Seis grados de diferencia puede haber en la temperatura de una misma comuna

Compartir

Estudio del Laboratorio de Medio Ambiente de la U. de Chile en cuatro zonas de la capital. Análisis muestra que ciertos tipos de edificaciones generan “islas de calor”, que influyen directamente en fenómenos como la distribución de la contaminación en Santiago.

Manuel Fernández Bolvarán

Los terrenos dominados por edificios de baja altura pero amplios, como bodegas o centros de acopio, tienen temperaturas cinco grados mayores que aquellas partes de Santiago dominadas por áreas verdes.

Así lo establece un estudio del Laboratorio de Medio Ambiente y Territorio del Departamento de Geografía de la U. de Chile, realizado a partir de mediciones satelitales hechas un día de diciembre de 2008 a las 14:50 horas. El análisis se centró en las comunas de Santiago, Huechuraba, Vitacura y Cerrillos, por ser “una muestra representativa de los tipos de superficie de la ciudad”, explica Felipe Irarrázaval, geógrafo a cargo del trabajo.

Para hacer el estudio, la superficie urbana fue clasificada según aspectos como la cantidad de espacio construido, la altura de las edificaciones y la cobertura vegetal. “En general, los suelos más intensamente edificados son los que presentan mayores temperaturas, mientras los que tienen más áreas verdes son más templados”, resume Irarrázaval.

Lo más sorprendente es que incluso lograron detectar fuertes diferencias de temperatura superficial dentro de una misma comuna: en Vitacura, por ejemplo, los sitios eriazos registran seis grados más que las zonas de parques urbanos.

Efecto ambiental

El tema preocupa a los expertos, pues la temperatura que irradian estas superficies incide directamente en la temperatura atmosférica, generando verdaderas “islas de calor”.

Según explica Irarrázaval, dichas islas “son terreno fértil para bacterias y también afectan la ventilación de la ciudad”.

En efecto, la concentración de áreas verdes en el sector oriente sumada a la mayor densidad de industrias y edificaciones del lado poniente de la capital podrían influir en las corrientes de aire que van moviendo la contaminación hacia sectores como Pudahuel, Lo Prado y Cerrillos.

Dustyn Opazo, geógrafo del laboratorio, ha estudiado este punto. Al analizar la situación de los días de mayor contaminación atmosférica, estableció que la masa de esmog se mueve desde los sectores de menor a mayor temperatura. Es decir, de oriente a poniente.

“Acá se requieren esfuerzos desde la planificación urbana para deshacer estas islas de calor, lo que se logra con vegetación. Las áreas verdes son claves para la calidad de vida no sólo desde el punto de vista estético, sino también para el funcionamiento ecológico de la ciudad”, dice el director del laboratorio, Hugo Romero.

Por lo mismo, el experto lamenta que la extensión de Santiago sea a costa de las áreas verdes y se centre en urbanizaciones de alta densidad de edificación: “El impacto en las temperaturas de las edificaciones hoy no está considerado en la planificación urbana”.

Para abordar este problema, hay varias iniciativas internacionales interesantes, explica Felipe Irarrázaval. En Ecuador se realizó un plan para incorporar más árboles a las poblaciones de vivienda básica. En Stuttgart (Alemania) se instó a las industrias a introducir vegetación en techos y muros. “Acá mismo, en Vitacura, fue muy notable cómo un sitio eriazo se convirtió en el Parque Bicentenario”, comenta.

Fuente: El Mercurio – 5 Septiembre 2010

Comentarios de Facebook