Tribuna de Miguel O’Ryan y Juan Larraín: Ciencia y tecnología para el desarrollo.

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“…Este Plan País debiera, bajo una visión integradora y objetivos razonables de mediano y largo plazo, considerar el diagnóstico actual de nuestra realidad y las metas por alcanzar…”.

Miguel O’Ryan Gallardo Vicerrector de Investigación y Desarrollo Universidad de Chile
Juan Larraín Correa Vicerrector de Investigación Pontificia Universidad Católica de Chile

Hoy, las grandes potencias del mundo coinciden en señalar que el fortalecimiento de una ciencia y tecnología de alta calidad al interior de las sociedades es un factor fundamental para alcanzar el desarrollo. En el caso de Chile, el desafío de lograr este objetivo en un plazo no mayor a 15 años obliga a evaluar nuestro estado y oportunidades en la materia.

De un tiempo a esta parte, el país ha avanzado considerablemente en su capacidad para desarrollar investigación científica y, en menor medida, investigación tecnológica. En ambos campos, Chile presenta indicadores favorables dentro del contexto latinoamericano, aunque insuficientes al momento de compararnos con países como los que integran la OCDE. La publicación de artículos científicos en revistas indexadas por parte de nuestros investigadores -un indicador objetivo de calidad en la producción científica- nos ubica cuartos a nivel regional, aunque muy por debajo de países como España, Brasil o México. En investigación aplicada, nuestra productividad relativa es aún menor, al ocupar el noveno lugar entre los países en vías de desarrollo que solicitaron patentes de investigación durante 2009.

En los últimos 10 a 15 años, las autoridades políticas del país han manifestado reiteradamente su decisión de impulsar la ciencia y tecnología, desarrollando para ello un conjunto de iniciativas con diversos niveles de impacto. Entre ellas se incluyen las dirigidas a promover la asociatividad de investigadores y grupos científicos de excelencia (iniciativas Milenio, Fondap, Proyectos Basales) y su sinergia posterior con sectores empresariales y públicos, en aras de más y mejor innovación (Fondef, Innova-Corfo, FIA, Consorcios). Otras se han centrado en la formación de capital humano avanzado tanto en el extranjero como en Chile (becas Chile, becas doctorales y posdoctorales).

Las nuevas autoridades también han demostrado una predisposición decidida a impulsar el progreso en materia científica, proponiendo duplicar su inversión anual del 0,7% (0,4% a la luz de nuevos estudios) del PIB al 1,4%, y así acercarse a la inversión que realizan los países más avanzados.

¿Qué falta, entonces, para hacer de Chile una tierra fértil en materia de desarrollo científico y tecnológico? Nuestra apreciación, como actores en este proceso, es la presencia de una política nacional que aborde de forma integrada y coordinada las diferentes necesidades en esta área, mediante proyectos e iniciativas efectivas; una organización aplicable de las acciones al más alto nivel dentro de la estructura estatal.

Este Plan País debiera, bajo una visión integradora y objetivos razonables de mediano y largo plazo, considerar el diagnóstico actual de nuestra realidad y las metas por alcanzar en áreas como la investigación científica y aplicada, la capacidad de transferencia tecnológica, la infraestructura para la investigación, el equipamiento mayor e intermedio, el capital humano avanzado, técnico y de apoyo a la capacidad de gestión en investigación básica y aplicada, entre otras, entendiendo cada aspecto como piezas de un puzzle complejo, pero indispensable. Sobre este punto, casos como el de Brasil y su “Plan de Acción de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo Nacional” del año 2007, en el que se invirtieron más de 28.000 millones de dólares durante tres años, pueden ser ejemplares. No es casualidad que hoy muchas de sus instituciones de educación superior estén al tope de los rankings de universidades iberoamericanas.

Como universidades de investigación con una fuerte vocación pública, y comprometidas con el desarrollo de Chile, queremos ofrecer nuestro mejor esfuerzo para aportar al logro de este desafío. Creemos firmemente que un Plan Nacional Integrado de Ciencia y Tecnología requiere de nuevas reflexiones de carácter participativo, suprapartidario, con la meta del desarrollo como principal norte. Estamos dispuestos a convocar a un grupo de trabajo que sume a destacados científicos nacionales del ámbito académico, institutos de investigación, organismos gubernamentales y privados con el fin de elaborar un primer borrador de esta nueva hoja de ruta. La integración de nuestra visión científico-académica con la de otros actores de la vida nacional podrá dar origen a un plan que, eventualmente, dé paso a leyes, organismos, estructuras de gestión y financiamiento para la ciencia y la tecnología que sirvan de trampolín definitivo para alcanzar tan anhelada meta.

FUENTE: El Mercurio – 23 Noviembre

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