SOS: Científicos de la sociedad

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Todavía recuerdo el Aló Eli: “Le vamos a preguntar a nuestro abogado”, o al médico, al cura, al sicólogo, etc. Entonces pensé y quise con toda mi voluntad que algún día le preguntaran a “nuestro científico”, el único problema es que no se me ocurría qué pregunta iban a hacerle. Eso era entonces.

Claramente nuestra sociedad se ha olvidado que existe una notable actividad llamada ciencia, cuyo avance ha mejorado la calidad de vida de las personas, pero también las ha puesto frente a realidades que preferían evadir. Y es en estas instancias cuando nos vemos forzados a recordarla, a darnos cuenta que tiene demasiadas cosas que decirnos; solo por mencionar una, el terremoto del 27 de febrero fue predicho por una investigación científica publicada el 2009 ¿Y qué hicimos como sociedad para prepararnos para ese momento?

Pero la culpa no es de “la sociedad”, como bioquímico tendría que ser muy caradura para culpar al resto. Fuimos nosotros, los científicos, los que nos olvidamos de la sociedad. Nos encerramos en unas oscuras cavernas que llaman laboratorios, estudiando algo que a nadie más le interesaba (NOTA: Nadie hace referencia a “ninguna persona fuera de la comunidad científica”), con el único fin de publicar los resultados en una revista que nadie lee, pero se supone de prestigio. Prestigio que permitirá acceder a fondos del estado (porque nadie más los aportaría) para realizar más investigaciones a nadie.

¿Resultado? Busque en las imágenes de Google la palabra “científico” o “scientist” y se encontrará con lo que la sociedad piensa de nosotros. Le ahorro la pega:

¿Otro ejercicio? Prenda su televisor y anote las características del primer científico que aparezca, probablemente llegará a cosas como estas: Loco, lenguaje raro, mago, incomprendido, etc. Puede anotar también cuál es su objeto de estudio y verá indefectiblemente que se trata de máquinas del tiempo, armas bélicas ultra poderosas, pócimas de amor o de rejuvenecimiento, etc. Nada más alejado de la realidad, pero repito, la culpa es nuestra.

¿Y quién paga los platos rotos? La sociedad, sin duda. Porque cuando realmente tenemos que hacer nuestra aparición estamos demasiado ocupados postulando a un proyecto o escribiendo un paper. Y dejamos nuestra importante labor formativa en manos de los seres más ineptos que podemos encontrar. Las noticias nos golpean una tras otra: Un día surgió la posibilidad de clonar a un ser vivo, más tarde la de contar con la información genética de una persona. Posteriormente llegaron al mercado los llamados “organismos genéticamente modificados” y sucesivamente nos fuimos enfrentando a sucesos de alto impacto en la sociedad que fueron aprobados (o rechazados) por una comunidad guiada por mitos, miedos y rumores. La guinda de la torta fue puesta hace algún tiempo cuando nuestra sociedad se enfrentó cara a cara con la famosa “píldora del día después”. Tema central donde todos DEBÍAMOS tener una opinión, pero… ¿quién nos entregaba argumentos para construir opinión? Entonces pudimos escuchar en todos los noticiarios y leer en cada titular la opinión de los periodistas, políticos, curas y abogados. Si teníamos suerte podíamos escuchar a algún médico por ahí. Todas las opiniones son muy respetables, por cierto, ¡Pero estábamos frente a un fármaco, el levonorgestrel, cuya acción fisiológica se puso en duda! ¡Un tema netamente científico! ¿Y a cuántos científicos pudimos escuchar? Pocos, muy pocos por cierto.

