Una penquista en las grandes ligas de la ciencia en Estados Unidos

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E1 27 de abril de 2010 será una fecha inolvidable para la bioquímica penquista Ulrike Heberlein. Ese día la National Academy of Science (NAS) de Estados Unidos la nombró como una de las 18 nuevos investigadores extranjeros asociados a esta tradicional entidad.

Por Gonzalo Espinoza Díaz

Heberlein es bioquímica egresada de la Universidad de Concepción. Se encuentra radicada hace 28 años en el país del norte y actualmente se desempeña en el Departamento de Anatomía de la Universidad de California, donde en su laboratorio trabaja con moscas de la fruta drosophilas y realiza pruebas en estos insectos para observar su comportamiento bajo el efecto de las drogas.

Amor por la ciencia

Heberlein cuenta que su interés por la ciencia viene desde sus estudios secundarios que cursó en el Colegio Alemán de Concepción, afirmando que “me ha interesado la biología y la química desde la enseñanza media y obtuve mi título de Bioquímica en la Universidad de Concepción, donde todo encajó perfecto. Fue durante esta época en la UdeC que realmente desarrollé mi amor por la ciencia, tuve maravillosos profesores y mentores. Además, recibí una educación fantástica que hizo muy fácil y tranquila mi transición hacia la ciencia en Estados Unidos”.

Al momento de indagar en las motivaciones o razones que la llevaron a tan alto sitial, Ulrike Heberlein con modestia dice que “realmente no tengo idea, todo el proceso de elección de la Academia de Ciencias de EE.UU. fue una total sorpresa para mí. Los científicos son evaluados por su trabajo a través de los años y luego son elegidos por los miembros de la NAS. Si tengo que adivinar, probablemente me eligieron por el hecho de que hago ciencia de innovación y riesgo desde mis días como estudiante de doctorado de la Universidad de California.”

Para quienes recién están dando sus primeros pasos en el mundo de la investigación científica, Heberlein dice que se deben correr ciertos riesgos e incluso sobrepasar limites en los campos de innovación, aunque reconoce que la receta es simple: “ser creativo, no tener miedo al fracaso y simplemente jugársela. No buscar reconocimiento ni premios, sino hacerlo porque lo amas”.

A pesar de estar a miles de kilómetros de su natal Concepción, la investigadora está al tanto de lo que ocurre en la Región post terremoto y cree que hay una oportunidad para el desarrollo aún mayor de la innovación y el conocimiento científico. Además ve bien posicionada la tarea investigativa de las universidades.

“Una ciencia dinámica como la que se ha desarrollado en Chile en la última década, o desde antes, es vital para la reconstrucción. Estoy muy impresionada con el progreso en Chile, no sólo en Santiago.

Claramente la recuperación de la infraestructura es crucial, pero también es importante que eso no signifique un estancamiento en el crecimiento científico”.

Ciencia en Chile y la UdeC

Al recordar su alma máter, dice que la ha visto “prosperar y crecer con claridad en último tiempo. He estado en el campus un par de veces durante las visitas a mi familia y he quedado impresionada por todos los edificios nuevos, lo que denota un gran crecimiento. Yo, lamentablemente, he perdido el contacto con muchos de los científicos de allá, pero de lo que puedo ver desde aquí es que la universidad se ha convertido en una fuerza real en la ciencia chilena”.

Heberlein cree que este reconocimiento a su labor puede abrir más puertas a investigadores chilenos, lo que afirma ya está ocurriendo con una legión de investigadores nacionales en tierras norteamericanas. “Me encantaría encontrar una manera de formar a los investigadores chilenos aquí en los EE.UU. y prepararlos para una exitosa carrera en Chile. Ya hay muchos científicos chilenos reconocidos y exitosos en EE.UU., que bromeamos llamándolos ‘la mafia chilena’. De ninguna manera soy la única chilena aquí”.


Una organización científica centenaria y asesora del gobierno de EE.UU.

La Academia Nacional de Ciencias es una organización privada de científicos e ingenieros dedicados a la promoción de la ciencia y su uso para el bienestar general. Fue establecida en 1863 por un acto del Congreso de constitución firmada por Abraham Lincoln, quien pidió a la Academia que actúe como un asesor oficial del gobierno federal en cualquier ámbito de la ciencia o la tecnología, que con frecuencia dominan las decisiones políticas. La mayoría del trabajo de la política científica y técnica de la institución se lleva a cabo por su brazo operativo, el Consejo Nacional de Investigación, creado expresamente para este fin. Estas organizaciones sin fines de lucro prestan un servicio público, trabajando fuera del marco de gobierno para garantizar un asesoramiento independiente sobre asuntos de ciencia, tecnología y medicina.
Los resultados de sus deliberaciones han inspirado algunas de las iniciativas más importantes y duraderas de Estados Unidos para mejorar la salud, la educación y el bienestar de la población.

Fuente: El Diario de Concepción – 16 Mayo 2010

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