Réplicas de una fecha inolvidable

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Continuan sintiendose a lo largo del país las réplicas de aquel 27 de febrero. Y réplicas también al interior de la comunidad en postgrado. Tres investigadores(as) han reflexionado sobre lo que significó para ellos aquella famosa fecha.

Los invitamos a reflexionar y discutir sobre este importante tema.

Terremoto en Santiago, ¿aquí no pasó nada?

Cuando ocurrió el terremoto en Haití, la primera reflexión que hicimos con mis compañeros de laboratorio fue que ojalá, nunca nos tocara un terremoto en el laboratorio, ya que está en un tercer piso y no hay muchas vías de escape.

El sábado 27 de febrero de 2010 a las 3:34  AM, me encontraba en la casa de mis papás en Santiago viendo televisión y trabajando en mi tesis  doctoral, después de 3 semanas de vacaciones.  Cuando empezó el terremoto, pensé que sólo era un temblor, pero cuando sentí que su intensidad aumentaba, desconecté el notebook porque  podía venir un alza de corriente y lo cerré, en ese momento sólo pensé en proteger los resultados de mi  trabajo. Luego, cuando todo acabó, fui a ver a mis padres y comencé a llamar a mis familiares, cuando supe que todos estaban bien, me acordé del laboratorio y en la reflexión que hicimos en enero.

A las 5:30 llegó la luz a mi casa, verificamos si había problemas y todo estaba bien. Entonces prendí la televisión y vi una imagen dantesca, la Facultad de Química de la Universidad de Concepción incendiándose,  fue como si un escalofrío me recorriera el cuerpo, lo primero que me vino a la mente fueron  los trabajos de años hechos añicos. Los trabajos de profesores  se perdían en un segundo  y  ¿cómo los  tesistas  iban a terminar sus trabajos de investigación? Luego me pregunté, ¿cómo estará mi Facultad?

Entre el sábado y el domingo pude hablar con todos mis amigos y me tranquilizó saber  que todos estaban  bien. Sin embargo, al ver la televisión llegó un momento que quedé saturada de todo lo que veía, sentía que la había sacado muy barata y me sentía culpable de pensar en mi trabajo y en las  muestras  que guardaba en el laboratorio, parecía tan banal, comparado con el desastre humano que estaba ocurriendo en el sur.

Sólo pude saber algo de mi laboratorio cuando el día lunes fui a la universidad. Me encontré con la peor noticia, el laboratorio estaba en la zona más afectada de la Facultad de Química de la Universidad de Santiago y teníamos prohibición de entrar. Gracias a un amigo que sí pudo hacerlo y sacar fotos, pude ver mi laboratorio. El techo falso se había caído en varias partes, muchas cosas estaban en el suelo, era UN DESASTRE, pero habían laboratorios peores que el mío. Sólo el día miércoles pudimos entrar, ver el desastre en vivo fue muy distinto, fue más impactante aún, ya que también la oficina había sufrido otros daños. Perdimos dos  monitores de computador (uno sólo tenía 3 meses), había problemas con el techo y todo estaba patas para arriba. No me quedé mucho tiempo por las réplicas que ocurrían con mucha frecuencia.

Salí con una sensación de alivio al ver que mis muestras y las de mis compañeros estaban bien, pero aumentó mi sensación de culpabilidad, porque seguía preocupada por mi trabajo. Si bien lleve mercadería y ropa a la Federación de Estudiantes, sentía que esto no era suficiente y quería ir al sur a ayudar, pero mi lugar de trabajo era un caos. Estaba llena de contradicciones, tenía tantas cosas que sentía que iba a estallar y por fin  descargar todas las emociones contenidas.

Al otro día todos los que trabajamos en el laboratorio (alumnos de pregrado y postgrado) y mi Profesor, nos pusimos manos a la obra, arreglamos en una jornada el desastre y tratamos que todo volviera a la normalidad.  Sin embargo, ésta sólo duró una semana y media porque nos tocaron las réplicas del 11 de marzo. En el laboratorio, todo se movía de una manera impresionante, los mesones se mecían en forma de onda y se abrían los cajones impidiendo el paso. Para la primera réplica seguí las instrucciones y bajé por la escalera lateral, la que  se movía más que el 3er piso, por eso, decidí no moverme de mi laboratorio por las otras réplicas, busqué una zona segura donde no hubiera techo falso, ya que lo que quedaba de este en cualquier momento se caía sobre nosotros y eso era extremadamente peligroso. Las tres réplicas de ese día fueron una seguidilla de imágenes extrañas a cada momento, como profesores y alumnos corriendo con sus notebooks para salvar su trabajo o  mi compañero de laboratorio tratando de proteger sus muestras para no perder su trabajo, a riesgo de su propia integridad, ataques de pánico en los patios y los teléfonos muertos Luego de varias movimientos, empezamos con las soluciones ingeniosas como la de tener un vaso precipitado con agua, así que si el agua se movía era porque realmente estaba temblando y no era nuestra imaginación.