Lo más lamentable fue que el debate se ideologizó, que es lo peor que le puede ocurrir a una discusión seria. Algunos dirigentes de nuestra sociedad ocuparon su tribuna para decir “los de mi bando decimos ESTO respecto a la píldora”, produciendo en el bando opuesto la respuesta contraria. Y la labor del científico se perdió para siempre, pues si quieres defender una postura inviable, lo único que debes hacer es ideologizar el debate. Esto inmediatamente divide a la población en dos, donde una parte apoyará tu postura únicamente “porque somos del mismo lado” y la otra la rechazará “porque los de tu lado no me gustan”. Cómo olvidar aquella manifestación pública donde en vez de escuchar opiniones acerca de la acción del levonorgestrel, se oía una multitud cantando: “¡El que no salta es Opus Dei!” ¿Acaso no estábamos discutiendo sobre un fármaco?

Esto es lo que sucede cuando el científico llega tarde a la discusión, y cual tumor maligno, la terquedad humana se extendió hasta donde no debía llegar, porque cuando al fin pudimos escuchar algunas voces científicas, muchos ciudadanos pusieron el oído sólo donde les acomodaba y escucharon al científico no para informarse, sino buscando posibles argumentos para validar su prejuiciada posición.

Es por esto que el científico tiene una tremenda responsabilidad social, la de estar presente en el debate, al acecho de las últimas argucias de un partido político o de una ideología por utilizar a la ciencia a su favor. Por lo mismo debo pedir perdón, haré las veces de vocero de la comunidad científica y diré simplemente “perdón”. Perdón, porque llegamos tarde, porque dejamos que otros con muy poco criterio, pero demasiados micrófonos hablaran en nombre de nosotros mientras dormíamos. Perdón, porque nuestra negligencia fue pagada por toda la sociedad.

¡Cómo fue posible que la gente pidiera a gritos la intervención de la ciencia y no fuimos capaces de escucharla!

Pero basta de lamentaciones, pongamos manos a la obra para que las decisiones del futuro no sean tomadas por el ignorante, el fanático, el aprovechador o simplemente el tonto. Necesitamos más científicos presentes en la sociedad, entregando al resto lo que hallamos dentro del laboratorio, divulgando, enseñando, proponiendo y construyendo. Estimados colegas de ciencia, no tengamos miedo a optar por la docencia, la escritura y la dialéctica; el laboratorio no es la única forma de vida para nosotros.

En esta empresa es fundamental la labor de las universidades, que deben reorientar la formación que les están dando a nuestros estudiantes de ciencia, validando la investigación, por cierto, pero a la vez mostrando los diversos caminos que puede tomar el científico. En un curso de pregrado abundan laboratoristas, pero también hay excelentes docentes, notables oradores, formidables líderes y grandes escritores, muchos de ellos podrían entregarnos un periodismo científico de primer nivel, como alguna vez lo hicieron Carl Sagan e Isaac Asimov.

Un país que cuente con una comunidad de científicos alertas a los cambios en la sociedad es un país que puede mantener una mirada crítica, rigurosa, que se hace preguntas y busca respuestas. Busquemos incansablemente ese país, solo entonces contaremos con una voz autorizada cada vez que nos asalten las crisis. No más charlatanes, opinólogos revestidos de diputados, gobernantes ideologizados sin autocrítica, decisiones basadas en cálculos políticos en vez de beneficios sociales respaldados por el método científico.

Autor:

Carlos Salazar Morey
Bioquímico, PUC
Magíster Cs. Agricultura, PUC

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11 comentarios sobre «SOS: Científicos de la sociedad»

