Viaje hacia el interior y exterior del corazón de la civilización humana

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Viajar a África generalmente se asocia con la idea de vida salvaje, culturas únicas y curiosas, colores y música. Cuando arribé, era claro para mí que lo que estaba buscando eran entretenidas historias que contar.

Con el paso del tiempo me di cuenta de que yo sentía una fuerte atracción de interactuar con la gente local. Había un contraste difícil de acceder, de entender… el punto clave para desentrañar ese misterio se encontraba en algún lugar de esos ojos oscuros. Por lo menos en Sudáfrica esa dualidad se encontraba en todas partes, en los colores, lenguaje, en la forma en que viven. Se volvió una obsesión tratar de descubrir lo que ellos sentían a respecto de su realidad, sobre la sociedad en la que ellos están sumergidos.

El último día llegó, y no tenía ninguna respuesta en absoluto. Quizás no había tenido tiempo de recluirme, de estar solo con mis sentimientos. Pero la oportunidad surgió, de forma inesperada, pero en el momento preciso. Así como cuando era un niño, no me podía quedar dormido la noche antes de partir de viaje a casa. Una sensación de ansiedad y de cosas por hacer presionaban mi pecho. Yo necesitaba encontrar una respuesta.

Había venido a un congreso en el que el tema principal eran las frutas, en otras palabras, acerca de cómo mejorar su calidad y capacidad de almacenamiento. Sin embargo, me di cuenta de que en ningún momento escuche que estábamos tratando de alcanzar esos objetivos para ayudar a la gente pobre de este u otros continentes. La ciencia puede, en algunas ocasiones, reducir el mundo a números, hechos e hipótesis para alcanzar el desarrollo, el progreso. No obstante, esos objetivos son probablemente los correctos para algunos de nosotros. Algunas veces las razones están justo ahí, tan fáciles de discernir, tan sencillas de explicar. Fue necesario cruzar océanos para limpiar mis ojos, para dejar esas sonrisas iluminar mi visión. Lo que ellos desean yo no lo sé, es demasiado ambicioso para una única persona tratar de contestar esa pregunta. De lo que estoy seguro es que la esperanza se encuentra allá, está en todos aquellos que saben del valor de la ciencia, que se dan cuenta de todo lo que se puede hacer.

Finalmente, encontré lo que estaba buscando, un viaje hacia el interior y exterior de mi corazón.

Trip in and out the heart of human civilization

Trip in and out the heart of human civilization Traveling to Africa is usually related with the idea of wild life, curious and unique cultures, colors and music. When I arrived, it was clear to me that what I was looking for were beautiful stories to tell.

With time I realized that I felt a strong attraction towards interacting with local people. There was a contrast difficult to approach, to understand… the key point to unravel this mystery was somewhere in those dark eyes. At least in South Africa this duality was everywhere, in the colors, language, in the way they live. It became an obsession to uncover what they felt about their reality, about the society where they lived in.

The last day came, and I had no answers at all. Maybe I didn’t have time to think by myself, to be alone with my feelings. But the opportunity came unexpectedly at the precise moment. Just like when I was a young child, I couldn’t fall asleep the night before the trip home. A feeling of anxiety and things to do weighed heavily on my shoulders. I needed to find an answer.

I went to a conference that was about fruit, in short, about how to improve its quality and storability; however I realized that I never heard that we were trying to achieve these goals to help the poor people from this and other continents. Science can sometimes reduce the world to numbers, facts and hypotheses to achieve development, progress. Nonetheless, these objectives are probably the correct for some of us. Yet, sometimes the reasons are just there, so easy to notice, so simple to explain. It was necessary to cross oceans to clear my eyes, to let these smiles enlighten my vision. What they want I do not know, it is too ambitious to try to answer that question alone… what I am sure is that the hope is there, it is in everyone who knows the value of science, that realizes how much can be done.

Finally, I found what I was looking for, a trip in and out to my heart.

Autor:

Ricardo Nilo Poyanco
Ingeniero en Biotecnología Molecular, Universidad de Chile.
Doctor en Biotecnología, UNAB

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