Por lo que paso en los temblores del día 11, decidieron sacar el techo falso, pero cometieron el error de no avisarnos para proteger nuestras cosas y no perder así lo que habíamos limpiado después del terremoto, por lo que fue otra semana perdida en aseo y reparaciones. . Luego tuvimos otros arreglos que se realizaron por fuera de la Facultad, esto también nos afectaba, ya que el laboratorio está en una esquina del edificio y el ruido de taladros y movimiento de escombros todo el día no permitió un adecuado trabajo, así es que perdimos otros 3 días.

Traté de ir a trabajos voluntarios pero estaban todos los cupos llenos y eso te desconcierta mucho más y es porque qué más puedes hacer aparte de donar cosas.

Ya estamos en julio y yo sigo esperando que arreglen un equipo que ocupo en Valparaíso para trabajar en mis muestras y mi laboratorio todavía no vuelve a la completa normalidad, falta que nos arreglen la campana  y que coloquen el cielo para que podamos decir “todo está normal y pretender que aquí no pasó nada.

No puedo ponerme al mismo nivel de la gente del sur, pero puedo decir que el terremoto sí afectó mi trabajo, mi vida y  que no salimos indemnes.

Otro punto que me parece digno de reflexión, es la poca solidaridad que se generó en la facultad, cada uno vio  sus cosas y se generó un especie de comparación absurda de quien había tenido que trabajar más para poner sus cosas en orden. Si un terremoto grado 8 en Santiago y 8,8 en Concepción no causó que se movilizaran los investigadores en postgrado de forma masiva ¿Qué lo hará?

Author:
Rocio Santander
Doctorando en Química
Universidad de Santiago de Chile
Vivencias de un doctorando post-terremoto

Han pasado ya cuatro meses desde el día en que la tierra nos mostró que, en sólo unos pocos segundos, nuestras vidas pueden dar giros inesperados. Es precisamente en aquellos momentos, en los que ponemos a prueba nuestra capacidad para enfrentar situaciones extremas. Muchas de éstas eran esperables como: la escasez de servicios básicos, calles en mal estado o ver el contenido de nuestras casas en el suelo. Sin embargo, hubo otro tipo de situaciones que nunca imaginamos presenciar ni vivir, como fueron los saqueos, el toque de queda a las seis de la tarde y las barricadas en las calles por miedo a ser atacados, lo que generó en muchas personas, una sensación de vulnerabilidad tan grande, que ha quedado grabada en todos quienes las vivenciamos.

Ser protagonista de este tipo de experiencias siempre es enriquecedor, pero continuar con la vida y cumplir con las responsabilidades contraídas con anterioridad al terremoto no siempre es muy fácil, en especial, cuando se está realizando una tesis o una investigación que requiere no sólo de ciertas comodidades para trabajar, sino también de una tranquilidad mental para poder concentrarse y redactar un trabajo coherente y de calidad.

Muchos podrán pensar que, después de casi tres meses post terremoto, este evento debiera estar superado, y por lo tanto, el regreso al trabajo de investigación debiera poder llevarse a cabo sin mayores inconvenientes. Sin embargo, la realidad muestra que la desconcentración, la irritabilidad y la falta de energías están presentes, afectando no sólo la calidad del trabajo desarrollado, sino también, la salud mental de cada uno de los estudiantes de postgrado.

¿Cómo es posible concentrarse al 100%, si las réplicas que hasta hoy pueden sentirse en Concepción, nos hacen recordar lo vivido hace tres meses? ¿O si al emprender el rumbo hacia nuestras Universidades todavía vemos escombros en las calles o nos damos cuenta de que varios de nuestros puntos de referencia en la ciudad ya no existen? ¿O si en cada reunión social a la que asistimos, volvemos a recordar en conjunto lo vivido aquel día?