  1. LA VERDAD QUE HACE TIEMPO DESDE LOS TIEMPOS DE COPERNICO QUE LA CIENCIA SE PUESTO EN UN LUGAR CLACISTA EN LAINFORMACION DE SUS TRABAJOS Y DESCUBRIMIENTO TRABAJE EN LA ANTARTICA Y VIVI EN INSITU EL TRABAJO DE LOS CIENTIFICOS CHILENOS TUVE EL PRIVILEGIO DE COMPARTIR CON ELLOS Y VER SU TRABAJO Y EL SAGRIFICIO PERSONAL QUE LLEVA SUS TRABAJOS PERO NADIE SE INFORMA DE ELLOS HAY QUE CAMBIAR ESO AHORA YA NO MAS DECEOS DE BUENA GRIANSA VER LOS MEDIOS PARA QUE TODO CHILENO Y EXTRANJERO SEPA LOS TRABAJOS Y LO QUE CHILE HACE EN CIENCIA VAMOS AVER CUANTO DURA LOS DECEOS
    LES DECEO LO MEJOR DE MIS INTENCIONES Y APOYO QUE ESTO SE HAGA REALIDAD
    ATTE
    MARCO OCAMPO VERA
    PUNTA ARENAS

  2. Para cambiar este y muchos otros problemas que nos atañen como personas y científicos (responsabilidad social, ambiental, etc.), es necesario que desde nuestro laboratorios, oficinas y salas de clases hagamos todos un esfuerzo para ayudar a nacer, crecer y desarrollarse a un nuevo individuo social, el investigador. Este nuevo actor, además de tener una fuerte formación técnico-académica, debe contar con un nivel de conciencia social que le permita identificar no solo las necesidades inmediatas de sus pares, si no también la de la sociedad que lo rodea. A diferencia del científico tradicional, el investigador no debe temer a reunirse con sus pares para elaborar proyectos y opiniones conjuntas. El investigador debe ser cooperativo, integrador y crítico. El investigador, consciente de su origen y condición, debe defender ante los otros sectores el rol de la ciencia como herramientas fundamental para el desarrollo integral de la sociedad. Para finalizar, como síntesis, creo que el investigador debe reconocerse asimismo como un individuo social, con derechos y responsabilidades, capaz de encarar el desafío político de organizarse para trabajar y transformar su entorno.
    Por favor, que esto no les suene a que es necesario esperar la llegada de la, el, las o los elegidos para cambiar las cosas, el asunto es un tanto mas sencillo, pero no mas simple. Desde hace muchísimos años que Chile no cuenta con una política científica nacional. Esto se refleja claramente en la inestabilidad y precariedad del fondo que históricamente se ha destinado a I+D, en la naturaleza y funcionamiento de la única institución que administra hoy los recursos (CONICYT) y en la inexistencia de propuestas y proyectos para revertir esta situación. Porqué a diferencia de lo que cree el nuevo gobierno, somos muchos los que estamos seguros que la solución no pasa únicamente con aumentar en algunas décimas el gasto del PIB. Aquí es necesario “entrarle a picar” y bien fino. Desafortunadamente el escenario político actual tampoco es muy alentador, con todo respeto, es cosa solo de mirar la composición y proyectos de las comisiones del congreso dedicadas a legislar en materia de I+D. Todas personas muy honorables e iniciativas loables pero sustancialmente alejadas del mundo académico científico. Si averiguamos un poco acerca de la agenda actual de los partidos políticos nacionales tampoco vislumbramos una solución al corto o mediano plazo. Entonces, ¿como lo hacemos para cambiar esto?, nos organizamos y trabajamos para lograrlo. Hoy la construcción de un movimiento académico-científico, el cual permita a los investigadores participar de la discusión y elaboración de políticas públicas, depende de la capacidad que tengamos “la gente de ciencia” para levantar y desarrollar instrumentos políticos no tradicionales. En particular, analizando la oferta que nos ofrece el entorno nacional, quiero resaltar el papel que pretenden jugar hoy las organizaciones de postgrado como la ANIP y las AIP. Estas organizaciones, aunque aún inmaduras debido a su reciente aparición, buscan abrir nuevos espacios democráticos de participación para profesionales y académicos que están ligados al ámbito del I+D. Por lo tanto, estas representan nuevas herramientas políticas no solo para discutir acerca del proyecto científico que Chile necesita, si no que también para ayudar a madurar al “estudiante de postgrado” que pretende transformarse en investigador, siendo este último el único capaz de cambiaren el futuro el escenario actual.

    saludos desde lo 36°S.

