Unas pocas universidades desarrollan la mayoría de la ciencia y tecnología en Chile

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Estudio realizado por Cinda y Universia. Pese a que los recursos monetarios y humanos para innovación se han duplicado en la última década, son muy pocos los planteles estatales dedicados a la investigación.

Por Pamela Carrasco T.

Hemos avanzado, pero estamos lejos de ser los jaguares latinos. Por lo menos en lo que se refiera a ciencia y tecnología e investigación universitaria. Así lo evidencia el libro “El rol de las universidades en el desarrollo científico y tecnológico“, presentado por el Centro Interuniversitario de Desarrollo (Cinda) y Universia, como parte de su serie de publicaciones sobre educación superior en Iberoamérica.

Investigadores de 20 países de Latinoamérica, además de España y Portugal, analizaron la realidad de la ciencia y la tecnología de sus naciones entre 1998 y 2007.

En el caso de Chile, los resultados locales no son muy alentadores. En los últimos cinco años se duplicó la inversión en ciencia y tecnología. Sin embargo, la actividad científica -mayoritariamente proveniente de unas 6 o 7 universidades de las 25 que pertenecen al Consejo de Rectores (Cruch), dedicadas fuertemente a la investigación- no tiene un gran impacto en el sistema productivo nacional.

Concentración

Las cifras de las universidades pertenecientes al Cruch muestran que entre 1995 y 2007 se registraron 291 patentes, y el 57,5% de esa producción la concentró la U. de Concepción (26,5% del total), seguida por la Universidad Santa María y la U. de Chile.

“El problema es que para hacer investigación aplicada se requiere una demanda del sistema productivo, que en estos momentos es muy limitada”, dice Bernabé Santelices, doctor en biología, académico de la PUC y coordinador de la investigación.

Para él, lo que se necesita es impulsar la demanda de conocimientos a través de incentivos a la industria.

“Por ejemplo, en Chile podríamos preguntarnos si la harina de pescado que producen las empresas es la mejor forma de explotar nuestros peces o se pueden elaborar procesos más complejos, que requieran tecnólogos que aporten con conocimientos. El punto es que esos cambios no serán espontáneos desde el sector productivo, hay que promoverlos”, agrega.

En términos de publicaciones, la producción también se concentra en unas pocas instituciones. Si bien se aumentó de 2.015 publicaciones ISI en el año 2000 a 4.374 en 2008, el 80% de todo el contenido fue producido por las universidades de Chile, Católica, Concepción, de Santiago, Austral y Federico Santa María.

“La discusión pública sobre educación superior debería centrarse en cuántas universidades hacen investigación en Chile, porque eso es algo directamente ligado con el desarrollo del país. Si queremos apostar decididamente por la innovación deberían fundarse unas cinco universidades de investigación en los próximos diez años o transformar algunas ya existentes en universidades dedicadas a generar conocimiento, además de apoyar en mayor medida a las que ya existen”, añade Santelices.

Carrera de titanes

En este sentido, una de las apuestas planteadas en la investigación es potenciar las llamadas “islas de excelencia” que hay en cada universidad.

“Es verdad que en Chile hay pocos planteles dedicados a investigar, pero para eso se necesitan recursos. Este libro abre la discusión para que el Estado apoye a más instituciones para que se dediquen a investigar en áreas o espacios disciplinarios muy puntuales, donde puedan tener ventajas comparativas que nos permitan marcar la diferencia como país”, dice María José Lemaitre, directora ejecutiva de Cinda.

Es que pese al aumento en inversiones y capital humano, la brecha con economías más desarrolladas en términos de investigación es abismante. “Si bien la mayoría de los países de Iberoamérica duplicó la cantidad de recursos en los últimos años, la dimensión de la brecha con Estados Unidos y Europa es enorme, por lo que las apuestas de nuestros países por acelerar la investigación y la innovación debe ser mucho más decidida”, sostiene Bernabé Santelices.

15 de las 25 universidades del Cruch están acreditadas en investigación.

Un investigador por cada mil habitantes
existen en Chile. En los países de la OCDE el promedio es tres por cada mil.

0,7% del PIB de Chile se invierte en ciencia y tecnología. En Europa el porcentaje es de 1,8% y en los países de la OCDE es 2,2%.

16 incubadoras
pertenecientes a universidades están distribuidas en diversas regiones del país.

Las privadas

El estudio se centra fundamentalmente en la actividad de las universidades pertenecientes al Consejo de Rectores, ya que es donde se concentran la investigación y la formación de doctorado. Sin embargo, el libro destaca que entre las universidades privadas hay algunas que “en forma creciente participan en investigación y formación de posgrado en áreas específicas. Un buen ejemplo son las universidades Andrés Bello, Diego Portales y Adolfo Ibáñez”, dice.

Qué pasa afuera

Todos los países de Iberoamérica han aumentado sus inversiones en ciencia y tecnología en el último tiempo, pero algunos han sido más decididos. España, Portugal, Brasil, Venezuela y Argentina lideran la inversión en esta materia como porcentaje del PIB. Los principales sectores de financiamiento para investigación en la región son el Estado (51%) y las empresas (40,9%), una situación diferente a la de Europa, donde el 55% del financiamiento viene de las empresas y el 37% del gobierno. Esta situación se repite en el capital humano. Mientras en Europa el 53% de los investigadores se concentran en el sector privado y sólo el 30% está en las universidades, en Iberoamérica la cifra se invierte: el 35% está en el mundo privado y el 48% se concentra en universidades.

Fuente: El Mercurio – 18 Julio 2010

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