El regreso a la “normalidad” del país exige ponerse a tono con el trabajo de investigación, pero sería pertinente que los programas de postgrado tomaran en cuenta lo anteriormente mencionado, ya que tanto profesores como estudiantes estamos en un estado físico y mental que no nos permite rendir al 100%, aún cuando todos desearíamos estar al 100%.

Complejo es el panorama que se presenta, mas no insuperable. Es importante darse el tiempo para estar sereno y enfrentar la realidad, para continuar con nuestros trabajos dando lo mejor de cada uno. Pienso que, a pesar de las réplicas y de los recuerdos tristes, debemos ser amigos de la constancia y de la alegría, ya ellas nos ayudarán a no flaquear y a concluir con éxito nuestros trabajos de investigación.

Author:
Carolina Ortiz Jerez
Doctorando en Historia
P. Universidad Católica de Chile
Residente en Concepción
Una fecha que muchos no podremos olvidar

27 de febrero de 2010, será una fecha que muchos no podremos olvidar, ya que el terremoto no solo movió la tierra, sino que a muchos nos cambio nuestra estructura de vida. Me encontraba en Talca esa noche y al amanecer tomé mi mochila para viajar a Yerbas Buenas, pueblo histórico cercano a Linares donde se encontraba mi madre y fue ahí cuando pude apreciar la magnitud del desastre. Todo lo que correspondía al centro de Talca que estaba construido en su mayoría por adobe, se encontraba en esos momentos esparcido en las veredas y calles. Para viajar a Linares tuve que salir a la carretera, ya que el terminal de buses estaba cerrado y en ese momento pude ver que el terremoto nos humanizó y todos aquellos que hacíamos “dedo”, para que un auto nos acercara a nuestros pueblos, éramos ayudados; recuerdo ese día haber viajado en una camioneta en la parte trasera con 7 personas para llegar a Linares. Al llegar a la casa de mi madre, ella estaba en el patio esperándome, nos abrazamos muy fuerte y luego entré a la casa en donde crecí y pude ver el desastre que había quedado, todas las cosas en el suelo y trozos de adobe en el piso de algunas habitaciones. La casa estaba inhabitable, por lo cual, tuve que traer a mi madre a vivir conmigo en Talca, ya que mi casa estaba sin problemas estructurales.

Luego de llegar nuevamente a Talca, debía dirigirme a la Universidad de Talca, al Laboratorio de Interacción Insecto-Planta en el cual realizaba mi tesis y debía verificar como estaban las plantas que mantenía y los áfidos que tenía en ellas. He quedado impresionado, ya que el edificio había sido muy dañado tanto en su estructura como en sus instalaciones, se podían ver una serie de equipos destruidos. El laboratorio ya no existía y tanto profesores como estudiantes habíamos quedados sin nuestro lugar de trabajo y algunos con un retraso en las investigaciones realizadas. La universidad reaccionó rápido y la solidaridad de las facultades e institutos fue un gran apoyo para aquellos que estábamos con problemas. Fue así como en estos momentos me encuentro continuando mi tesis en el Laboratorio de Sanidad Vegetal y compartiendo con un gran equipo de trabajo, lo cual continuará hasta que se realicen todas las reparaciones en las zonas dañadas. En momentos así, se demuestra la solidaridad de la gente que nos rodea, los cuales nos ayudan a olvidar los duros momentos y encontrar una salida a los problemas.

Author:
Jaime Verdugo Leal
Doctorando en Ciencias Agrarias
Universidad de Talca
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2 comentarios sobre «Réplicas de una fecha inolvidable»

  1. Aquel Sábado, a las 3:34 AM yo estaba trabajando dentro de mi laboratorio (Comunicación Bacteriana, Facultad de Ciencias, Universidad de Chile).

    Matías Castro G.

  2. Primo, aún recuerdo esa noche con mis mellizos y mi esposo; aunque estaba en Santiago fue horrible esa sensación de uincomunicación y no saber cómo estaba mim familia en mi región…..cuando pude verlo no lo creía mi Abránquil y mi gente ya no está allá, todo está cambiado y aún sueño con ver todo como era antes de ese 27 de febrero…………solo me queda dar gracias porque solo son pérdidas materiales………………Änimo y fuerza!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    Los quiero

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