  3. Me parece que el artículo está excelente, además de ser un tema de debate muy menoscabado en la comunidad científica. Es bueno traerlo a colación y debatirlo, especialmente cuando, dentro de la Academia, es un tema generalmente mal mirado.

    Lo que sí pasaron por alto es el daño que hacen los científicos “chantas” a la integración con la comunidad. Hagan un estudio rápido, vayan a juntas de vecinos o a colegios, pregúntenles por experiencias con científicos y el 90% tendrán algo malo que decir. Siempre está el biólogo chanta que los estafó con las charlas de medioambiente y un proyecto de “bio-algo”, o el químico “mula” que solo logró armar un incendio, o el físico, o el bioquímico, o el…. etc, etc. Esas personas también generan rechazo y nos alejan de la comunidad, particularmente porque se afinca esa imagen en la gente de que los científicos chilenos somos “chantas”, que hablamos “en raro” y que en realidad hablamos mucho pero sabemos poco. Entonces es cuando no nos creen. Y cuando no nos creen, más nos encerramos.

    El problema es que es la misma Academia, cerrada en su ostracismo, la que genera a estos personajes. Porque si uno va mas allá, y averigua sobre esas personas, con nombre y apellido, verá que son Magíster o Doctores, que realmente pasaron por el postgrado (generalmente con una beca que no dudan en decir que ganaron), pero no aprendieron nada. Y aun así sacaron su cartoncito y tienen el mismo nivel académico que alguien que sí aprendió algo. Y de esos chantas hay muchos, muchas personas que durante su postgrado anduvieron de un lado a otro porque ya nadie quería trabajar con ellos, pero que el mismo programa donde ya nadie los quería fue incapaz de eliminar y, por ende, terminaron su postgrado y luego, para sobrevivir (ya que en la academia no tenían futuro alguno), derivaron hacia el trabajo con la comunidad, dejando su pésima imagen impregnada. Y luego, para peor, hablan de “nosotros, los científicos”, con toda pompa y circunstancia.

    Entonces: es cierto que los científicos tenemos un deber con el país, como señala Isabel, que debemos hacernos oir y llegar a la gente, pero cuidado, porque basta que un científico mediocre deje una mala imagen en las personas, para que no escuchen a ningún otro. Y eso también es responsabilidad de la comunidad científica.

  4. Me gustó mucho el artículo, gracias por plantear el tema a discutir!!
    Creo que hay un punto que deberíamos considerar, y es, qué influencia tienen nuestras investigaciones en las políticas públicas… yo creo que es cero! Cuando surgió el debate de la píldora del día después, me preguntaba, cómo es posible que no hubiese ningún científico al que la gente pudiera escuchar y no es que crea que somos dueños de la verdad y que no se debe ideologizar, es más, encuentro muy bueno poder debatir al respecto, tomando en cuenta todos los puntos de vista, si no, simplemente me di cuenta que tenemos muy poca, por no decir cero, representación en el gobierno y eso nos aleja aún más de nuestra “sociedad”
    Hace poco, después del terremoto en varios medios de comunicación se habló, incluso se mostró la portada del paper del 2009 de la revista “Physics of the earth and planetary interiors” que circuló inmediatamente después del terremoto en nuestros mails, incluso en facebook! y que en lo personal no habia visto antes, y otra vez me pregunté porqué no me habia enterado de esa investigación antes? ¿sólo porque es de un área muy poco relacionada a la mia? si hay poca difusión entre nosotros qué podemos esperar del resto de la comunidad. Qué hubiese pasado si entre las personas que están “a cargo” de nuestro país hubiesen personas más enteradas de los estudios que los científicos están haciendo en nuestro país.

