Una pesadilla que puede volverse realidad

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Hace un par de días, antes de retirarme del laboratorio y luego de otra jornada llena de experimentos y solicitudes de becas interminables, un amigo me preguntó:

“¿Qué ocurriría si los investigadores no rompían el estereotipo de no ser más que unas ratas de laboratorio y de biblioteca, despreocupados de la realidad nacional y el futuro cultural, científico y tecnológico del país?”.

Si bien me retiré a casa pensando que la respuesta era obvia, al caer rendido a la cama sufrí una de las peores pesadillas que había tenido desde hace mucho tiempo.

En el sueño miraba atónito cómo los sistemas de becas desaparecían convirtiéndose en créditos, y cómo a razón de esto último cada vez menos profesionales, producto de su situación económica, ingresaban a programas de postgrado. Los pocos centros de investigación que existían, los que el día de ayer se jactaban de cómo podían competir (con sus limitados recursos) con los grandes centros internacionales, gracias al excelente nivel de sus científicos, hoy se deterioraban y desaparecían lentamente al no contar con investigadores de calidad.

Escuchaba cómo al unísono, los profesionales exclamaban: “¿Para qué estudiar un postgrado en áreas poco rentables como humanidades, ciencias biomédicas, ciencias naturales, matemáticas y exactas? ¿Para qué estudiar 4-5 años más? ¿Para continuar endeudándome y tener una renta inferior a la que obtendría si no hubiera tomado la pésima decisión de entrar al Doctorado?, ¿Lo haría por el desarrollo cultural, científico y tecnológico del país? JAJAJAJA reían incesantemente”.

Con gran impotencia observaba cómo la falta de compromiso por fortalecer y desarrollar los postgrados nacionales, en pos de enviar a nuestro capital humano al extranjero, desembocaba en una fuga masiva de cerebros y que, como resultado, los programas de postgrado chilenos se debilitaban y agonizaban por falta de su materia prima: el capital humano. A raíz de la ausencia de una política pública integral y una institucionalidad adecuada, el progreso cultural, científico y tecnológico del país se estancaba: el país miraba atónito como nuestro capital humano subvencionaba el desarrollo científico y tecnológico del resto del mundo.

Las nuevas generaciones de científicos se daban cuenta que sus líneas de investigación ya no eran “prioritarias” para el país, en el sueño veía cómo ellos perdían su financiamiento, porque unos pocos habían decidido lo que era prioritario o no para el país.

Observaba cómo instituciones como la Academia Chilena de Ciencias y las Sociedades Científicas se convertían en meros organizadores de congresos, alejados de las necesidades del país, y cómo el par de investigadores que en un momento eran la voz disidente, portavoces de la visión de la comunidad científica chilena, se conformaban con enviar un par de cartas al mes a algún diario local, sintiéndose satisfechos por “contribuir al debate”.

Generaciones de nuevos doctores y magister se convertían en profesionales sobrecalificados, cesantes ilustrados, sosteniendo largas discusiones en la Plaza de Armas sobre cómo el país había invertido en formar miles de ellos sin pensar en cómo re-insertarlos al país. Y cómo aquellos “suertudos” que lograron insertarse al mundo laboral, trabajaban en cualquier cosa menos para lo que fueron formados. Veían así cómo el país se había dado el lujo de perder capital humano, tiempo y dinero.

La pesadilla seguía pero prefiero detenerme aquí. Quise compartir con ustedes la que no es sólo una inquietud personal, sino parte de los temores de muchos de ustedes que eligieron la investigación como principal motor de sus vidas.

De que haya sido una pesadilla o un sueño premonitorio depende de todos aquellos que alguna vez se han planteado estos escenarios, cada vez menos hipotéticos, y que se han propuesto hacer algo al respecto.

Cada día se están creando las instancias para discutir y afrontar estos problemas, sin embargo se hace cada vez más evidente que el lema de gran parte de los investigadores nacionales es: “Que alguien haga algo, alguien… obviamente cualquiera menos yo”.

Contribuir desde cada una de nuestras áreas y líneas de conocimiento, al futuro de nuestro país comienza con un click.

¿Qué harás tú al respecto?

Autor:

Carlos Blondel Buijuy
Bioquímico, Universidad de Chile.
Doctorando en Bioquímica, Universidad de Chile

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2 comentarios sobre «Una pesadilla que puede volverse realidad»

  1. El gobierno ya comenzó con su política de destrucción de la ciencia. Las becas de pasantia al extrangero este año solo serán otorgadas para temas relacionados con la energia. Revisé todo el calendario de concursos y no había otro con ese nombre, así que supongo que es el mismo con diferente orientación. Al final dice “Puede proponerse otro tema, debiendo justificar su pertinencia”. Es muy triste lo que está pasando, será posible hacer algo?

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