Trastorno Obsesivo Compulsivo

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En la película “As good as it gets” el gran Jack Nicholson interpreta a Melvin Udall, un escritor de Nueva York que padece de trastorno obsesivo compulsivo (TOC o OCD por sus siglas en inglés, Obsesive Compulsive Disorder). Muchas personas no habían oído antes sobre esta condición y fue esta película de 1997 la que la hizo conocida. En una de las escenas se ve a Melvin Udall llegando a su casa y llevando a cabo una serie de extraños rituales, como poner llave a su puerta o encender las luces de manera repetitiva. Luego se dirige al baño, bota a la basura los guantes de cuero que usa para salir a la calle y se lava las manos con agua muy caliente usando dos pastillas de jabón diferentes.

Una de las premisas más aceptadas sobre el trastorno obsesivo compulsivo establece que las personas que lo padecen sufren de pensamientos obsesivos –como por ejemplo el temor a contraer gérmenes o enfermedades– lo que les produce una gran ansiedad. Una forma de contrarrestar esta gran ansiedad es a través de las compulsiones: acciones repetitivas que tienden a contrarrestar la sensación de ansiedad producida por los pensamientos obsesivos. De esta forma, si la obsesión son los gérmenes y el temor a contraerlos produce ansiedad, entonces una forma de aliviarla es lavarse las manos de manera repetitiva. Sin embargo, gracias a investigaciones recientes sobre este trastorno –y para incomodidad de quienes lo sufren– aparentemente la explicación sería totalmente al revés: la compulsión (lavarse las manos, por ejemplo) aparecería primero y sería responsable de las preocupaciones irracionales (el miedo a los gérmenes). Vamos por partes.

“Lo de siempre, por favor…”

¿Cuántas veces les ha sucedido que quieren ir a comprar ropa y terminan tomando el camino que usan para ir al trabajo? ¿O la más compleja situación de llamar a su actual pareja por el nombre de la ex-pareja? Estos pequeños errores [es discutible decir que llamar a la pareja por el nombre de la ex es un pequeño error] son el costo que pagamos por la automatización de ciertas tareas. Son hábitos: acciones que están programadas en nuestro cerebro y que nos permiten optimizar su funcionamiento mediante la creación de rutinas que requieren menos atención, dejando recursos cognitivos libres para destinarlos a otras tareas. La creación de hábitos es entonces un mecanismo que el cerebro usa para optimizar su funcionamiento. Para averiguar más acerca del papel de los hábitos en el TOC un grupo de investigadores realizó un interesante experimento: a algunos voluntarios, entre los que habían personas con TOC, se les conectó la muñeca a una fuente eléctrica y se les explicó que para evitar recibir una descarga debían presionar un pedal cuando apareciera un cuadrado amarillo en una pantalla. Más tarde se les desconectó la muñeca del equipo que producía la descarga eléctrica, por lo que no era necesario seguir presionando el pedal. Sin embargo, todos los que padecían TOC siguieron presionando el pedal cuando veían el cuadrado amarillo, aun cuando declararon saber que ya no recibirían la descarga eléctrica. Presionar el pedal se había vuelto un hábito. Sin embargo, lo más interesante vino después: se les hizo una entrevista a los voluntarios y aquellos que padecían TOC y que siguieron presionando el pedal inventaron una explicación para su conducta: pensaban que de alguna forma recibirían de todas maneras la descarga si no presionaban el pedal. Y eran las mismas personas que antes habían declarado saber que ya no recibirían la descarga. ¿Por qué cambiaron su historia? Una posible explicación es que cuando nos sorprendemos haciendo cosas que no tiene sentido, inventamos una excusa que haga que nuestras acciones tengan lógica.

Pequeñas mentiras

Cuando nuestro comportamiento contradice lo que sabemos se crea una sensación muy incómoda llamada disonancia cognitiva. El caso típico son los fumadores: saben que fumar es malo para la salud y por lo tanto inventan todo tipo de declaraciones para aliviar esa contradicción (“solo fumo cuando estoy nervioso” o “de algo hay que morir”).

Uno de los primeros estudios en analizar la disonancia cognitiva se efectuó con un grupo de voluntarios a los que se les pidió realizar durante una hora una tarea terriblemente aburrida y monótona. Luego, a algunos de ellos se les pidió que le dijeran a los nuevos voluntarios que había sido una tarea agradable. Los investigadores encontraron que quienes dieron esa falsa información sobre lo divertido de la tarea cambiaron su propia percepción sobre lo bien que lo pasaron cuando se les preguntó si les había gustado la tarea encomendada.

Las investigaciones recientes sobre el TOC sugieren que un mecanismo similar puede estar operando. De esta forma, quienes caen en comportamientos obsesivos –como lavarse repetidamente las manos– se inventan una excusa que los haga sentirse más cómodos con esa acción irracional (“le tengo miedo a los gérmenes”). Así, el hábito compulsivo crearía a la obsesión, que sería una consecuencia de la disonancia cognitiva que surge al hacer algo irracional.

Todos somos criaturas de hábitos. Incluso puede ser que gran parte de nuestras preferencias sean producto del hábito. Tal vez no tomamos nuestro camino favorito al trabajo porque hay menos tráfico o porque hay árboles que dan sombra; tal vez sencillamente nuestro cerebro convirtió a esa ruta en un hábito y nosotros inventamos una explicación para darle sentido a ese hábito. De esta forma nos sentimos más en control de nuestras decisiones. Este fenómeno, en el que el comportamiento cambia a las creencias, ocurre en todo ámbito de cosas. Por ejemplo, cuando se le pide a la gente que elija entre dos destinos muy similares para ir de vacaciones, se forma una imagen muy positiva del destino que eligen, aun cuando al principio declararan que les parecían igualmente buenos. De manera sorprendente, tres años después del experimento esta sensación de reforzamiento positivo sobe el destino elegido seguía presente. Es posible que este cambio sobre nuestras creencias impulsado por nuestro comportamiento explique cómo un hábito se puede convertir en una compulsión. De esta forma, creando una nueva creencia –“le tengo miedo a los gérmenes”– se refuerza la urgencia para establecer un hábito (lavarse las manos repetidamente) hasta que eventualmente perdemos nuestra capacidad de controlarlo y resistirlo.

De esta forma, el TOC no sería otra cosa que un hábito que se salió de control. Esta es la hipótesis de trabajo de un grupo de investigadores, la que de confirmarse le daría un giro a la forma en que se estudia y trata el TOC.

Nota: Si les molesta que el título de este post esté incompleto, entonces seguro les ha resultado particularmente interesante :)

 FotoBIO

BIO:

Mi nombre es Gabriel León, soy Bioquímico (Pontificia Universidad Católica de Chile, 2000) y tengo un Doctorado en Biología Celular y Molecular (Pontificia Universidad Católica de Chile, 2006). Actualmente soy académico en la Universidad Andrés Bello y dirijo un laboratorio de investigación en donde se forman estudiantes de Pregrado (Bioquímicos e Ingenieros en Biotecnología) y de Doctorado. Nuestro principal interés es el desarrollo reproductivo de las plantas y actualmente estamos estudiando el tiempo de floración y el desarrollo del polen. Este blog tiene un carácter personal y su objetivo es acercar la actividad científica a la comunidad, a través del relato de historias de ciencia.

El enlace al artículo original: http://elefectorayleigh.wordpress.com/2014/08/03/trastorno-obsesivo-compulsiv/

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