    Estoy de acuerdo con Isabel en que todos nosotros tenemos un deber con nuestro país y creo que una forma de comenzar es pedir que se nos tome en cuenta, que se nos dé el espacio para que se conozca nuestro trabajo, sus aplicaciones y la incidencia éstos en nuestra comunidad, y que así, en un no tan largo plazo, nuestras investigaciones sean consideradas en el desarrollo de políticas públicas relacionadas.

    Deborah Vargas
    Bioquímica
    Doc.en microbiología
    USACH-UCh

  5. Concuerdo con la nota de Carlos y con las opiniones posteriores.

    Primero quiero sumarme a las felicitaciones por poner este tema sobre la mesa.

    El “sistema científico” funciona así hace décadas. Los nuevos científicos no hemos más que acoplarnos pasivamente a una estructura vieja, cómoda quizás por lo “estable” (una estabilidad que me parece frágil, porque principalmente se sustenta con fondos del estado) basada en los escasos recursos que aporta el estado para investigación.

    La mayoría de nosotros (por no decir todos) tenemos el gran defecto profesional de enfocarnos netamente a la investigación. Incluso hacer pedagogía llega a ser mal mirado. Para qué hablar de otras formas de difusión, que no son tomadas muy en serio por los que viven por y para sus laboratorios.

    Hay investigadores a los que claramente el tema de la difusión de la ciencia hacia la comunidad, no les interesa. Y no creo que ellos cambien su parecer. Reinventarse es más difícil que permanecer pasivos en este “sistema” que los acoge.

    Sin embargo, sí existimos científicos a los que nos interesa el contacto directo con la comunidad, y hacer cosas para beneficio directo de ella. Sí pensamos en cuál es la aplicación de nuestras respectivas tesis, y cuál es el impacto de lo que hacemos ahora en una comunidad que nos paga los estudios con sus impuestos.

    Tenemos un deber con nuestro país. No basta con publicar en una revista que “nadie” lee, como bien dicen arriba. Si seguimos así, seremos los eternos desconocidos. Y cuando logremos algo interesante, los noticieros apenan mencionarán nuestros nombres y a lo más colocarán que somos científicos, sin importar si somos biólogos, bioquímicos, bioingenieros, químicos, o lo que sea. Menos importará el nombre del laboratorio donde estamos.

    Tengo confianza en que el sistema cambiará un poco en la medida que tomemos conciencia de esta situación. Por lo menos, yo ya empecé a hacerlo.

    Isabel Lizama
    Bióloga
    Doct en Cs Biológicas área Botánica
    UDEC

  6. Estoy de acuerdo con la mayoría de las cosas escribe Carlos, y que los comentarios apoyan, pero creo que entre medio se coló una de las causas de porque la sociedad a veces ya no nos aguanta; y es que nos creemos dueños de la verdad. O sea, si se trata de ciertos temas (un fármaco por ej.), la palabra del científico es la final. Eso fue así hace como 70 años, pero ya no. Seguimos pensando que encerrados en nuestros laboratorios toda discusión se transforma en “objetiva” y no “ideologizada”, porque tenemos nuestro “método”, hacemos nuestros experimentos y luego salimos a la sociedad a predicar la verdad: “la pastilla no es abortiva” por ejemplo. Si antes esto provocaba el fin de la discusión, ahora ya NO, pues la gente asume que todos tenemos intereses en el asunto.

    Si seguimos pensando que ese sigue siendo el papel de la ciencia, seguirá existiendo una distancia insalvable entre la ciencia y la sociedad. Como solucionarlo? Creo que eso merece un gran debate…

  7. Me encanta poder leer lìneas como estas tan llenas de verdad! Eso si, no es solo con regocijo por ver que hay gente que piensa igual que mi, que la divulgaciòn cientìfica es una tarea muy importante, y no se debe dejar en cualquier mano. SIn embargo, tambièn las leo con preocupación por que me confirma mi temor que en latinoamerica en general a la divulgación nadie la toma en cuenta!

