“Una cuestión de acceso” (1ª parte)

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Big Data y no saber de la cultura abierta

Autor: Ricardo Hartley.

Uno de los temas de discusión frecuente en las charlas sobre investigación e innovación ha sido el trabajo en “Big Data”, entendiéndolo como el trabajo en acceder, ordenar e interpretar grandes cantidades de información para, entre otros, mejorar la toma de decisiones, agregarle valor a esa información o interpretar de mejor manera los fenómenos complejos que suceden en las diferentes áreas donde es usada: economía, ciencias, etc. sin embargo, cualesquiera de éstas actividades se ve limitada si no se permite el acceso para uso de la información requerida.

Enfocándome particularmente en ciencias, el adjuntar la data a figuras suplementarias o sitios donde esos datos puedan ser obtenidos y citados, como github, figshare, arXiv o en las mismas revistas donde se publican como datos suplementarios, nos da el potencial de poder reinterpretar y generar conocimiento con un número de muestras mucho mayor. Sin embargo, el problema emerge cuando visualizamos que las revistas tienen cláusulas sobre qué se puede o no hacer con los datos publicados. Esta situación no es estudiada adecuadamente por los organismos encargados, llámese Universidad, Instituto o Conicyt en el caso de nuestro país, lo que se suma a un desconocimiento de los diferentes tipos de licencias, Copyright, Copyleft o Creative Commons por las cuales, entre otras, podemos limitar o no el uso de lo publicado. Logrando pasar ésta barrera de desconocimiento, tenemos la segunda barrera creada por los dueños de esta información, los cuales al ponerla a disposición, temen por:

  • El uso inapropiado de los datos
  • Pérdida de la “novedad”, sumado a que los datos sean usados sin hacer partícipe a la fuente, tanto en otras publicaciones como en otros proyectos.
  • Problemas con el consentimiento informado y/o potenciales patentes u otro uso de la información.

Evidentemente existen otros temores y/o problemas, pero estos son solo algunos de los nombrados en la “Open Conference 2015” que se realizó recientemente en Bruselas, donde la comunidad científica y educación se dedicó a hacer explícitos los problemas en generar un espacio de apertura a la entrega y reutilización de información, y a su vez, generar directrices de cómo solucionarlos, o al menos intentar abordarlos.

Esta discusión en Chile no ha existido aún, donde por experiencia personal, realizar un evento satélite de la “Open Conference” no despertó más interés que una disposición de prestar una sala.

Tal vez sea a partir de la visita de profesionales que trabajan en países donde estos intereses son valorados –ya que el acceso a la información es estimado como clave en el desarrollo de tecnología– ayude a que se genere una conciencia más crítica de la importancia de poner los datos a disposición, tener el conocimiento de cómo protegerlos para favorecer las colaboraciones entre los grupos, y cooperar en la formación de comunidades de ciencia y tecnología.

El alcance de estos objetivos, así como de otros, se ve en parte obstaculizado por el vigente sistema de negocios instaurado el Chile, en el cual el valor de la investigación va poco más allá del monetario, y donde el co-working en empresas no ha sido vinculado a la academia con el suficiente apoyo.

Es tal vez el momento de aprovechar el impulso en la creación de oficinas o unidades de transferencia tecnológica o similares, usualmente ligadas a las Vice-Rectorías de Investigación de las universidades, para darle a la creación científica, en cualquiesquiera de sus ámbitos, una valoración mas allá de la económica. Además, se necesita plantear la discusión si es en éstas Unidades, Centros de Investigación, o instancias gubernamentales como Corfo (quienes han apoyado la creación de éstas oficinas) o Conicyt, desde donde se deben generar los cambios en la orientación de la valoración y disponibilidad del conocimiento o a quien corresponde, pensando en un país donde la Ciencia y Tecnología deben ser pilares para su desarrollo.

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