La riqueza de los chilenos está en su gran diversidad genética

Aporte de antepasados indígenas, europeos, africanos y asiáticos sigue presente. Ser una población heterogénea permite a los habitantes de esta larga y angosta faja de tierra adaptarse con más facilidad a los cambios en el medio ambiente y facilita su supervivencia.

Por Pamela Elgueda Tapia

Negar el ancestro indígena es común entre los chilenos, por muy morenos y bajos que sean y aunque su sangre del grupo 0 los delate. Y ni pensar en un antepasado africano o chino. La mayoría tiene un tatarabuelo español o europeo y eran “rubios” cuando chicos.

Pero la verdad es que Chile es una población multiétnica y, desde un punto de vista biológico, muy diversa. O sea, el conjunto de variaciones de genes que forman la población del país es heterogéneo y “eso es muy positivo”, acentúa el doctor en ciencias e investigador del Instituto de Alta Investigación de la Universidad de Tarapacá, así como de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

Con más de 500 años de historia y 200 de vida republicana, los chilenos pueden decir con satisfacción que llevan en el cuerpo una diversidad genética que los hace más adaptables a los medio ambientes cambiantes.
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Revelan daño que dejan las salmoneras en el fondo marino

Imágenes de una exploración hecho por Oceana muestran que a más de cinco años del cese de un centro de cultivo salmonero, el mar acusa bacterias, basura y la ausencia total de oxígeno, clave para recuperar el ecosistema del lugar.

Por José Miguel Jaque

La expedición que Oceana organizó al Golfo Alt. Montt, en Puerto Natales (XII Región), no fue casual. En la organización sabían que en ese lugar se ubicaba un centro de cultivo de salmones que hace cinco años dejó de funcionar. Y el objetivo de la expedición fue explorar si había vestigios de esa labor.

Por medio de buceo y de un robot submarino se obtuvieron imágenes bajo el punto donde se ubicaban las balsas jaulas y al lado de ellas. ¿Qué se vio? “Los costos ambientales de esta industria”, dice Matthias Gorny, director de Ciencias de Oceana. Y describe: una gruesa capa de sedimentos orgánicos en el suelo marino, bolsas de alimentos, sogas, redes y bloques de cementos usados para anclar las balsas jaulas. “Todavía hay presencia de manchas de bacterias en el fondo marino que son indicadoras de estados de anoxia, es decir, de ausencia total de oxígeno que impide la formación de vida”, insiste Gorny. “Este es una situación común. Todos los sistemas de cultivo de salmones con balsas jaulas ciertamente impactan los equilibrios orgánicos e inorgánicos”, complementa John Volpe, profesor de Conservación y Restauración de sistemas marinos y la Conservación de la U. de Victoria, en Canadá. ¿Se puede revertir? Volpe dice que no es seguro.
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