    Con un par de amigos intentamos alguna vez crear un Club de Lectura Cientifica para tratar de compartir con los compañeos de la Universidad un poco el trabajo que se hace en la U y discutir como todo lo que hacemos se puede aprovechar para generar una mejor sociedad, lastimósamente, la primera reunión fue novedad y asistió un número interesante, de ahí en más cada vez eran menos los participantes, hasta que solamente quedamos dos personas.

    Todos me decían que querían asistir, que buena idea, pero a la hora de las reuniones todos estaban demasiado ocupados haciendo ciencia en un laboratorio para poder asistir!

    Esperemos que sepamos encontrar el tiempo para poder participar de este tipo de actividades, no solamente interactuar entre nosotros, sino con toda la sociedad.

    Seremos capaces de cambiar esa imagen del científico loco que nos cubre?? Amanecerá y veremos!

  8. Me parece super valorable que pongan en la mesa la discusión de este tema y por ello los felicito.
    Personalmente creo que no puedo estar mas de acuerdo con las palabras de Carlos, e incluso tristemente mi pensamiento es mas radical aún en este tema, ya que es un punto de conflicto moral que tengo con la “carrera científica”… Este sistema de publicar o morir me parece nefasto, pues si bien es la manera de reflejar la “producción” de un científico, es también el que nos aleja de la sociedad… publicando en revistas que nadie entiende, ni siquiera los colegas de otras áreas… y que ademas nadie lee, es más nadie entiende, y es mas nadie tiene acceso a ellas… se que hay que hacerlo y no digo que sea malo (podríamos decir que es un mal necesario)… solo creo que no puede ser ese NUESTRO FIN, nuestra única meta… Decimos que queremos contribuir al desarrollo y al conocimiento ¿de que sirve el conocimiento si solo lo conozco yo, mi tutor y los compañeros de laboratorio que escuchan mis seminarios?? Nooo si publico un paper en una revista de alto impacto esta hecho!! es eso contribuir al conocimiento realmente??

    Una vez conversando sobre este tema le pregunte a una “colega científica” acerca de la utilidad o posible aplicación de su linea de investigación y me respondió algo como “no se y no me interesa, con tal de que me den la plata me basta” creo que eso refleja el egoísmo que impera en nuestra comunidad… ¿por que sentimos que somos tan superiores y que eso nos da el derecho de EXIGIR que la sociedad financie nuestras curiosidades egoístas? Apoyo, valoro y se que es fundamental la contribución de la ciencia básica.. pero repudio la “patudez” de aquellos que sienten que es un deber de la sociedad pagarles un sueldo para que puedan ganar gloria y subir más aún su ego, sin importarle en lo absoluto si contribuye en algo con sus investigaciones, aunque sea de manera indirecta…
    Existen revistas que me imagino felices aceptarían “artículos científicos” traducidos al “español” e incluso quizás algunos diarios.. no se si alguien lo ha intentado… no me imagino que a un científico le interese o si quiera halla pensado en como mostrar a la sociedad esos descubrimientos tan interesantes que hizo y que como bien han dicho, la sociedad financio…
    Es nuestro DEBER retribuir a la sociedad con educación, asesorando a los “tomadores de decisiones”, haciendo mas difusión entre la gente que esta allá, afuera de los laboratorios… la gente real que paga nuestros becas y sueldos, mínimo intentar informar acerca de que se hace con ese dinero, lo que por lo demás fomenta el interés científico de la sociedad…
    Pero el problema es COMO hacerlo… como contribuir por ejemplo, a mejorar las bases científicas de nuestra legislación… que en muchos casos deja bastante que desear, creo que es bueno fomentar el trabajo de científicos en la parte “gestión”, que sepamos que es posible… tampoco nadie nos lo dice… me parece que el tema del periodismo científico como modo de difusión es una alternativa muy buena y muy real… y si algún día como ANIP se embarcaran en un proyecto de este tipo… se que habrían varios interesados en colaborar, personalmente sería una de ellas.

