Arqueólogos chilenos rescatan completo un trineo usado por cazadores de focas en el siglo XIX

Encontrada en la Antártica, es la única pieza de su tipo que se conserva intacta en Chile.

Por Francisco Rodriguez I.

El capitán inglés Williams Smith nunca pensó que un desvío accidental en la ruta de su barco, hacia el sur de Cabo de Hornos, lo llevaría a avistar, en 1819, un archipiélago de 11 islas glaciares a las que bautizó como islas Shetland del Sur. Menos que sólo un año después los cazadores de focas llegarían hasta ellas desde Inglaterra y Norteamérica para dar origen a una industria que sólo en 1820 contabilizó 250 mil pieles vendidas y que prácticamente arrasó con la fauna local.

Algunos objetos encontrados en las islas daban cuenta de estas expediciones ocurridas hace casi 200 años. Hasta que un grupo de arqueólogos chilenos y extranjeros dio con la única pieza completa que se ha descubierto hasta la fecha en nuestro país sobre estas matanzas: un trineo de madera usado por los foqueros para trasladar sus utensilios durante sus cacerías en tierra. Su data: cerca de 140 años. Su estado: el registro mejor conservado de la cacería de lobos y focas antárticas que hubo durante el siglo XIX en Chile. Su importancia: conocer más de estas expediciones que lograron reunir en esta zona a más de 90 barcos y decenas de factorías. Pero sobre todo, saber cómo más tres mil hombres (sólo en 1820) lograron cazar y sobrevivir en condiciones climáticas extremas.

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El hombre cazó guanacos en el páramo de Atacama

Arqueólogos hallan taller para fabricar flechas con una data de 12 mil años en la pampa del Tamarugal. El ciclo húmedo de fines del Pleistoceno sostuvo riachuelos y bosques de tamarugos donde hoy sólo existe el desierto absoluto.

Por Mauricio Silva

El sitio que una banda de cazadores escogió hace 12 milenios para fabricar sus flechas podría integrar al desierto más árido del mundo en las rutas del poblamiento humano del actual territorio chileno.

Un grupo del Centro de Investigación del Hombre en el Desierto (Cihde), de la Universidad de Tarapacá hizo el hallazgo en quebrada Maní, al sur de Matilla, una terraza hoy totalmente desprovista de vida en la pampa del Tamarugal.

A fines del Pleistoceno (época geológica que antecede al actual Holoceno y que duró hasta 10 mil años antes de Cristo) el lugar presentaba un aspecto muy distinto: pequeñas vegas sostenían bosquecillos de tamarugos y sauces nativos, o k’eros, que a su vez sustentaban una fauna de guanacos y roedores.

En 2007 fue publicado el hallazgo de vestigios fósiles de bosques que existieron en las quebradas del desierto de Atacama, lugar donde hace entre 17 mil y 12 mil años drenaban las copiosas lluvias que caían en la precordillera.
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Hace 3 mil años los ancestros de los changos ya habrían pescado en alta mar

Nuevos hallazgos arqueológicos. Recientes investigaciones también muestran que estos habitantes de la costa nortina desarrollaron la minería del hierro, cazaban guanacos y fabricaban herramientas de alta eficiencia.

Por Richard García

“Es gente muy bruta, no siembran ni cojen (recolectan) i susténtanse sólo de pescado”. Bastante poco favorable es la descripción que hace de los habitantes de la costa del desierto de Atacama Juan Lozano de Machuca, funcionario de la corona española en Potosí, a fines del siglo XVI. Lo cita a su vez el arqueólogo Ricardo Latcham en su libro “Los Changos de la Costa de Chile”, publicado exactamente hace un siglo.

Si a eso se suman otras narraciones que los pintaban como rechonchos y sucios, para los primeros cronistas estos habitantes de la costa del norte llevaban una vida bastante precaria.

Pero los últimos descubrimientos arqueológicos en la costa de la zona norte están presentando una imagen muy distinta de los changos y sus ancestros.

“Uno tiene una idea de precariedad cuando no ve que realizaban grandes construcciones. Pero en la medida que los investigamos nos damos cuenta de que tienen una tecnología tremendamente adecuada para la obtención de los recursos del mar y que a través de los siglos fueron obteniendo mejores herramientas, sin tener mejores casas”, explica Victoria Castro, arqueóloga de las universidades de Chile y Sek.
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Subsuelo del Museo de Arte Precolombino revela sorprendente patrimonio arqueológico

Resultó ser una cápsula del tiempo. Restos de cerámica y objetos de la Colonia e incluso evidencia de la ocupación incaica, que podría incluir hasta una edificación, están saliendo a la luz.

Por Richard García

Cuenta el recientemente publicado libro “Santiago de Chile 14 mil años” que cuando Pedro de Valdivia llegó al valle del Mapocho, su primera intención fue fundar una ciudad en la orilla norte del río, pero un cacique local le recomendó levantarla al otro lado, donde los incas habían tenido sus casas.

Una eventual prueba de esas habitaciones podría haber salido a la luz hace menos de un mes, y nada menos que en el patio sur de lo que es hoy el Museo de Arte Precolombino.

“Hay una estructura de piedra que corresponde a lo que fueron las bases de un muro”, informa el arqueólogo Luis Cornejo, quien encabeza los trabajos. Todavía no se atreve a afirmar que se trata del asentamiento inca mencionado por la tradición, pero no tiene dudas de que sean de origen inca decenas de fragmentos de cerámica bastante bien conservados, que también ha encontrado en el lugar. “En el patio norte, por ejemplo, encontramos restos grandes de un aríbalo incaico, gran vasija que empleaban para transportar chicha”.
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Complejo arqueológico reemplazará al museo que hizo el padre Le Paige

Tras casi 50 años de funcionamiento en San Pedro de Atacama. El nuevo edificio costará $3.000 millones y permitirá aumentar al doble la actual exhibición, una de las más importantes de Sudamérica con 300 mil piezas.

Por Alejandro Rojas M.

Tras casi medio siglo de funcionamiento, el museo construido en 1963 por el sacerdote jesuita Gustavo Le Paige -y que transformó al poblado de San Pedro de Atacama en un centro de interés internacional- será demolido para levantar un nuevo complejo arqueológico de 2.100 m2, el doble de su superficie actual.

El nuevo museo, que depende de la U. Católica del Norte, se levantará en los mismos terrenos del actual recinto que se inició en una de las piezas de la casa parroquial del sacerdote, con una inversión de $3.000 millones financiada principalmente por el plantel, el municipio local y fondos regionales.

Tendrá salas de exhibición que incluirán entierros y un subterráneo para las bodegas y depósitos de una de las colecciones más valiosas de Sudamérica, con 300 mil piezas. Será antisísmico y tendrá laboratorios y dependencias para investigadores, y auditorios que operarán como centro cultural.
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