumentos de la red sismológica

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Sismógrafos para fin de 2010. Aunque aún están en el país diversos instrumentos extranjeros que miden las réplicas, Chile todavía tiene que confiar en las mediciones de Estados Unidos.

Por Lorena Guzmán H.

El 27 de febrero, los sismólogos pudieron calcular la energía liberada por el terremoto demasiados minutos después del movimiento. Sólo cinco instrumentos entregaron datos que tardaron en ser analizados porque el Departamento de Sismología de la Universidad de Chile se quedó sin conexión a internet. Si ocurriera un gran sismo hoy, esos datos llegarían más rápido a los expertos, pero aún dependerían de las mediciones de EE.UU.

Sergio Barrientos, director del Servicio Sismológico Nacional, explica que después de diez meses que recibieron los primeros recursos, aún no se ha licitado la red de 65 estaciones que medirán el movimiento de la tierra, porque las propuestas no respondían con claridad a lo solicitado. “Tuvimos que repreguntar detalles para así poder elegir él o los proveedores”, aclara. El plazo para tomar la decisión expira hoy.

Aún así, Barrientos asegura que a fines de este año estarían instalados los primeros instrumentos. Además, la red tendrá otras diez estaciones gracias a fondos concedidos por la National Science Foundation de EE.UU. Ellas entregarán datos al servicio chileno y también serán parte de la red sismológica mundial, “aumentando las mediciones de Sudamérica como nunca antes”, dice el científico.

El 80% de los sitios donde se instalarán las estaciones ya están definidos, y el resto, en la XII Región y Juan Fernández, serán determinados en el verano.

Mientras tanto, aún hay unos 140 instrumentos extranjeros instalados en diversas zonas del territorio. Ellos pertenecen a grupos de investigación alemanes, estadounidenses, franceses e ingleses que están midiendo las réplicas del terremoto y que de paso llenan el vacío de instrumentos nacionales.

Entender cada detalle de este terremoto tomará décadas. “En mayo nos reunimos para conmemorar el terremoto de Valdivia de 1950, el que aún seguimos investigando. Yo me voy a morir estudiando el de febrero”, dice Marcelo Lagos, director del Centro de Investigación de Tsunamis de la UC. Le quedan varios decenios de actividad por delante.

De momento, está dedicado a medir cómo cambió el fondo marino en las costas de la VI y la VII Región. “Varios organismos de gobierno necesitan contar con planos de inundación actualizados para poder decidir dónde reconstruir”, explica Lagos.

El experto asegura que no dan abasto. No existen los suficientes especialistas para elaborar estos planos. “Medimos cómo quedó la topografía del fondo marino y la de la costa. Con esos datos podemos modelar qué pasaría en un próximo maremoto del tamaño del de febrero y dónde es seguro construir”.

Además, otro grupo de investigadores está estudiando cómo entró el agua en las desembocaduras de ríos. Rodrigo Cienfuegos, de la Facultad de Ingeniería de la UC, estudió cómo se encajona el agua en esas zonas produciendo más daños. Otras zonas que habrá que evitar.

El ingeniero ha medido también cuán eficientes son las barreras naturales, como dunas o vegetación, para parar la fuerza del agua y cómo la línea costera puede salvar a un pueblo y exponer totalmente a otro. “Eso es algo que puede ayudar a proteger poblaciones en el futuro”, dice.

Lagos concuerda: se ha comprobado que las barreras artificiales, como puertas neumáticas que se cierran ante la llegada de las olas, son sacadas de cuajo e incrementan el nivel de destrucción. “Planificar la urbanización considerando la vegetación y las dunas permite un desarrollo riesgo-sustentable”, dice. Aunque reconoce que nos falta mucho, asegura que Chile es un referente de conocimiento y de nuevas medidas de mitigación de maremotos en la zona; “México y Ecuador están aprendiendo de nuestra experiencia”.

Dr. Marcelo Lagos, experto en maremotos de la UC, sigue midiendo hasta dónde llegó el agua en febrero. La fotografía muestra el uso de estaciones en la medición de alturas de ola en Constitución, que alcanzó una máxima de 27,5 metros.


Ciencia en proceso

A fines de año se realizará en San Francisco, EE.UU., la tercera reunión internacional científica desde el terremoto. Después de la conmemoración del sismo de Valdivia, los especialistas se reunieron en Brasil. Hasta las mediciones satelitales con GPS se han validado como la mejor forma de medir cuánto subió o disminuyó el nivel del territorio. Raúl Madariaga, sismólogo chileno que trabaja en Francia, está en Santa Barbara, California, analizando datos. “Todavía no hay una explicación clara de por qué no tuvo réplicas fuertes de magnitud mayor que 7,5. Muchos han discutido esto, pero no llegan a ninguna conclusión”, cuenta. En las semanas posteriores al sismo, un batallón de científicos de todo el mundo vino a tomar datos del fenómeno, coordinados por la Unesco. Se espera que los resultados de esas investigaciones comiencen a publicarse en 2011.

Fuente: El Mercurio – 27 Agosto 2010

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