    Javiera De la Paz
    Bióloga Ambiental, U de Chile
    Est. Magister en Cs Biológicas, U de Chile

  9. Felicitaciones por tocar un punto crucial en el desarrollo de la ciencia de nuestro país pero que nadie parece atreverse a debatir.
    Por otro lado creo que debemos ser muy concientes que nuestras conductas científicas no distan demasiado de las que en en su artículo se asocian a toda esa clase de personas que agrupa como “nadie”.
    Explico mi punto. Acaso cada vez que publicamos un trabajo en una revista de mayor o menor impacto no estamos reafirmando una idea, extendiéndola, reintrepretandola, y si bien poseemos creemos tener evidencia sólida, cargamos nuestra labor con nuestra concepción del problema. nuestras ideas acerca de él, nuestra historia finalmente. Así entonces nuestra actitud, inclusive al trabajar como ratón de laboratorio, dista poco de la de aquellos que en el artículo son catalogados como “nadie” (no despectivamente por su puesto).

    Por qué menciono esto, ciertamente hemos cometido errores de omisión al restarnos en de la sociedad, pero la pregunta es por qué. Muchas me he topado con el especimen Cientificus Chilensis, ese raro y amorfo especimen que mira por debajo del hombro incluso a sus colegas, ni imaginarse mejor los que debe pensar de los “nadie”, ellos por dios, son analfabetos, pililos o toda clase de suitiquerias. ¿Qué hacer entonces?, en mi opinión debemos dejar estos egos de lado, sentarnos junto a la sociedad, tolerar, acoger, enseñar y aprender, por sobre todo aprender de ella, por que con nuestra actitud de mirarnos el ombligo y más encima creer que el ombligo propio es más lindo que el del colega no hemos avanzado mucho. Entonces, talvés algún día la situación cambie.
    Francamente soy escéptico al respecto, pues muy a mi pesar, un alto porcentaje presenta un ego del tamaño del Everest, ejemplo, cuán más fácil es colaborar con grupos extranjeros que con nacionales, por razones tan pobres como “es que somos competencia, o cosas por el estilo”.

    En fin, nosotros, la nueva generación de investigadores estamos llamados a dejar las pequeñeces y darnos a la más bellas de las tareas, crear una nueva sociedad, más justa, más instruida, más tolerante.

    Moisés Domínguez
    Doctorando en Química
    USACH

  10. Felicitaciones por el articulo!!!!!!!!!!!!!! me gusto el punto que planteas de que nosotros tememos que acercarnos a la sociedad y que esta en nosotros cambiar nuestra imagen.

  11. Mas allá de interpretaciones o diferencias pequeñas estoy de acuerdo con lo que planteas en lo esencial y me gustaría aportar algunas ideas. La actividad científica no está ligada a la difusión científica (en Chile me refiero), o incluso a actividades que ya son llamadas “extraprogramáticas”, es decir si usted quiere organizarse es fuera de su programa, por tanto la importancia que se le da en la carrera o en el postgrado es nula. La posibilidad de tener algún peso colectivo es baja. Las sociedades científicas rara vez hacen tareas de difusión más allá de las Universidades, somos los científicos los que debemos llevar nuestra experiencia y conocimiento a las personas, y eso tiene varias razones, una importante a mi entender es que eso NO vale o NO pesa para la evaluación de lo que sea, por ejemplo para una beca, Además si nos remontamos a los orígenes de la comunicación científica tenía una tarea de difusión, ahora se ha convertido en un instrumento de mercado mas que como tu bien dices, la sociedad no tiene acceso a ello. Este tema da para largo, por ejemplo la retribucion de la sociedad cientifica a la sociedad en general, mal que mal es ésta última la que paga proyectos, edificios, becas, centros etc… ¿basta con un paper de impacto medio? Sinceramente no lo creo.
    Atte
    Un ratón de laboratorio

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