Subsuelo del Museo de Arte Precolombino revela sorprendente patrimonio arqueológico

Resultó ser una cápsula del tiempo. Restos de cerámica y objetos de la Colonia e incluso evidencia de la ocupación incaica, que podría incluir hasta una edificación, están saliendo a la luz.

Por Richard García

Cuenta el recientemente publicado libro “Santiago de Chile 14 mil años” que cuando Pedro de Valdivia llegó al valle del Mapocho, su primera intención fue fundar una ciudad en la orilla norte del río, pero un cacique local le recomendó levantarla al otro lado, donde los incas habían tenido sus casas.

Una eventual prueba de esas habitaciones podría haber salido a la luz hace menos de un mes, y nada menos que en el patio sur de lo que es hoy el Museo de Arte Precolombino.

“Hay una estructura de piedra que corresponde a lo que fueron las bases de un muro”, informa el arqueólogo Luis Cornejo, quien encabeza los trabajos. Todavía no se atreve a afirmar que se trata del asentamiento inca mencionado por la tradición, pero no tiene dudas de que sean de origen inca decenas de fragmentos de cerámica bastante bien conservados, que también ha encontrado en el lugar. “En el patio norte, por ejemplo, encontramos restos grandes de un aríbalo incaico, gran vasija que empleaban para transportar chicha”.


El material inca es frecuente en el sector. Cuenta que cuando se remodeló la Catedral y se hicieron excavaciones en el sector de la cripta también apareció en lo más profundo mucha cerámica inca. “Todo parece confirmar y ahora tenemos claro que aquí hubo un asentamiento incaico”.

No es primera vez que el subsuelo del museo arroja evidencia arqueológica. En 1986, tras una serie de excavaciones que alcanzaron más o menos un metro de profundidad, quedó expuesta evidencia de todo el período colonial desde la fundación de Santiago en adelante, especialmente en la forma de cerámicas y restos de comida.

“En uno de esos sectores en la parte más profunda de la excavación llegamos a una acumulación de basuras que interpretamos como perteneciente al tercer patio de la casa de Juan de Cuevas, la persona a quien Pedro de Valdivia le entregó este solar (así se denominaba a la cuarta parte de una manzana), poco después de la fundación de Santiago”, explica el arquéologo.

Las excavaciones se reanudaron recién este año debido al proyecto de ampliación del museo, que contempla construir dos niveles subterráneos para salas de exposición y un tercero para depósitos. Así aparecieron el material incásico y también nueva evidencia del período colonial, incluyendo el fragmento de una cruz de oro.

“Ya excavamos cuatro puntos en el patio norte y otros dos nuevos en el patio sur. La idea fue hacer un sondeo para tener una imagen de lo que había bajo el suelo y así planificar excavaciones más extensivas, que tienen por objeto rescatar la evidencia documental y ponerla en valor”, explica.

Los arqueólogos están entusiasmados respecto de la nueva evidencia que podría aparecer, como monedas u otros objetos metálicos. Les interesan también los restos de los animales que habitualmente comían. “Nos permitirán determinar si en la Colonia temprana se estaban usando animales silvestres de acá, como los guanacos o llamas”.

La posibilidad de que aparezcan restos humanos parece remota, ya que tanto los españoles como los incas tenían claramente separadas sus áreas de cementerios de las dedicadas a la habitación. Pero eventualmente podrían existir ocupaciones anteriores a las de los incas que no hacían esa diferencia.

Y ya hay evidencia de ello: “Al lado en la Plaza de Armas, cuando se excavó para hacer la última remodelación, se encontraron tumbas preincaicas que datan del primer milenio después de Cristo; es posible que aquí también las haya”.

Un testigo de la historia

El Museo de Arte Precolombino es el eslabón más reciente de la larga historia de propietarios de este terreno situado en la intersección de Bandera y Compañía. El recinto cultural se instaló en 1981 en el edificio que hasta 1968 ocuparon los viejos tribunales y que previamente había acogido a la Dirección de Correos y Telégrafos, y a la Real Aduana. Para esta última fue especialmente construido en 1805. Pero antes que eso funcionó allí, entre 1635 y 1767, el Convictorio San Francisco Javier, un internado jesuita, y una ollería (fábrica de ollas) de la misma congregación. Remontándose aún más atrás, el terreno perteneció a Juan de Cuevas, uno de los compañeros de Pedro de Valdivia, y a su descendencia. De ratificarse la identidad inca de los cimientos encontrados, también habría sido asiento de una edificación de esta cultura.

Fuente: El Mercurio – 26 Septiembre 2010

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